All inclusive, menos el lenguaje


 
Osidrio Sibilante -. “La verdad es que pienso, repienso y lo reviso y todavía no se si va o si viene” decía el viejo mirando una hamaca en la plaza. Más allá de que el viejo estaba al pedo, y no le había quedado cosa interesante con la cual entretenerse que el vaivén de la hamaca, sin querer se había metido en un embrollo.  O más bien me metió a mí en un embrollo.


¿Va o viene? Esa era la pregunta que se hacían en el barrio sobre aquel que demostraba ciertos modos que no cuadraban con lo que se esperaba, no sin antes señalar ¡aquel es!, ¡allá va! ¡ese es! Como si los modos y las formas que aparentaba fueran las pruebas de que aquel fuera un asesino serial. Y que en realidad lo era. Pare, momento, no se escandalice que no terminé la idea, lo que estaba asesinando aquel muchacho era la linealidad del deber ser de una sociedad anclada en tiempos donde las cosas no eran como ahora.
La libertad de seguir su sentir que practicaba aquella persona, resquebrajaba la idea de que las cosas son así y para siempre, acuérdese lector que las cosas antes eran para siempre. Si te casabas, ¡de acá! (con la expresión olmediana) te ibas a separar, era para siempre la cosa, lo que te quedaba era dormir en camas separadas, tratarse con desprecio a tal punto de que esa lucha discursiva entre el vieja loca y el viejo choto, bailaba entre la violencia y el chiste. Así que una si una cosa de pronto cambiaba de rumbo en el camino de lo esperado era todo un suceso.  

Antes de seguir, algunas consideraciones. La verdad es que me encerré un tiempo en el closet para salir luego y darme cuenta de que seguía siendo el mismo. Nadie sale del closet siendo alguien que no era antes de meterse. Sigo siendo el mismo. 
Se preguntaran Uds. entonces si este escrito es una declaración pública de la sexualidad, o una afirmación del género de los tantos que existen (112 según un texto previsional presentado a la ONU). No lo es.
 Lo que sucede es que luego de meses de no escribir nada, aquel viejo de la plaza me hizo salir del encierro en el que estaba y luego de repasar lo que concierne al prólogo de este mismo escrito, también me hizo ver que yo tampoco sabía si la cosa iba a o venía.
“No existe otra cosa, nene”, me decía, “o va o viene. No va vertical para arriba, tampoco hacia abajo. No existe otra dirección”, afirmó, “no existe” y continuó leyendo un diario viejo.

Acepté mi lección y antes de despedirme, le di un beso como agradeciéndole. Pero me bastaron un par de pasos para darme cuenta de que había una fisura en su argumento. Caminé tres. cinco pasos. Me costó solamente unos segundos, unos metros darme cuenta de que la teoría del viejo tenía otra, que de darle yo la misma importancia, resquebrajaba lo tajante e inmutable de su presentación. 
Miraba yo de costado el juego y la hamaca en vez de alejarse y acercarse… la vi yendo de izquierda a derecha…di unos pasos a la izquierda y la vi trazando un trayecto en diagonal hacia mí, un par de pasos más, siempre con el artilugio en el centro de mi mirada, y esta vez cruzaba en diagonal pero en sentido contrario.
 Y ahí mi problema, pues a la teoría del viejo le sume tres más. Embalado  con mi argumentos comencé a agregarle la variable de que si la persona elegía sentarse mirando hacia un lado o el otro, y ahí una teoría más, si lo hacía de parado, tres, si elegía hamacarse de panza mirando hacia abajo o hacia arriba, 5, y así le fui agregando cada vez mas variables, si lo hacía de cabeza, acompañado de un amigo o de un amiga, si era impulsado por un extremo, por el otro, por ambos, si era auto impulsado con el balanceo propio, si la hamaca era de cadena, cuerda, o fierro, si el asiento de madera, fierro o chapa -terminé con más de 30 teorías- ¡sin contar las que podría llegar a conseguir combinándolas a todas! Contento, me dispuse volver y contarle al viejo mi hallazgo, mostrarle que había un mundo de posibilidades que me parecía fascinante y que quería que él conociera y justo en ese instante me surgió un problema. ¿Cómo se lo comunico? Que al caso viene siendo lo menos; lo interesante a resolver sería. ¿Cómo se lo explico?

Pues el hamacarse para él, y demás gente de su generación, es considerar dos posibilidades: va y viene, ahí terminó la cosa. Y yo ahora le vengo con un mundo de posibilidades para los cuales no tengo palabras para identificarlas. Porque hamacarse para él es actuar de una manera, en un contexto determinado, accionando un mecanismo de repetición donde lo que no está previsto no ES. Ese es su uni-verso.
Mi problema es que tampoco tengo mucha gente que se ha detenido a ver el juego de la manera que yo lo he hecho y mucho menos pensarlo de la manera en que lo hago. y yo sé que cuando le cuente esto al viejo... Lo primero que me dirá es que no es así. Y ahí chocaremos. Entonces para no chocar con él, tendría que hacer primero una concientización, en una convención de hamacas, para primero saber a ciencia cierta si hay otros que piensan y sienten como yo, eso me daría consenso. Y si somos mayoría, aceptación automática. Ahora, si somos minorías, los otros como yo me darían resistencia para lograr hacer de su uni-verso- algo di-verso. 

Como verán, de pronto mi lucha se dirimía en el verso, en la palabra.
Mi desafío entonces es que aquellos no se subdividan y separen en otros grupos tales como los que se hamacan parados, los que lo hacen en conjunto, de panza, y cada uno quiera un concepto propio que identifique su singularidad porque estaríamos en un embrollo mayor pues, si tan solo con otra perspectiva de la hamaca me pregunto si eso es hamacarse, imagínense con 100 visiones diferentes reclamando el concepto.

Habría que crear un concepto nuevo que abarque a todas las di-versiones como por ejemplo no sé… estem  famacarse. Famacarse me gusta porque sería reivindicar la F nuevamente por sobre la h. Famaca. Famaqueo. Famacar, o directamente sin h porque es muda y no dice mucho. Amaca. Y quedaría bien porque amacarse es divertirse, divertirse es amarse, en el aquí y ahora. Acá. Quedaría bien. Entonces ama-acá. Englobaría el sentido de lo que sentimos y nos empoderaría para afrontar la negativa del viejo, que ahora que lo pienso... su universo violenta el mio, porque no me admite ni reconoce, es más ni si quiera me nombra..  MOMENTO. Pare la moto amigo, me dije..y pienso ¿Cómo va a nombrar algo que es relativamente nuevo? Y digo nuevo porque en la tensión es la primera vez que se democratiza la hamaca.. y por otro lado ¿Qué sentido tiene entonces que yo me adjudique un concepto viejo que no me admite? Cuánto más fácil llenar de significados una nueva palabra que reciclar una vieja. Ahora, ¿Por qué anclar una palabra en un concepto de plena aceptación si el viejo lo pone en jaque no aceptando? Allí tendré que violentar su sentido e imponer una nueva significancia.. ama-acá  amor-ahora que es lo que le falta al viejo.

Y con todo aquello en mi cabeza me dispuse a enfrentar al viejo que todavía estaba sentado leyendo el diario, me acerqué y muy enojado comencé a gritarle:
- “Mire viejo, ud me va escuchar porque si yo quiero famacarme de cabeza. O jamacarme de panza ud lo va tener que respetar, quiera o no quiera ¿me entiende?
- Mientras seas feliz- me dijo y me besó la frente.