Clubes y sindicatos del mal



Daniela Sánchez-. En las películas estadounidenses, la palabra “Sindicato” se utiliza como sinónimo de mafias: “Sindicato del Crimen”, sin vueltas. En Argentina, cundió la moda de hablar peyorativamente de los clubes, también como sinónimo de ilegalidad: “Club de la Obra Pública”, “Club del helicóptero”, si siguen así, el kirchnerismo va a parecer una asociación deportiva sin fines de lucro. Y los fieros mafiosos de Hollywood van a parecer una mezcla entre Lula y Hugo Moyano.


Las palabras no son inocentes. Menos las palabras del título: Club y Sindicato.
Demonizar los sindicatos o utilizar esa palabra de manera peyorativa, habla de la cultura del país (poco favorable a los derechos de los trabajadores, como en el caso de los Estados Unidos, donde en todas sus películas, incluso en el reality show del actual presidente, el horrible Donald Trump, se caracterizaba por sentenciar a los perdedores con esta típica frase: “estás despedido”) y del sesgo ideológico que se le imprime en la cultura popular.



Tampoco hay que exagerar. En Argentina, hay sectores que consideran a los sindicatos como una mafia, pero nadie cuestiona -como sí sucede en Estados Unidos- la legitimidad de su existencia y mejor aún, al margen de la mala imagen de algunos sindicalistas, en Argentina nadie cuestiona los derechos laborales.
Desde la derecha hay una frase que cuestiona los derechos laborales pero de manera tangente. Incluso la ha usado nuestro Trump argentino, Mauricio Macri: “la Industria del juicio laboral”. No es un dato menor el sesgo negativo hacia la industria que conlleva la frase.  Aunque puede tomarse como una yanquileada, como hace la farándula local cuando habla de “la industria” refiriéndose a la producción audiovisual, que es lo más lejano a la industria, a no ser que los actores K se proletaricen y empiecen a trabajar en fábricas de cámaras, luces y micrófonos. Igual, son casi todos importados.
Hoy parece que la tengo contra los K. Yo voy a votar a Cristina, aclaro por si a alguien le interesa.



Es raro que se hable mal de los clubes en los medios afines a Macri, que viene de ser exitoso en el club mas popular del país, el Club de la Obra Pública. Y también en Boca Junior. Además, lo del “Club del helicóptero” suena siniestro. No solo porque cuando De La Rúa se fue en helicóptero dejó un tendal de muertos y heridos por los que nadie nunca pagó. Sino porque al anterior presidente democrático de derecha, Carlos Menem, se le murió un hijo en un accidente de helicóptero.
Pero lo importante es cómo se usa la palabra club de manera peyorativa, en un país con una larga tradición de clubes en su sentido original: clubes públicos, pensados sin fines de lucro, con el ánimo de integrar al barrio y difundir el deporte.
Una de las grandes películas argentinas, dirigida por un macrista como Juan José Campanella, habla de un club de barrio: Luna de Avellaneda. Encima, es un club del conurbano bonaerense. Y la lógica del guión es la contraria a la que preconiza su ídolo Mauricio Macri: los clubes como empresas, bajo una lógica estrictamente comercial, en el marco de la opacidad de los negocios que rodean al fútbol. En síntesis, hacer de los clubes una especie de Club de la Obra Pública, bajo la batuta del guionista de moda, el chofer Oscar Centeno. Podría actuar Bonadío.