1989 y 2001



Pablo Mori-. Se suele comparar la actual crisis con las de 1989 y 2001, pero olvidando aspectos de aquellos años. Una mirada desde el otro lado.
Tanto luego de la hiperinflación que se llevó puesto el gobierno de Alfonsín, que tuvo que irse siete meses antes, como en el 2001, los respectivos oficialismos eran relativamente fuertes, aunque no tanto como la oposición.
Hoy, el dato de una oposición fragmentada, es inevitable a la hora de abordar aquellas crisis, cuando se las quiere comparar con lo que pasa hoy. Aún en el caso extremo de que lo que ocurre hoy se pareciera a aquellas crisis famosas, hay que recordar que quienes la padecieron no quedaron aniquilados por el adversario.



Carlos Menem (apoyado además de su partido peronista, por los partidos de izquierda: Comunista Revolucionario, Intransigente, de centroizquierda: Demócrata Cristiano y de derecha: Movimiento Línea Popular y de ultraderecha Movimiento Nacionalista Constitucional) fue el candidato vencedor, como todo el mundo sabe. Triunfó con el 52% de los votos.
En tanto que, Eduardo Angeloz, el candidato a presidente de la Unión Cívica Radical en el gobierno, sacó el 39% de los votos.
Entonces regía la vieja Constitución, aunque de cualquier manera no hubiera habido balotage. El dato importante es que el Congreso iba a quedar bastante equilibrado porque la UCR sacó casi 40 puntos, en el medio de una terrible hiperinflación (la peor de la historia) y la licuación del poder.

En el año 2001, en octubre, dos meses antes de la caída de la Alianza, el peronismo alcanzaba en las legislativas el 35 por ciento, seguido de la UCR -la Alianza con el Frepaso estaba extinguida- que alcanzaba el 25%. Fue una elección marcada por la profunda recesión, el peso de la deuda externa y el "que se vayan todos" que llevó a que el 25% del padrón votara en blanco, sobre un ausentismo de 25% también.
La UCR ganó la emblemática Ciudad de Buenos Aires contra una fracción disidente de la Alianza que encabezaba Elisa Carrió.
Tras la asunción de Eduardo duhalde, quien también se fue del gobierno siete meses antes, los radicales votaron candidatos extrapartidarios: entre Carrió y López Murphi, sacaron casi un 30% de los votos.
El candidato duhaldista, Néstor Kirchner, logró pasar a segunda vuelta gracias al aparato de provincia de Buenos Aires y a pedir que lo voten a él para que el balotage no sea entre el seguro vencedor, Carlos Menem y otro candidato de derecha, López Murphi, que había sido ministro emblemático de De La Rúa.
En cierto modo, los protagonistas de la efímera presidencia de De La Rúa y Duhalde se disputaban el segundo lugar, conscientes de que Menem ganaría la primera vuelta pero jamás un balotage.

Esta parábola sobre lo acontecido nos revela "el otro lado" de esas crisis que fulminaron presidentes y amagaron con arrasar partidos políticos (el PJ en 2003, no se presentó a las elecciones y la UCR con Leopoldo Moreau sacó el 1%) e incluso líderes opositores que antes ejercieron la presidencia como Alfonsín y Duhalde.
Las crisis, aún las más profundas, tienen relatos "diversos" para explicarlas.
El relato hegemónico que a posteriori se forma sobre cómo fue esa crisis suele olvidar el rol aún competitivo de los partidos políticos, líderes y corrientes de opinión que perdieron en el medio de esa crisis profunda.

En mi opinión hoy no vivimos una crisis de la misma magnitud que las dos anteriores reseñadas. Aunque es comprensible el temor de cierto sector de la sociedad a dirigirnos hacia esos abismos.
Sin embargo, para el análisis político, también es importante recordar la relativa paridad de fuerzas durante el desarrollo de aquellas crisis y su posterior recuperación en el escenario político. Así que dar por muerto a Cambiemos es prematuro y posiblemente, un error.