Tenés que parar la mano, Bordet



Osvaldo Quinteros-. Los asesinatos en las cárceles, la masiva detención de menores que roban comida y el manodurismo trucho escalaron a un punto de no retorno: o interviene el gobernador, o la sangre manchará sus manos.
El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, no puede seguir mirando al costado y echándole la culpa a la familia Halle que él designó peligrosamente para comandar la Justicia y la Policía.
La ola de asesinatos en las cárceles, las supuestas fugas, la masiva detención de menores que roban comida y son alojados en unidades penitenciarias para que cursen sus estudios superiores en el crimen, están moldeando un perfil de provincia reaccionario, ultramontano y sobre todo, fracasado. Desde que esta política se implementó, no hay un solo éxito real en la lucha contra el crimen. Al contrario, la colección de fracasos ha escalado el crimen y la violencia en la sociedad.
Como pasó cuando a la policía se le dio el negocio de las motos, los accidentes viales aumentaron, escalando a ser la principal causa de muerte de los jóvenes en Entre Ríos. A partir del fomento al narcotráfico, al entregarle a la policía y los fiscales del Ministerio de Gobierno, la regulación del negocio, no solo hay mas droga, sino que el hacinamiento carcelario es un atentado a los derechos humanos fundamentales.
Si el gobernador continúa con la demagogia punitivista de su gobierno y no toma cartas en el asunto, las consecuencias las pagarán los ciudadanos comunes, que escuchan los cantos de sirena del oportunismo y confían en que las autoridades saben lo que hacen. Y lo saben, solo que son cínicos: saben que lo que están haciendo es convertir Entre Ríos en un futuro inmediato en un paraíso de violencia social y narcotráfico a escalas que los entrerrianos aún no han conocido. Saben que favorecen el crimen organizado. Saben perfectamente que es inconstitucional el Código de Contravenciones, que la Ley de Narcomenudeo fomenta la corrupción policial y el narcotráfico, que meter presos a menores por robar comida y difundirlo alegremente, premiando a quienes hacen estos actos miserables, es potenciar la violencia social a futuro y hacer de un desesperado, un futuro delincuente mas violento y mas criminal.
Saben perfectamente que el Copnaf es una institución putrefacta, que las cárceles se asemejan a campos de concentración y que la regulación del narcotráfico, a mediano plazo, es perjudicial para la sociedad.
Lo saben.
Pero confían en que los efectos de sus políticas perversas no estallen en su cara mientras sean gobierno y tengan poder. Juegan con cosas que no tienen repuesto.
Después visitan compungidos la ESMA, alquilan ex dirigentes de derechos humanos para que no los cuestionen, se arrodillan ante los curas y fingen estar conmovidos por la situación social que crearon, arman seminarios con académicos prestigiosos y se disfrazan de progresistas. Saben perfectamente lo que están haciendo.
Es hora de que la comunidad discuta en serio. Que se destapen las cloacas del Estado. Que se deje de jugar al sheriff con la vida de los jóvenes pobres y que se deje de creer que mediante la policía se podrán contener los efectos del neoliberalismo.
Es hora de decirlo con todas las letras: el gobernador Gustavo Bordet tiene que tomar cartas en el asunto, respetar la Constitución, los Pactos Internacionales con rango Constitucional y cesar en la demagogia punitiva. Los demagogos tarde o temprano terminan al desnudo y solos. Lo que hoy les parece una jugada genial y con buen rating, mañana se les puede venir en contra.
Y la historia los va a juzgar no por si salieron lindos en los canales de TV que compraron, no en si los reeligieron o si hicieron una pileta, sino en si hicieron algo trascendente. Bordet tiene en sus manos la posibilidad de hacerlo, atacando en serio al narcotráfico, sacando políticas sociales no carcelarias para los jóvenes que empobreció, derogando las normas heredadas de la dictadura que su gobierno utiliza para el disciplinamiento social contrariando la Constitución. Tiene en sus manos la posibilidad de salir de la mediocridad punitivista en la que está inserto, haciendo un seguidismo del PRO y la impresentable Patricia Bullrrich, que da verguenza ajena. Tiene la posibilidad de pasar a la historia. No quedar como otro rehén más de su ego que por poder vendió hasta la última de sus convicciones