Suicidarse no es delito



Joakito-. Un hombre de muy avanzada edad, por tristeza ya que hacía dos semanas se había muerto su esposa, intentó matarse en su casa del centro de Paraná. No pudo suicidarse, porque un gran despliegue policial a partir de una llamada policial se lo impidió. ¿Puede prevenirse el suicidio? ¿Debe el estado entrometerse para resguardar la vida cuando uno quiere morir? ¿Por qué temerle al suicidio, si la muerte es algo natural, como el nacimiento, o quizá muchas veces pueda ser la respuesta sensata a una vida de mierda?

Emilie Durkheim, quizás uno de los padres de la sociología moderna, en 1897 tomó al suicidio como material de investigación para establecer las relaciones existentes entre el individuo y la sociedad. Para Durkheim, un acto tan personal como el suicidio se ve influido por el mundo social, ya que el suicidio como hecho social solo puede explicarse mediante otros hechos sociales. Por una cuestión de espacio no nos explayaremos sobre los tipos de suicidio que describe el sociólogo, sino limitarnos a señalar que según los índices de suicidio de la Francia de su época, Durkheim descubre que los suicidios solían ser menores en tiempos de guerra y mayores en las épocas de cambio económico y de inestabilidad. Es decir, que hay fuerzas sociales fuera del individuo que influyen en el número de suicidios, y relaciona su explicación con la idea de solidaridad social y con dos tipos de vínculos sociales: la integración social y la regulación social. Es decir que existe menos riesgos que se maten las personas que viven integradas a cualquier tipo de grupo social y que a su vez, sus deseos, sus esperanzas de vida y sus motivaciones tienen que ver con reglas establecidas socialmente.

Si bien el suicidio ya había sido estudiado anteriormente, es Durkheim quien lo conceptualiza sosteniendo que:“se llama suicidio a todo caso de muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo o negativo, ejecutado por la propia víctima, a sabiendas de que habría de producir este resultado”
Muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que reducen nuestra capacidad para afrontar distintos problemas de la vida,como por ejemplo, los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos, o la pérdida de un ser querido.
Hasta el día de hoy el suicidio sigue siendo entendido de acuerdo a los términos que ya expuso Durkheim unos siglos atrás, como un hecho con un alto componente social, en líneas generales. Tratar de comprenderlo desde lo social lleva a entender el suicidio en el contexto, y no como un acto individual. Muchos de los problemas que llevan a un suicido vienen marcados por lo social, este es el caso de la depresión mayor, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el alcoholismo, el abuso de sustancias, o la ansiedad.
Retomando a Durkheim y el caso del centro de la ciudad de Paraná que tomó trascendencia (no es noticiable y se deben respetar la vida privada de los implicados directos y sus familiares, por lo tanto no ponemos fotos ni hacemos referencia a la persona en cuestión: no es asunto nuestro, es una cuestión de la vida privada de esa persona), habría que señalar que un suicidio -o "intento de", en este caso debe ser abordado de acuerdo al contexto que lo rodea y nunca estableciendo un juicio moral al respecto.
En el caso del hombre que se quiso matar es necesario señalar que existen factores de riesgos para que el hombre vuelva a intentarlo. Estos factores de riesgo además del estado de viudez, tienen que ver con el aislamiento y los sentimientos de soledad en la que se ven atrapados los viejos, viendo como su jubilación muchas veces no le alcanza para poder desarrollar actividades por fuera de los muros de su casa, y cuando lo pueden hacer se sienten rechazados por la competencia de las generaciones más jóvenes. Uno puede llegar a entender que el hijo de este hombre haya llamado al 911 para que lo ayuden, pero también hay que tener en cuenta que el Código Penal no califica al intento de quitarse la vida como delito y que el artículo 19 de la Constitución Argentina establece el principio de autonomía personal, reconociendo el derecho de las personas a decidir libremente
sobre su propia vida y su propio cuerpo, impidiendo al Estado –y a cualquier sujeto- interferir en dichas decisiones adoptadas libremente por la persona. Por lo tanto, no es recomendable denunciar a la policía ni adoptar medidas de encierro por intento de suicidio. Es muy probable -no soy quien para juzgar- que el hijo del viejo que intentó matarse quiera encerrarlo en un geriátrico para que no vuelva a intentar matarse.

¿Es digno observar vivir a una persona de 90 años luego de que su compañera de toda su vida haya muerto y çél no quiera vivir más? En tiempos donde el Congreso Nacional intenta legislar para despenalizar el aborto, bien podríamos discutir científicamente, dejando de lado prejuzgamientos morales para debatir también temas como la eutanasia o el suicidio asistido ¿O acaso no es una enfermedad incurable la depresión de una persona de 90 años cuando queda viuda? ¿O el derecho a decidir sobre su propio cuerpo no incluye también al suicidio?