Del Pobreza Cero al Déficit Cero



Salustriano-. El macrismo está como el hombre común: empobrecido. Claro que el macrismo se ha enriquecido, en dólares y con sus fortunas en el exterior, su empobrecimiento es de vocabulario, de imaginación y voluntad de buscar futuro.

Hace un par de años, el debate intelectual era sobre la naturaleza de qué tipo de centroderecha o derecha representaba el PRO y sus eventuales satélites, desde la patética Carrió y su monopartido hasta los vetustos radicales, que hoy la miran desde afuera (y tienen suerte).
Esos debates fueron quedando caducos. Porque el PRO terminó mostrando su verdadera naturaleza de rapiñeros financieros, de ricos insensibles a los que solo les importa su propio bienestar, jugar con el pueblo como si fuéramos ratas de laboratorio.
Las miradas más contemplativas hacia el PRO han quedado caducas. Como los productos lácteos, consumirlos después de su fecha de vencimiento, puede generar dolores estomacales. O males aún más graves.
Muchos se dejaron seducir por lo que el PRO decía de sí mismo. No es que se volvieron partidarios del PRO pero adoptaban sus categorías de la sociedad líquida, de que vivimos en el posmodernismo y que las viejas fórmulas de la política habían quedado atrás. Esos análisis fueron siendo contradecidos por la propia realidad y por el devenir del propio macrismo, que pasó de la Pobreza Cero al Déficit Cero, de "bajar la inflación es fácil" al récord de inflación, incluso superior que durante la crisis del 2002.
Del discurso de "unir a los argentinos" a este discurso de odio contra todo aquel que no quiera enamorarse del FMI ni ser su novia o aceptar al fascista Trump como su padre. Todo opositor que no sea funcional es objeto de calumnias, carpetazos, persecusión, mientras que la represión a las movilizaciones va in crescendo.



Hoy el macrismo le habla solo a los mercados, que a la vez son ellos mismos. Las segundas líneas de los ministerios y las cabezas de los organismos de control antes no aparecían en la palestra. Todos provenientes de los fondos de inversión, think tank de la derecha extranjera, universidades extremistas para la élite y bancos internacionales. Hoy dirigen el gobierno, sin tapujos. Su discurso ya no viene envuelto con marketing. Chau a los chamuyos de autoayuda. Ahora es la derecha pura y dura, a la que solo le desvela el mercado financiero.

Los recambios al interior del propio régimen que se elucubran en las mesas de arena, ya no están disponibles. Se los devoró la propia dinámica de la crisis creada por Macri, quizás también su voluntad implícita de arrastrar al fango en el que él está cayendo, a dos figuras que tenían ambición y futuro, como María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, que lo que se les destaca no es casualmente los puntos donde actúan diferente de Macri. El crecimiento de la imagen negativa del jefe de gobierno porteño y de la gobernadora bonaerense es justamente porque se los asocia a Macri y se los ve cada vez menos diferenciados. Lo mismo les pasa a figuras del opoficialismo como Sergio Massa y Juan Urtubey, que ahora están dando vuelta en la calesita y con quienes sería necesario conversar para lograr una gran interna no del peronismo, sino de todo el arco opositor al macrismo, dándole un lugar destacado al progresismo que se comió el amague de Cambiemos y a los radicales desencantados.



De la Pobreza Cero como eslógan a la nueva realidad, de la meta de Cavallo cuando asumió como Ministro de Economía de De La Rúa, "Déficit Cero". Hoy las cosas están más claras.
Sin embargo, desde el campo opositor, algunos siguen sin entenderlo así. Buscan impedir una gran interna de toda la oposición para desalojar por la vía democrática a una derecha impopular, que ya no tiene rumbo y cuyo poder de daño es inconmensurable.
Un frente amplio con reglas claras para la interna sería seductor hasta para muchísimos radicales honorables como Ricardo Alfonsín, entre tantos otros. Pero sigue existiendo una mirada sectaria, pequeña, que busca dividir el campo opositor excluyendo a quienes tienen más votos, como el kirchnerismo, para así dividir la oposición y facilitar el triunfo del PRO, bajo la nueva sigla que lleve, seguramente ya sin la UCR.

Los divisionistas tienen un problema ahora. Ven que ni aunque se atomice y recontra atomice la dirigencia política de la diversa oposición, Macri no tiene ninguna chance de ser reelecto. Por lo tanto, lo que puedan negociar, será para este año y comienzos del año que viene, pero tarde o temprano querrán subirse al carro del próximo vencedor, que claramente no saldrá de sus filas.
Entonces empiezan los reacomodos, para aumentar su poder de negociación. haciendo creer que hay tres sectores en la sociedad política, cuando lo que hay son dos claros sectores: los que apoyan la continuidad de este desastre serial del macrismo y los que quieren un cambio. Esa es la verdadera cuestión. Lo demás es para la tribuna.
Por suerte, cada vez más gente se está dando cuenta.