Sí, se puede

Hugo Presman-. Se puede incumplir todas las promesas electorales, menos las prometidas a los poderosos.





Se puede con proverbial cinismo afirmar luego que “tenemos que terminar con el doble discurso de decir una cosa y hacer otra”
Se puede aceptar todas las imposiciones del Fondo, menos que congele la disminución mensual de las retenciones a la soja, mientras se recorta hasta la leche de los merenderos.
Se puede afirmar cínicamente como el presidente del Banco Central Luis Caputo que “Creo que a mediano y largo plazo no hay mal que por bien no venga. La corrida cambiaria es lo mejor que nos pudo haber pasado. Esto nos obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario Internacional, que nos da mucho mayor certidumbre.”
Se puede levantar como premisa la necesidad de los fondos anticíclicos mientras se desmantela el único existente que es la garantía de sustentabilidad para los jubilados, recibido de la pesada herencia.
Se puede disminuir las asignaciones familiares para el norte y el sur del país, amputar las deducciones de ganancias por hijo fundamentalmente para los trabajadores, reduciéndolo a uno sólo de los cónyuges, mientras se baja el porcentaje del impuesto a las ganancias que pagan las empresas.
Se puede congelar el presupuesto en salud de los hospitales públicos, deteriorar lo asignado a ciencia, a tecnología, a educación, al INTA, al INTI, a las universidades, mientras se disminuyen los ingresos provenientes del impuesto a los bienes personales que de una tasa de 1,25% en el 2015, pasa a 0,25 % en el 2019.



Se puede con proverbial cinismo afirmar que “Queremos una sociedad donde el Estado esté al servicio de los argentinos, especialmente de los más vulnerables”.
Se puede terminar con la provisión de computadoras en los colegios, ahogar el plan fines que permitía a muchos ciudadanos terminar el secundario, ahogar a las universidades hasta poner en cuestionamiento su funcionamiento, racionalizar al INVAP hasta ahogarlo en una doble pinza: se le reduce presupuesto y no se le paga los trabajos que hace encargados por el Estado
Se puede restringir o directamente limitar los remedios para los jubilados, deteriorar sus haberes cambiando la fórmula de actualización mientras se los seduce con la escuálida reparación histórica.
Se puede igualmente usar de señuelo dicha reparación histórica en la ley de blanqueo que fue luego groseramente adulterada por decreto para permitir la legalización de las trapisondas impositivas de los Ceos y familiares del presidente.
Se puede hablar de futuro y proponer dinamitar el astillero Rio Santiago.
Se puede despedir simultáneamente 354 trabajadores de Télam y el responsable afirmar: “Hoy ganó el periodismo y ganaron los ciudadanos. Los ciudadanos porque recibirán de la Agencia Télam información objetiva, veraz e independiente.” 
Se puede conseguir después de 30 meses de gestión, que todo lo que debía subir, baje, y todo lo que debía bajar, suba
Se puede luego decir en una muestra desusada de soberbia que “se gobierna con el mejor equipo de los últimos 50 años”, al mismo tiempo que ante múltiples errores garrafales se diga desaprensivamente “estamos aprendiendo”.

Se puede cerrar escuelas o afirmar aquello de “llenar la provincia de universidades públicas, cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”, y luego afirmar: “Queremos estar cerca, queremos seguir cerca, porque para nosotros gobernar es cuidar.”
Se puede hacer silencio cuando mueren dos docentes por una explosión de una cañería de gas, con ausencia de autoridades responsables y afirmar luego que un préstamo Argenta “puede solucionar un problemita de un escape de gas” o hipócritamente “hay que poner los problemas sobre la mesa y empezar a resolverlos”.
Se puede hablar de transparencia después de trayectorias empresarias oscuras, con patrimonios en guaridas fiscales y que llegados al gobierno son representantes de las empresas a las que han servido.
Se puede hacer pronósticos optimistas, indefectiblemente erróneos con márgenes de por lo menos en un 50%, asegurar los brotes verdes de semestres no identificados, lluvias de inversiones, haber salvado al país de una crisis no percibida y 32 meses después estar en medio de una crisis palpable autogenerada con medidas estrafalarias y demostrando la falsedad de hablar con la verdad al atribuir fundamentalmente los orígenes de la crisis a eufemismos meteorológico como tormenta y epicentro externo.

Se puede pasar de afirmar en el 2016 que el gran éxito fue haber evitado ser Venezuela a sostener Marcos Peña en agosto del 2018 en La Nación: “El objetivo sigue siendo evitar una crisis económica”.
Se puede concretar en el terreno económico el absurdo de exportar ahorros e importar deuda.
Se puede en dos años pagar intereses por 20.000 millones de dólares, perder en una corrida cambiaria 15.000 millones de dólares, endeudarse por 100.000 millones de dólares y seguir endeudándose desesperadamente con el FMI para garantizarles a los especuladores la fuga.

Se puede reemplazar títulos en pesos por otros en dólares, haber perdido en 8 meses del 2018  la superlativa cifra de 28.097 millones de dólares, llevar las tasas de interés a cifras astronómicas, estar en recesión con inflación de 3% mensual, aumentar la desocupación, incrementar la pobreza y que el presidente risueñamente afirme: “Tranquilos, no pasa nada”.
Se puede en materia social considerar que los derechos de los trabajadores y de los más débiles en general son privilegios, y que los privilegios de los poderosos son derechos.

Hay infinidad de otros “se puede”. La lista es interminable. Pero con esta enunciación es suficiente.
Pero al mismo tiempo hay un límite y es cuando los pueblos hacen sonar el escarmiento
O aquella remanida frase atribuida a Abraham Lincoln: “Se puede mentir a pocos, mucho tiempo; se puede mentir a muchos, poco tiempo, pero no se puede mentir a todos, todo el tiempo”