La guerra entre Bordet y Urribarri




Lucas Carrasco-. Los posibles escenarios. ¿No se está equivocando Bordet al desdoblar las elecciones? ¿Realmente Urribarri escalará en su pelea hasta el punto de una ruptura? ¿No están, en Cambiemos, vendiendo la piel del oso antes de cazarlo?


La mirada cortita podría indicar que en esta guerra, el ganador de un round notorio (aunque irrelevante para el grueso de la gente) como lo fue la ley que permite desdoblar las elecciones provinciales, el round legislativo que da inicio a la pelea a cielo abierto, es Bordet. Porque logró lo que Urribarri había propuesto en noviembre del 2017, cuando Bordet se fue de vacaciones tras la paliza electoral que sufrió en la primer elección que lo tuvo como líder del peronismo entrerriano, en 2017. La catástrofe electoral comandada por Bordet fue histórica: logró perder por primera vez en Concordia, con un miembro de la casta de los Cresto, perdió por goleada en toda la provincia y en especial, de donde es oriundo el Sobreviviente Designado, Juan José Bahilo, que encabezó la boleta.
La mirada más amplia indicaría que el verdadero ganador de este primer round entre Urribarri y Bordet, es Cambiemos. Siempre y cuando se tome en serio la franquicia local, que pone en un pie de igualdad a Varisco junto a Zacarías, al Concejal Instagram Emanuel Gainza junto a Atillio Bendetti, al Australopithecus afarensis, Alfredo De Ángelli junto a cualquier escolarizado de derecha.
La mirada optimista K (recordemos que los kirchneristas son expertos en ganar elecciones en los años pares) dirá que andando el tiempo, Urribarri se impondrá por el desprestigio en picada de Cambiemos, tras el desastre social que está creando. Y que al haber dividido el campo electoral con ese clivaje de macrismo versus antimacrismo, toda novedad sobre el hundimiento de la economía nacional, le será automáticamente redituable.



Las tres miradas coexisten. Pueden tener parte de razón. Aunque falta comprender qué busca Bordet.
O a qué juega.
Se metió solito en una trampa, que tiene una trama algo tonta: anunció con platillos y sin bombos (que dan muy choripaneros) una reforma electoral surgida de esos laboratorios onegeístas de pequeños burgueses con el alma apenada por La República, Las Sagradas Instituciones, La Transparencia De Los Otros, La Moral Ajena y otras coartadas al uso para el choreo financiero sin tener remordimientos. Son gente muy sensible. Hay que abrazarlos y darles mucho amor.
De esa reforma, como oportunamente acertamos, no quedó nada más que el archivo con boludeces festivas de los tilingos más destacados del PRO entrerriano, que parece una reunión de consorcio más que una franquicia de management con responsabilidad social empresaria, tal y como fue concebido el PRO. Igual, a mí me caen bien.
El gobernador tiene que decidir en enero si desdobla las elecciones.
Ok.
¿Y?
Obviamente, votar o no votar junto a los cargos nacionales, no es lo mismo. Por supuesto.
Perfecto.
Felicitaciones.
Ahora bien: ¿qué país habrá en enero, cuando Leonardo Simons, el gobernador, tenga que decidir? ¿Realmente le conviene pelearse con Chespirito, el presidente de la Cámara de Diputados, a quien Cristina Kirchner necesita más que Urribarri a ella, aunque parece no darse cuenta cuando deja que hagan stand up los exrockstar del patiecito con palmeras en las cadenas nacionales, quedándose él en segundo plano? ¿Realmente le conviene a Bordet pelearse con quien le puede abrir la puerta para una conversación con Cristina y pegar su boleta -con un 15, 20 o 30% de votos garantizados- y además, haciendo la Gran Benedetti en 2011, pegarla con los candidatos del peronismo fracasado como Pichetto, Urtubey o el Nobel de Literatura Marcelo Tinelli?
No.
De hecho, a Chespirito le conviene escalar la pelea con Leonardo Simons, total ya lo bancó tres años, ya le aseguró la gobernabilidad y le dejó espacio para que construya su propio poder, no como Ulises Dumont, alias Jorge Busti: recordemos lo que hizo con Urribarri, al lado de De Ángelli, Luis Bono Etchevehere y otros iletrados ilustres de la patria y el federalismo, piqueteros próceres de Chicago.  Para Chespirito es pura ganancia. De un lado queda Cambiemos, junto al peronismo que no es K, del otro lado, él y la mejor rankeada para las elecciones que se avecinan como una remake del 2003. Pero en Entre Ríos, para cargos provinciales, no hay balotage. Y el que gane se queda con la mitad más uno en diputados. Y los senadores departamentales, son uno por cada departamento. Y los intendentes de Cambiemos, pueden descargar la culpa del desastre económico en el gobernador si no hay "nada más arriba" en elecciones desdobladas. Y los intendentes de Cambiemos (8 en cabeceras departamentales, 32 en total) tienen todos reelección.
Incluso, si uno tiene que hacer astrología, ni siendo dueño del casino y con las máquinas trucadas apostaría una fichita a que mejore la economía: Sergio Denis, la Christine Lagarde del FMI, solo viene a financiar la fuga de capitales y condicionar al próximo gobierno, descontando que los extremistas neoliberales, empezando por Macri, no tienen ninguna chance de seguir en el gobierno luego de las elecciones. Boludos, no son en el FMI.
Pero, volvamos.
¿Cuáles son las chances de que Leonardo Simons desdoble las elecciones?
No hay ningún pacto entre Bordet y Frigerio: nadie puede pactar perder las elecciones si tiene chances de ganarlas, y ambos las tienen. Se podrán mentir para no perder la costumbre, pero ninguno va a respetar ningún pacto. Además, Frigerio, el Ministro de Obras Públicas sin Obras Públicas, no tiene nada para negociar.
Igualmente, con independencia del crimen a cuarto cerrado de los arreglos cupulares, allá afuera hay un país en llamas. Puede estallar en cualquier momento o prolongar la agonía. Lo que no se puede asegurar es que el fuego se apagará y los rencores se atenuarán. Puede suceder, pero es casi -y ojo, dije casi- imposible.
¿Alguien puede imaginarse cómo estará el país en enero, si ni siquiera sabemos a cuánto estará el dólar y el aceite de girasol (si es que se consigue) mañana o en tres horas? ¡Bienvenidos a la psicología de la crisis!
¿Alguien, cuando piensa enero, imagina un país tranquilo, sin quilombos sociales, sin escasez presupuestaria, sin grandes conflictos sindicales, sin represión, con el electorado de centroderecha conforme porque la macroeconomía está arreglada y los corruptos están siendo juzgados por un juez imparcial como Bonadío?
¿O es más factible que Bonadío ya empiece a darse vuelta, como hizo siempre; que la devaluación clásica de los enero sea brutal, que aún se estén contando los cadáveres de diciembre y el Congreso, reunido en Asamblea, debata un adelantamiento de las elecciones presidenciales?
En el medio de esas dos probabilidades, hay un montón de escenarios intermedios.
Del diagnóstico que ahora se haga, dependerán las acciones futuras.
Pero la guerra no está declarada.
Hay tiempo de retroceder. El asunto es con qué fuerza se negocia.
En el camino, algunos se comen los amagues.
Siempre pasa.



Vender la piel del oso antes de cazarlo, es una paremia -por la forma lexicalizada negativa- entretenida y eficaz para alertar que no se pueden festejar situaciones antes de que éstas ocurran, sobre todo cuando hay altas chances de que no ocurran. Sin embargo, en la política como en la economía, las expectativas son un factor aglutinador, tanto a favor como en contra. Y en la sociedad posmoderna, es más fácil aglutinar en contra de algo o alguien, que a favor de algo o alguien.