Macri, los K y la continuidad del deterioro universitario


Joakito-. Si bien, durante el kirchnerismo -luego del asesinato del maestro Carlos Fuentealba en la patagonia- se aumentó el presupuesto destinado a educación en general, mediante la ley de financiamiento educativo y el de las universidades públicas en particular, que en el período 2003-2015 pasaron de recibir el  0,5 del PBI a recibir el 1%- la calidad educativa no ha mejorado en nada.
Más allá del crecimiento presupuestario del que gozaron las universidades públicas durante el kirchnerismo, nunca se han modificado los contenidos mínimos.
La creación de nuevas universidades nacionales por el kirchnerismo (casi todas ubicadas en la ciudad de Buenos Aires o en el Conurbano Bonaerense) no estuvo acompañada de la creación de instancias de planificación y de evaluación, lo que llevó a que aún persista la desigualdad social en cuanto a las posibilidades de permanencia y egreso.

Si bien es cierto que existió una voluntad política de apoyo al sector, visible a través del aumento del financiamiento y una ampliación de las oportunidades de acceso de sectores sociales vulnerables durante el kirchnerismo, de todas maneras no se puede establecer claramente una línea de política universitaria que atraviese los 12 años de kirchnerismo.

Es decir, que el problema que atraviesa la universidad pública no tiene que ver solamente con una cuestión de financiamiento, sino básicamente, en que aquello que decían los reformistas de 1918 en el Manifiesto Liminar de que “todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara” aún sigue vigente en la universidad argentina.

El desfinanciamiento de la educación pública es realmente un problema, pero también es cierto que la educación superior no se mejora solamente con más presupuesto o con creación de universidades nuevas en el conurbano. Si las nuevas universidades, repiten -como si fueran satélites- contenidos y hasta equipos enteros de cátedra, no se está mejorando la educación universitaria.
Es cierto también, que sectores imposibilitados antes de acceder a la universidad, ahora pueden hacerlo; sin embargo, esto no se trasluce necesariamente en una mejor calidad universitaria, ya que el mejoramiento de la universidad pasa por fortalecer nuevas líneas de investigación, que estén ligadas a los problemas que las comunidad deseen resolver y no como es actualmente, donde la mayor parte de las investigaciones son endogámicas, centradas en el desarrollo del conocimiento puertas adentro de la universidad, sin tener en cuenta los problemas reales.

La creación de las nuevas universidades por parte de los gobiernos kirchneristas no fueron producto de una planificación nacional que tenga en cuenta la oferta y demanda institucional y de carreras existentes en cada provincia o región, sino que respondió a los reclamos de líderes o caudillos de los partidos mayoritarios o directamente a presiones corporativas.
La creación de estas nuevas universidades significó que accedan a la universidad sectores de bajos recursos que antes no podían estudiar; sin embargo, las estadísticas en términos generales no demuestran una verdadera inclusión: en el año 2014, el 64% de los estudiantes universitarios pertenecía a los sectores medios, el 18% a los estratos de altos ingresos y sólo el 16% a los de menores ingresos.
Aún en la actualidad, la segmentación institucional y las disímiles oportunidades de los grupos sociales más modestos para permanecer y egresar del nivel universitario siguen condicionando fuertemente una democratización real del sistema universitario. Los números hablan por sí solos: el 27% de los que ingresan a la universidad se reciban, y el 30% de los estudiantes que se encuentran cursando sus estudios no ha aprobado ninguna materia después de haber atravesado un año de carrera. Esa es la realidad que se vive en las universidades públicas argentinas.
La decadencia, no tiene que ver solamente con el financiamiento: basta recordar que las universidades nuevas creadas en el conurbano recibieron en el 2014 hasta 450% más de presupuesto en relación a la UBA y sin embargo, la matrícula de las universidades privadas entre el año 2003 y el 2015 creció un 500% mas en relación a las universidades públicas, por lo que es necesario no solamente sostener a la educación superior como una prioridad nacional que exige un mayor esfuerzo financiero por parte del Estado nacional sino que también es necesario generar acciones tendientes a brindar mayor equidad, pertinencia y eficiencia, tanto financiera como social para el sostenimiento de las universidades públicas.