Más allá de los cuadernos y los aportantes truchos



Quinteros-. En el año 2009, con amplia adhesión, el kirchnerismo presentó una reforma política que realmente democratizaba muchas prácticas corruptas en los medios de comunicación porteños, que es adonde va a parar el grueso de la plata de la corrupción política. Ésto es lo que nadie dice.



Que no se lea este artículo como un alegato a favor de la corrupción. No soy juez ni fiscal y deseo que actúen con la mayor imparcialidad posible y lleguen a fondo en todas las investigaciones en curso. Aunque no soy optimista.
Sí sé que hay una enorme hipocresía en los medios de comunicación fundamentalmente porteños, que tratan tanto el caso conocido como "los cuadernos del chofer" como el de "los aportantes truchos de Vidal" con asepsia, como si los propios medios de comunicación no tuvieran nada que ver.
¿Hay políticos chorros? Sí, a montones. Pero también hay políticos honestos, que deben afrontar campañas electorales carísimas, cada vez mas caras. ¿Y qué es lo que encarece tanto la campaña? Comprar espacios publicitarios en los medios, especialmente, la TV porteña, que es vista en todo el país.

La reforma política del 2009, aún vigente en todo el país para cargos nacionales, fue sancionada por el Congreso con amplias mayorías compuestas por los distintos peronismos y por el radicalismo.
Lo partidos minoritarios, como los que hoy componen el Frente de Izquierda (formado a instancias de esa misma ley) denunciaron que la ley era proscriptiva. Ya no lo dicen: esa ley les posibilitó tener por primera vez diputados nacionales de esos partidos que conformaron el frente en cuestión, el cual aún perdura ( y por cierto, entre los jóvenes, pesca en la misma pecera de los votos K).
La reforma en cuestión tampoco fue acompañada por el socialismo, aunque varios de esos puntos se aplicaban ya en Santa Fe a instancias de ese partido, que aún gobierna la provincia.

La reforma política dice básicamente lo siguiente: las internas partidarias son obligatorias, así haya una sola lista; deben ser abiertas, es decir puede votar un simpatizante de otro partido o un independiente; los espacios de difusión en radio y TV serán pagados por el Estado de acuerdo a un reparto equitativo de acuerdo a los votos de cada partido en la última elección, partiendo de un piso mínimo para todos, es decir que aumentó el "costo político" de irse por afuera del partido o inventar un partido para cada elección, pero además prohibió la publicidad pagada por los partidos, con lo cual equilibró la balanza entre los partidos que representan a los ricos (como el PRO) a la clase media (la UCR) o a los trabajadores (el PJ); prohibió el financiamiento privado de las empresas, aunque al parecer, aún hay que probarlo, estos financiamientos seguían pero ahora son un delito. Que una ley establezca determinada práctica existente como un nuevo delito, no significa que ese delito desaparecerá, significa que puede ser investigado y eventualmente, con todas las garantías de la ley, ser penado.

En aquel entonces se debatió, como siempre sucede en nuestro país amante del cortoplacismo, sobre lo que motivaba a Néstor y Cristina Kirchner a sacar esa ley. En cómo afectaría la próxima elección y cuestiones así que iban por la tangente, mirando solo al corto plazo. Sin visualizar las enormes repercusiones que tendría para el sistema político.
En primer lugar, el kirchnerismo nunca usó esa ley y fue víctima de no usarla. Negarle internas a Sergio Massa en el 2013 fue un error catastrófico. Lo mismo a Scioli en 2015, que seguramente hubiera ganado en el país, pero con más votos en esas primarias porque tendría que sumarse los seguros triunfos de Urribarri en Entre Ríos, Urtubey en Salta, Capitanich en Chaco, Aníbal Fernández (que no hubiera sido candidato a gobernador) en Quilmes, Randazzo en Chivilcoy, Agustín Rossi en Rosario. Eso hubiera aumentado el caudal del Frente Para la Victoria en esas primarias. Del mismo modo, si Cristina hubiera aceptado una interna con Randazzo en 2017, quizás hubiera ganado las elecciones para senadores nacionales en la estratégica provincia de Buenos Aires.


Al mismo tiempo se producía el fenómeno de la unidad de la izquierda trotskista, porque la ley establece que quien no llegue al 1,5% de los votos en las primarias no puede participar en las elecciones generales: eso forzó al Partido Obrero y al Partido Socialista de los Trabajadores, junto a otros agrupamientos aún mas pequeños, a unirse. El resultado fue positivo: consiguieron legisladores nacionales, además de cargos en varias provincias y ciudades. Además, consiguieron mayor visualización para sus propuestas y a mediano plazo, algunos debates actuales, como por ejemplo el aborto legal, se fueron instalando entre otras cosas por la constancia de estos partidos minoritarios que son los únicos que ponen en su plataforma electoral el aborto libre, seguro y gratuito.

Pero el fenómeno político más importante surgido de esa ley de reforma política es justamente Cambiemos.
En 2015, se pudo unir Macri con Carrió y luego la UCR, porque estaban garantizadas las condiciones para que los tres partidos compitieran con su candidato presidencial en condiciones relativamente iguales. Se vio también en Entre Ríos en el 2017: el PJ presentó 10 listas (en buena medida, por iniciativa de Bordet para licuar la competencia K de un candidato débil como Jorge Barreto, pero ¿qué hubiera sucedido si competía Urribarri? ¿Quiénes hubieran sido los candidatos "débiles"?); mientras que Cambiemos presentó tres listas, pudiendo así contener la interna incipiente del PRO y la constante interna de la UCR. Esa contención seguramente tuvo algo que ver en el histórico triunfo de Cambiemos en Concordia ciudad, rompiendo el invicto del peronismo en la segunda ciudad de la provincia.

Sin dudas que falta mucho por mejorar en el financiamiento partidario. El justicialismo entrerriano está en deuda con la integración de las minorías -lo cual, a mi juicio, le convendría tanto al actual presidente provincial, el gobernador Bordet, como al vicepresidente, el ex gobernador Urribarri-. Y a nivel nacional, hay que investigar tanto los aportantes truchos de Cambiemos como la causa donde los grandes empresarios, muchos de los cuales son cercanos a Macri, cuentan de una promiscuidad con el kirchnerismo que no se ajusta a su relato de que peleaban contra las corporaciones, a la vez que a Cambiemos le viene como anillo al dedo para no quedar como "el gobierno de los ricos".
Durán Barba es un hombre muy inteligente, no hay que subestimarlo.
Pero a Durán Barba le importa tres pepinos el destino del país. Por eso es que hay que rescatar las avances en la política para profundizar la democracia. Porque no todo es corrupción ni alcahuetería ni negociados: la antipolítica suele avanzar cuando todos están bajo sospecha, incluida la justicia encargada de investigar.