Con qué instrumentos confrontar

Eduardo M Romero-. Siempre, en el devenir de nuestra vida, deberemos confrontar; el problema es cuales son los instrumentos que utilizamos para transitar con éxito esta confrontación.




El verbo confrontar tiene dos acepciones: por un lado significa “poner a una persona o una cosa, material o inmaterial, frente a otra para compararla u oponerla entre sí” pero también se utiliza para destacar una actitud cuando se indica que su significado es “mantenerse en actitud de oposición ante un problema, situación difícil u obligación sin eludirlos, asumiendo el esfuerzo que supone y luchando y actuando de acuerdo con sus exigencias” ; ambas acepciones se corresponden para confrontar desde el deporte pasando por todas las profesiones, las tareas, e incluso la política y el gobierno.
Esto significa que siempre, en el devenir de nuestra vida, deberemos confrontar; el problema es cuales son los instrumentos que utilizamos para transitar con éxito esta confrontación.
Además, el hecho de confrontar sin dudas nos enriquecerá, ya que nos posibilitará sacar siempre un beneficio de la actitud de confrontar; pero sin embargo este éxito dependerá de los instrumentos que se utilicen para confrontar.
No me canso de señalar que las pautas de comportamiento e incluso las actitudes cambian sin que nos demos cuenta de que dicho cambio se está operando y en estos tiempos modernos pareciera que, por la visión global, estos cambios se operan mucho más rápidamente.

Hace largo tiempo que podemos observar que en muchas profesiones, en distintas actividades la confrontación lleva a los actores de esta confrontación a usar instrumentos que no ayudan a obtener beneficios de la confrontación.
Por ejemplo, en lugar de debatir o confrontar formas de trabajar o resultados de nuestros trabajos, intentamos desacreditar, incluso mediante falacias, a nuestros competidores o en algunos casos intentamos sabotear el trabajo de aquellos con quienes confrontamos y poco nos importa mejorar nuestra calidad de producción o de servicios, como una manera de confrontar que nos permitiría obtener un beneficio.

Esto puede observarse con mucha crudeza en el mundo entero y en distintos tipos de sociedades, sean estas desarrolladas o no.

En el campo empresarial, el emblemático caso de Obredecht en Brasil, pero que tuvo como escenario muchos países de américa, incluido el nuestro, es una demostración que para confrontar en el mundo empresarial no es bueno tomar el camino de la corrupción.
En el mismo campo, la aparición de numerosos “arrepentidos” en nuestro país en el caso de los cuadernos, también deja traslucir una actitud de mala elección de instrumentos para la confrontación.

En el fútbol, un deporte caro a los sentimientos de nuestro país, ya no se confronta con la visión de la técnica o la exquisitez del juego, sino que se cruzan imputaciones con el tratamiento de fallos benévolos de árbitros o de ventajas de escritorio.

Y por supuesto la política no podía escapar a esta actitud y se observa que se están utilizando instrumentos para la confrontación que no ayudan a encontrar un mejor camino para todos.

Recientemente, en los Estados Unidos, el antiguo abogado de Trump se declaró culpable de evasión fiscal, fraude bancario y violación a las reglas de financiación de campañas; el mismo camino había recorrido poco antes el ex jefe de campaña de Trump.

Por supuesto, nuestro país arde con temas propios de estas cuestiones, donde se denuncia por parte de arrepentidos, haber dado aportes obtenidos por presiones para campañas del anterior gobierno y el actual sufre una investigación por aportantes truchos a la campaña de Macri.
A nadie puede escapar que estos actos, fuertemente comprometidos con lo delictual, de ninguna manera puede ser instrumentos para confrontar, pero tampoco escapara a nadie que hemos aceptado como algo normal que estos sean los instrumentos de confrontación, dado que todos los utilizan.
Si las confrontaciones políticas fueran por ideología, o por medidas que se deben instrumentar para superar nuestras dificultades, quizás de la confrontación misma obtendríamos enseñanzas que nos permitan un mejor devenir histórico.

Muchos sostienen que los argentinos debemos encontrar nuestros acuerdos y en realidad me parece que tenemos que aprender a confrontar, para que dentro de la confrontación, surjan las mejores ideas para nuestro futuro.

No es malo confrontar, lo malo es utilizar los peores instrumentos para acabar y desacreditar a quienes piensan distinto, en lugar de reconocerlo como alguien que no piensa como yo.