Las retenciones, ¿qué son y para qué sirven?



Ezequiel Bauman-. Un instrumento de política económica que han usado gobiernos conservadores, progresistas, populares, dictatoriales y democráticos.

El nombre real de las llamadas comúnmente retenciones es Impuesto a los Derechos de Exportación y es un instrumento creado por el gobierno conservador de Onganía, que fue una dictadura ultracatólica con un staff de economistas ortodoxos. Es la adaptación local de una medida económica que han tomado y toman distintos gobiernos a lo largo del mundo. Una de sus versiones tiene hoy gran actualidad en la economía mundial, a partir de la guerra comercial de Estados Unidos con China, nuestros dos principales socios comerciales. Esta guerra comercial es fundamentalmente a través de aranceles. Las retenciones son, en esencia, lo mismo: aranceles aduaneros.

Para decirlo de manera simple: si el oro extraído de Argentina se vende a 100 dólares los 5 gramos en el mercado mundial, si se le aplica una retención del 20% cuando se exporta, el precio interno del oro en pesos bajará, el fisco recaudará más y los exportadores de oro estarían pagando un impuesto en pesos sobre el valor del dólar. O sea que si el dólar bajar un 20% estarían ganando un 40% menos. Pero en Argentina, como se sabe, el dólar nunca baja. Por eso, una suba del 20% del valor del dólar, neutralizaría las retenciones aplicadas. Es de sentido común un impuesto de este tipo.

Si Argentina aplicara retenciones a todas las exportaciones de productos primarios, sobrecumpliría las metas fiscales del FMI, se calmaría el valor del dólar, bajaría la inflación y el Estado tendría dinero para lanzar un plan de educación en serio, un plan alimentario y un plan de salud. Tres cuestiones verdaderamente urgentes. Por supuesto que no son las prioridades de los llamados "mercados" ni los economistas a su servicio, que hablan una jeringoza que solo busca que la gente común, que es la que paga los platos rotos, no entienda de qué estamos hablando.
El problema para aplicar medidas económicas de sentido común es la concentración de la riqueza, que deriva en concentración del poder: los más ricos, que son los que se benefician con la política económica de Cambiemos, no quieren cambios. Y arman un "relato" sobre los mercados, el campo y los supuestos ojos del mundo. Mienten.
Para que se tenga una idea de la magnitud de la catástrofe social que el gobierno insensiblemente ha desatado, hay que poner el siguiente ejemplo. Un empresario rural produjo trigo con costos a 19 pesos el dólar, aunque los componentes importados de su producción son mínimos. Pero la venta, como el trigo se exporta y sin retenciones, la hace meses después y no trae a la Argentina el dinero en dólares, a la espera de que la moneda estadounidense le de una ganancia del 400% sin hacer nada, que es lo que ya le garantizó el gobierno. Esa ganancia del 400% se la pagaremos todos a través de  créditos internacionales que contrae el país para aumentar las reservas, que iremos pagando año tras año -incluso durante 100 años-. La deuda externa crece exponencialmente, al mismo tiempo que sube la inflación, caemos en recesión, aumenta la pobreza y la desocupación y un puñado de ricos ganan fabulosas ganancias de un día para el otro, o en cuestión de horas incluso. Sin hacer un esfuerzo extra o siquiera sin generar puestos de trabajo. Con la sola especulación financiera del valor del dólar y del precio internacional del producto primario a exportar.
Cada persona que compra un kilo de harina (que subirá 400% al ritmo del dólar tarde o temprano) paga el 21% de impuestos, destinados en parte a ese empresario cuyos costos de producción importados, que son minoritarios, fueron a 19 pesos el dólar. Además, la gente pobre, al comprar harina y pagar uno de los IVA más caros del mundo, está subsidiando los viajes al exterior que hizo ese mismo empresario cuando el dólar "estaba barato". Por uno u otro lado, la desigualdad social crece.

Si se aplican retenciones al trigo y menores retenciones a la harina de trigo, a ese empresario le va a convenir producir harina en vez de exportar a granel: generará trabajo. Además, las retenciones, hacen que el precio local de la harina no se dolarice y no importemos inflación si aumenta el precio del trigo en el mercado mundial.
Como además, la tierra productiva no es infinita, al bajar el precio de un cultivo estrella como la soja o el trigo, bajan o se contienen las subas inerciales del resto de los alimentos. Porque conviene más usar la tierra disponible para producir esos otros alimentos, ya no hay una super renta extraordinaria en uno o dos tipos de alimentos.
Es un esquema básico y sencillo.

El fuerte lobby del sector financiero, que trabaja en comunión con los especuladores de productos primarios (soja, oro, cobre, trigo, etc) crea un relato fantasioso de que con retenciones cae la producción y van a la quiebra. Nada de eso es cierto. Nunca lo fue.
Dependen de los precios internacionales y del valor local del dólar.
Lo justo sería que si el dólar se dispara, empobreciendo a la mitad de los argentinos, los que se benefician con esa devaluación devuelvan algo.
Es sencillo y matemático.
Solo hace falta aplicar el sentido común.