La interna peronista

Gerardo Pressman-. Las conjeturas que hoy se hablan en el peronismo, están condicionadas por lo que todos perciben como un nuevo escenario a partir de la caída del halo de invencibilidad del macrismo y la crisis económica, de consecuencias impredecibles.


La interna peronista crece a medida que dentro de este movimiento se percibe debilidad en el adversario. En este caso, Cambiemos. Crece tanto que, cuando el adversario está pulverizado, como lo estaba la UCR durante el kirchnerismo, el peronismo discute sus internas por fuera y por dentro del partido formal.
Así pasó en Entre Ríos, por ejemplo, cuando Emilio Martínez Garbino o posteriormente Julio Solanas y Enrique Cresto, iniciaron aventuras electorales para luego arrepentirse y volver al partido. Aunque en el caso de Martínez Garbino, terminó en el ocaso orillando el 5% con el ¡socialismo!, a pesar de haberse mantenido en el candelero durante 20 años como paladín de la "honestidad" siendo protagonista central del primer hecho escandaloso, con condenas firmes, en el financiamiento partidario para campañas electorales, como lo fue el caso de los ATN truchos que financiaron su campaña para diputado nacional del menemismo en 1997.

En la actualidad, la dinámica interna del peronismo entrerriano está atenta a lo que pasa a nivel nacional, como casi siempre, pero con sus ingredientes locales, como casi siempre.
La lógica que adquiere la política nacional se volvió imprevisible luego de la vorágine de corrupción presunta en torno al gran empresariado y la dirigencia K. La gran pregunta es si Cambiemos, luego de fracasar en todo lo que se propuso durante el gobierno y destrozar la economía nacional, puede ganar una tercera elección nacional asustando con el fantasma del gobierno anterior. El intento está, pero de ahí a que funcione...
Mientras tanto, la crisis económica que produjo el macrismo golpea fuerte en todo el país. Especialmente, en lo que hace a la provincia de Entre Ríos, golpea en Concordia, el símil político del conurbano bonaerense en la provincia de Entre Ríos. Ahí, el peronismo viene de perder por primera vez en la historia en la ciudad cabecera del departamento (en 1997 perdió en el departamento, pero ganó la ciudad) y pone en juego la intendencia. Ni más ni menos que la clave para ganar varias gobernaciones en la historia provincial del peronismo, sobre todo cuando las elecciones estaban peleadas.
Algunos radicales aún rememoran las constantes acusaciones de fraude electoral en Concordia -que nunca se probaron- por parte de Sergio Montiel, el ex gobernador ya fallecido.


La crisis económica golpea políticamente a quienes, por necesidad o convicción, se acercaron al macrismo.
Es el caso del gobernador Bordet, aunque sus allegados cuentan que se enoja cuando le dicen que es cercano al macrismo. Esta semana, luego de la eliminación del Fondo de la Soja, criticó por primera vez al mandatario nacional, en declaraciones a medios entrerrianos. En Buenos Aires, se ausentó junto a Alicia Kirchner y otros gobernadores menos conocidos de la reunión en el CFI (Consejo Federal de Inversiones), esos gobernadores que no fueron al CFI para tratar una ley que impida derogar este Fondo de la Soja, son hoy los más cercanos al látigo y la billetera de Rogelio Frigerio, quien en estas condiciones difícilmente pueda ser candidato en Entre Ríos ni siquiera a "diputado provincial, como candidato testimonial" como le dijo off the record un allegado del Ministro de Obras Públicas Congeladas a este cronista. Ése plan de sabor altruista quizás no le sea correspondido y lo prefieran lejos, aunque sí usando su principal cualidad: el dinero del estado nacional, que reparte para darse fama de buen negociador. Así cualquiera.
Con Varisco bajándose de la candidatura para gobernador por la causa del juez federal Leandro Ríos, con Etchevehere enlodado por el "aporte" que cobró de la Sociedad Rural y el desastre de El Diario, con De Ángelli sin discurso porque del federalismo se olvidó cuando se calló ante la quita de recursos a la provincia y de los "pobres chacareros" se esconde para no dar explicaciones sobre las retenciones, el rival del peronismo entrerriano se va encogiendo. ¿Atillio Benedetti? Guarda un prudente silencio, solo habla para decir que le gustaría que las elecciones provinciales se desdoblen: todo un indicador de cómo huele el futuro del macrismo en Entre Ríos. De todas maneras, Benedetti sigue sin hacer pie en Paraná y Concordia, por falta de habilidad política para tejer negociaciones y acuerdos.
Paraná es casi el 30% del electorado. Concordia completa el menú para que la mitad de los entrerrianos voten en una de los dos grandes ciudades. Benedetti tiene fuerza en Gualeguaychú: ¿le alcanza con eso? Por ahora, tiene una ventaja y es que el peronismo de Gualeguaychú se encuentra sin rumbo, porque Martín Piaggio el intendente se fue desdibujando dentro del kirchnerismo, a pesar de no tener rivales internos de fuste, porque Juan José Bahilo y Pedro Guastavino no mueven el amperímetro.

La crisis económica está impactando de lleno en Entre Ríos y esto redefine los límites para la pelea con Urribarri, el líder local de Unidad Ciudadana, el frente de Cristina Kirchner, hoy la opositora más votada y en algunas encuestas, superando a Mauricio Macri aunque con problemas en un seguro balotage.
Para que se entienda, hace 8 meses nadie suponía que Macri sería reelecto sin problemas. Así que los kirchneristas -o el urribarrismo en versión local, que es más amplio- pensaban en 2023. Los peronistas "federales" pensaban en cómo resguardar lo que tienen. En concreto, a Bordet le importaba solo su reelección.
Las cosas han cambiado.
Ahora Bordet sabe que necesita un porcentaje de votos provenientes del urribarrismo si quiere aspirar a una segunda gobernación. Mientras que Urribarri vuelve al ruedo con amagues, que deja en manos de terceras personas, de volverse a presentar a través de una nueva interpretación de la Constitución reformada. Con ese solo amague, volvió a ponerse en el centro de la escena con habilidad.
Mientras tanto, Julio Solanas empieza a pensar en una alianza con Urribarri (lo que se refleja en el acompañamiento del diputado Gustavo Guzmán a las iniciativas del Presidente de la Cámara de Diputados) que lo lleve a ser candidato a gobernador, con la fuerza electoral de Cristina Kirchner y el armado territorial de Urribarri, en un eventual escenario de desdoblamiento electoral.
En la anterior candidatura a gobernador de Solanas, el apoyo del reaccionario clan Cresto fue fundamental. En esta ocasión, el clan Cresto, que pasó de UltraK a Ultramacrista en cinco minutos termina alineado, por imperio de las circunstancias, con Jorge Busti más las huestes de Alejandro Bahler y el senador Ángel Ghiano. El plan es retener Concordia y que Enrique Cresto vaya por la reelección. De perder Concordia, todas las facciones del peronismo entrerriano entrarían en una crisis sin precedentes y de rumbo incierto, como todo lo que no tiene precedentes.
Urribarri puede postular para la intendencia a su hijo Mauro por Unidad Ciudadana, poniendo en peligro la reelección de Cresto, del mismo modo que la presencia electoral de Blanca Osuna como candidata a intendenta de Paraná por fuera del PJ en Unidad Ciudadana, aunque tenga su imagen por el piso, le puede restar los votos con los que aspira a ganar Adán Bahl la intendencia. Aunque Varisco, el más astuto de los dirigentes radicales quizás por no ser gorila, tiene comprados a muchos peronistas de los barrios. Eso no le asegura su reelección, pero la da una base sólida, porque también conduce el radicalismo de Paraná y las declaraciones de Patricia Bullrrich lo alejan de la imagen del macrismo, lo cual en un escenario de recesión prolongada, hasta puede resultarle, paradójicamente, positivo.

La solución "peronista" a este entuerto sería que los dos candidatos a gobernador apoyen al mismo candidato a intendente, Bahl en Paraná y Cresto en Concordia, pero para eso debería haber elecciones desdobladas e internas claras para cargos provinciales y legislativos, más la integración de minorías (deuda constitucional pendiente en el PJ) para garantizar especialmente que las listas de concejales sean el anzuelo para evitar internas de peso en esas dos intendencias estratégicas.
Si las elecciones provinciales van junto a las nacionales y se presentan por dos partidos distintos, esa solución se torna más difícil. No imposible. Está el antecedente de Benedetti, que en el 2011 compitió contra la reelección de Urribarri en una boleta donde llevaba tres candidatos presidenciales.

Por supuesto que nadie ahora dirá que busca negociar, tratando de llegar a esa negociación con el mayor poder de fuego. Pero nadie tampoco dirá que quiere romper.
Falta mucho.