"El feminismo actual oscila entre el victimismo y la violencia verbal"


Joakito-.Nancy Giampaolo es periodista cultural, guionista y docente. Ha trabajado en la TV Pública, El Cronista Comercial, Diario Los Andes y las revistas Quid y Haciendo cine, entre muchos otros medios. Escribe para cine y televisión desde hace algo más de una década y da clases guión en varias universidades de Buenos Aires. Actualmente publica periodicamente en la revista PACO. Mientras prepara un libro dedicado a las políticas de género y su articulación geopolítica, la periodista cultural  habló sobre el nuevo panorama feminista


Joakito: Sos muy crítica en tus columnas con ciertas manifestaciones del movimiento feminista. En los tiempos que corren es poco común ver estas posiciones viniendo desde una mujer ¿A qué se debe tu posición?

Nancy Giampaolo: Probablemente se deba a que hace ya varios años que me interesa especialmente la geopolítica, cosa que te obliga a tener una mirada más abierta en términos políticos, sociales y hasta religiosos. Creo que un gran error estratégico de buena parte del feminismo actual es no estar muy al tanto de cuáles son las fuentes de financiación internacionales detrás de algunos referentes y organizaciones, cuyos discursos son repetidos sin un ápice de sentido crítico. El ideario de género de hoy calca estas consignas gestadas, principalmente, en las primeras economías del mundo, con el candor necesario para creerlas aplicables acá. Lo más gracioso es que muchas de estas opiniones se acompañan de una arenga pretendidamente revolucionaria. Este problema tiene una larga tradición en nuestro país, que se resiste masivamente a tomar otros ejemplos que no sean los de Estados Unidos y Europa. En ningún planteo del feminismo mediático, por ejemplo, se habla del rol de las diversas olas feministas en la colonización cultural ejercida sobre muchos pueblos originarios de Latinoamérica o de los feminismos islámicos (en general situados geográficamente en países con economías deprimidas como las nuestras) y tantos otros ejes que, de ser estudiados, sin duda detonarían nuevas y mejores ideas y acciones a nivel nacional.

Joakito: ¿Qué opinión te merecen las "nuevas categorías" que pretende imponer el feminismo en el lenguaje (“Manspreading” “Cuerpa” "les" "sororidad", etc)?

Nancy Giampaolo: No les adjudico ningún valor porque en lo concreto no garpan para nada y empobrecen un idioma que deberíamos cuidar. La abundancia de términos en inglés es otra constatación de la tilinguería que predomina en todo esto. La ablación del género, es justamente eso, una ablación. Pero tampoco son categorías que me irriten, ni mucho menos.

Joakito: En tiempos de discusión del aborto y teniendo en cuenta que el peronismo -como movimiento nacional- se ha caracterizado por ser católico y conservador en lo cultural ¿Cómo vez la relación entre el peronismo y el feminismo en estos tiempos?

Nancy Giampaolo: Es un tema complejo, pero simplificándolo al extremo veo que, para las feministas auto catalogadas como progresistas, peronistas o de izquierda, Evita es una figura totalmente vaciada de significado a la que prefieren no analizar en serio. Fue, que yo sepa, la primera mujer del país que relacionó el feminismo con la colonialidad inglesa, pero no he encontrado ninguna feminista que se haga eco de esa cuestión y empiece a investigar. Para las feministas menos progres, Evita no es un problema.

Joakito: Gonzalo Garcés en una entrevista con Noticias Entre Ríos sostuvo que a partir del #Niunamenos hubo una minoría que logró instalar un "terror ideológico" y que el feminismo sólo representa al feminismo. Pero, además, agregó que el feminismo actual no tiene idea de lo que es la masculinidad. ¿Estás de acuerdo con estas afirmaciones? ¿Cómo analizas el fenómeno de #Niunamenos en Argentina y el #Metoo a nivel mundial?

Nancy Giampaolo: Percibo cierto terror, sí, sobre todo porque muchas de las denuncias que se hacen bajo el rótulo violencia de género terminan por resultar nefastas tanto para el denunciado como para la eventual víctima. Por un lado, hay infinidad de tipos privados de ver a sus hijos o de otros derechos solamente en función de los dichos de una mujer como única prueba, y por otro hay infinidad de mujeres que, incluso habiendo hecho muchas denuncias, terminan muertas u hospitalizadas porque el agresor puede sortear la cautelar como quiere. En un sistema judicial sin recursos para investigar a fondo cada denuncia, podes caer en cana sin muchas pruebas o te pueden matar aunque hayas recurrido a la policía, y el terror es un saldo inevitable. Hay otros terrores, también, a los que probablemente aludía Garcés, como el de la expresión condicionada. Cada vez hay menos cosas que se puedan decir sobre las mujeres o las minorías sexuales en función de una corrección política que, para mí, no suma nada a la verdadera justicia social que el feminismo supuestamente buscaría. En cuanto a no tener idea de lo que es la masculinidad no coincido en que el feminismo sea el único desorientado: hay muchos hombres que ya no saben cuál es su rol, para que sirven socialmente, ni qué carajo quieren de sus vidas o de las mujeres con las que tratan.
Me too es una movida norteamericana, encabezada por unas de las mujeres más poderosas de aquel país, contra un personaje siniestro, también millonario y oriundo de aquel país. No creo que a las argentinas de a pie nos sume mucho hacer foco en una realidad tan diferente. Y niunamenos tiene un objetivo muy noble que es que no se asesinen mujeres, pero desde la primera hasta la última marcha, las estadísticas que el mismo colectivo maneja, no cambiaron.

Joakito: Suele existir desde el #niunamenos un discurso anti macho, anti Iglesia, y la calificación del aborto como un derecho sobre el propio cuerpo ¿Creés que este debate atraviesa a las clases sociales o que es propia de la porteñada clasemediera?

Nancy Giampaolo: Afortunadamente viví varios años en el interior, trabajo para medios del interior, visito periódicamente algunas provincias y conozco mucha gente que hace trabajo social en villas miserias de CABA y conurbano, gracias a estas experiencias me consta que es un debate que no alcanza a cruzar todas las clases sociales y que, como vos decís, tiene mucho más que ver con algunos sectores de las grandes ciudades que con los argentinos en conjunto.
En cuanto a la iglesia, simplificando, te diría que el hecho de que el progresismo la señale como enemigo principal de las libertades individuales y colectivas, omitiendo apuntar con la misma virulencia a los Bancos, las Multinacionales, los servicios de inteligencia, las ONG´s financiadas por el Banco Mundial y tantos otros actores que en el presente tallan mucho más fuerte a la hora de recortar derechos básicos, es tragicómico. Para colmo, el Papa a veces tira algunas declaraciones más revulsivas al poder que las de aquellos que dicen combatirlo. Al mismo tiempo, la mayor campaña de difamación contra Francisco se hace desde los medios históricamente asociados a la derecha chupa sirios. De modo que el papel actual de la Iglesia también merece ser revisado más en serio. Y todo esto te lo digo sin ser católica.

Joakio: ¿Es lo mismo hablar como mujer de "liberarse del “patriarcado” o de "la dominación masculina" que la hablar de la "diferenciación sexual"?

Nany Giampaolo: No es lo mismo, claro que no. Pero como el concepto de patriarcado varía un poco de acuerdo a quién lo enuncie y termina ocupando un espacio un tanto difuso, te voy a hablar sólo desde mi experiencia personal. Empecé a trabajar antes de los 18 años y sufrí sendas situaciones de opresión laboral a cargo de hombres y mujeres indistintamente. A partir de eso relaciono la dominación hacia el otro con cuestiones no estrictamente pegadas al género, sino más bien al poder que da el dinero, seas del género que seas. En esto de la victimización hay muchas más aristas de las que se ponen sobre la mesa. Pensá en la escena harto repetida que la mayor parte de las minas padecemos cuando un tipo en la calle te dice algo que preferirías no escuchar. Muchas veces el tipo en cuestión es un obrero precarizado laburando sin el equipo mínimo que garantice que no se rompa el cráneo por una caída, otras es directamente un tipo que vive en un colchón a la intemperie y sí, te dice una inmundicia y te molesta, pero el tipo ¿No es una víctima también? ¿Qué pasa cuando te bardea uno desde un BMW o cuando ves la misoginia y la cosificación propagarse en la televisión? Ahí ya hay guita de por medio y el panorama cambia, puede que el del BMW zafe fácilmente de cualquier sanción y en cuanto a la tele, bueno, dejemos las conclusiones para el lector.
En relación a la dominación dentro de las relaciones personales, en mi casa, el mayor ejemplo de fortaleza me lo dio mi vieja, con mis parejas tuve y tengo la mejor, y buena parte de mis amigos más cercanos son hombres comprensivos, macanudos y generosos, lo mismo que mis amigas. Esto no implica una negación del machismo, que existe y es una pedorrada digna de combatir, pero habría que aprender a combatirla con armas más piolas que exabruptos como el decadente “Macho cagón ni olvido ni perdón” que, como dije en alguna nota, banaliza la lucha contra la última dictadura y fomenta una dialéctica deprimente e idiota. El feminismo actual suele oscilar entre el victimismo y la violencia verbal, privándose de posibilidades más interesantes.

Joakito:Hay varios artículos tuyos haciendo alusión al movimiento feminista y el liberalismo de las empresas multinacionales ¿Podás desarrollar en términos simples, como para la gente de a pie, esta postura?

Nancy Giampaolo: Más que una postura es una realidad que salta a la vista ni bien te ponés a rastrear la ruta del dinero de algunas ONG´s, fundaciones y referentes discursivos de la nueva ola de género globalizada. Estoy terminando un libro sobre esto que, espero, sea un aporte constructivo a la hora de alcanzar la justicia social que el feminismo declama a viva voz con resultados concretos mucho menos efusivos. En muy resumidas cuentas, el movimiento de género globalizado tiene una dependencia demasiado gruesa de los mismos agentes que destrozan economías como la nuestra: el Banco Mundial, Soros, Rockefeller, etc. Con un discurso políticamente correcto de inclusión y aceptación de la diversidad, laburan para propagar nuestra dependencia cultural, económica, política y financiera. Las guerras imperialistas en el sentido tradicional han quedado casi reservadas en exclusiva para Asia y Medio Oriente. Para el resto del mundo, el imperialismo se monta sobre algo que puede sonar contradictorio, pero ya no lo es: el neoliberalismo progresista. Las movidas de género pergeñadas y financiadas por estos poderes, difícilmente redunden en beneficios reales para la Argentina. Si trasladamos esto a un ejemplo individual, tal vez sea más fácil de entender. Una persona que gana su propio dinero, puede elegir qué hacer con él; una persona que vive del dinero de otro, tiene pocas posibilidades de elección. Con los movimientos sociales, es lo mismo, el que paga la cuenta, es el que termina decidiendo todo. No creo que el Banco Mundial o los millonarios globales sean agentes idóneos a la hora de alcanzar la justicia social en Argentina, más bien apuntan a lo contrario.