¿Cómo revertir el desempleo?



Osvaldo Quinteros-. En los países más desarrollados ya se habla de un Ingreso Ciudadano para paliar las consecuencias de la robótica, la globalización, el aumento del promedio de vida general y el desempleo crónico que todo esto conlleva.

En Francia, la jornada laboral no es de 8 horas al viejo estilo inglés, impuesto por el laborismo: 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso, 8 horas de esparcimiento. Siguiendo la tradición protestante y anglicana, que derivan del catolicismo medieval, los domingos no se trabaja y el sábado media jornada.
Luchando por esa conquista social fueron asesinados obreros en los Estados Unidos hace más de un siglo. Desde entonces, en su memoria, se celebra el Día Internacional de los Trabajadores y es feriado en casi todo el mundo.
Francia, hace dos décadas, decidió que para bajar el desempleo, afrontar la robótica, la globalización y el aumento de la edad promedio, que hace que muchas personas no quieran jubilarse a la edad estipulada o que se jubilen pero sigan trabajando sin dejar esos puestos de trabajo a los más jóvenes, que la jornada laboral debía comenzar a ser de 6 horas. La medida tuvo éxito. Se aplica también en Suecia.
Por muy poco, un plebiscito rechazó en los cantones suizos la aplicación de un Ingreso Ciudadano.
La discusión recorre el mundo desarrollado, a pesar de que en la mayoría de esos países tienen un fuerte sistema de seguro de desempleo, que otorga un ingreso digno a quienes se encuentran sin trabajo.
Si le parece de ciencia ficción lo que estoy proponiendo, piense que en Entre Ríos, donde existe la Asignación Universal por Hijo que paga el gobierno nacional; el principal empleador provincial, que es el Estado, tiene una jornada de 6 horas para la mayoría de sus trabajadores.
Por supuesto, si el Estado entrerriano hiciera una ley para que su jornada laboral fuera extensiva al resto de la actividad económica de los trabajadores, en los ámbitos privados y en los municipios (donde también hay jornadas de 6 horas en muchas áreas) debería comenzar por bajar el empleo en negro. Dado que la Nación, gobierne quien gobierne, no va a fiscalizar ésto, como ya se sabe.

Tanto el Ingreso Ciudadano como lo que luego fue la Asignación Universal por Hijo, es una discusión que en Argentina comenzó en los años 90 de la mano de economistas radicales vinculados a la línea socialdemócrata y de Franja Morada de la UCR.
Posteriormente, la propuesta la tomó la CTA y llegó a realizar una masiva consulta popular en el año 2000 sobre el tema. La CTA de Víctor De Genaro también reclamó la jornada de 6 horas para Argentina, tras una propuesta de la corriente interna que orienta el Partido Comunista Argentino.
Elisa Carrió, junto a otros legisladores, presentaron varios proyectos de ley en la dirección de un Ingreso Ciudadano y una Asignación Universal por Hijo. En el Consejo Deliberante de Paraná, durante la primer intendencia de Sergio Varisco, se debatió y aprobó la creación de un Ingreso Universal a la Niñez, que no llegó a implementarse porque el peronismo ganó las elecciones y no cumplió con esa ordenanza.
Finalmente, la Dra Cristina Kirchner implementó parte del espíritu de esas discusiones y propuestas, a través de un decreto que instauró la Asignación Universal por Hijo. En menos de un año, ya cubría el 90% de los potenciales beneficiarios, aumentaba la matrícula infantil, la vacunación y erradicaba el hambre en Argentina. No se trata sólo de dinero, también de tener un Estado que pueda llevar adelante esta ampliación de derechos. Aunque el Estado es demonizado por los neoliberales, la experiencia indica que Argentina tiene un Estado capaz de llevar adelante políticas ambiciosas, desde la Asignación Universal por Hijo a los masivos juicios por delitos de Lesa Humanidad, por poner dos ejemplos emblemáticos que marcan tanto la tradición radical como la tradición peronista.

Suena a contramano el planteo de un Ingreso Ciudadano que ampliaría la ciudadanía, terminaría con la pobreza crónica y el desempleo y afrontaría los desafíos del mundo actual tal como es, no como querríamos que sea. Suena a contramano porque tenemos un gobierno nacional de derecha que ha instalado como único discurso válido que hay que hacer lo que piden los mercados.
Por eso era necesario ese pequeño recuento histórico del debate en Argentina: comenzó en la noche oscura del menemismo, se profundizó e hizo masivo el debate en tiempos de la Alianza conservadora de De La Rúa, se implementó a los ponchazos un prototipo de esta propuesta con Duhalde en 2002 -el programa Jefes y Jefas de Hogar- en el momento de mayor crisis económica de la historia, con el peronismo en el poder, que era refractario a esta discusión porque siempre creyó, aún en épocas de Néstor Kirchner que era el mas progresista del PJ, que era posible regresar al pleno empleo que creó Perón. Se demostró que no era posible. Que si la economía crecía, aumentaban las changas, los trabajos precarios, que bajaba el desempleo pero que la desigualdad al interior de la clase trabajadora crecía.
La Asignación Universal por Hijo se implementó en el momento de mayor debilidad política y económica del gobierno K, durante el 2009, cuando aún se sentía el eco de la derrota electoral, el alzamiento de la Sociedad Rural, la crisis mundial.

Es necesario comenzar a discutir un Ingreso Ciudadano. Elaborar propuestas, ir afinándolas junto a los sindicatos, movimientos sociales e iglesias.
Hoy puede parecer imposible. Como hasta hace un año parecía imposible que Argentina estuviera a punto de legalizar el aborto. Sin embargo, tuvo media sanción y se definió por muy poco en el Senado sin que se apague el debate ni cese el reclamo.


Sacco e Vanzetti (1971) (Subtitulada en español) from Punto Crítico on Vimeo.