Cárceles: ¿Es posible la resocialización?



O. Rivarola Salduna-. Desde hace más de un año se pretende avanzar sobre los derechos establecidos en la constitución y en el código penal, intentando borrar la función de "educación" y "resocialización" que deben cumplir las cárceles.
El artículo 18 de nuestra Carta Magna establece que las "cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos mas allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice", sin embargo, la gran superpoblación carcelaria -forma elegante de referirse al hacinamiento- es una realidad en todo el territorio nacional en general y en Entre Ríos en particular. Más aún, el mismo artículo establece que nadie podrá "ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso", aunque más de la mitad de los detenidos en las cárceles están a la espera de un juicio.

Existe una máxima popular continuamente reiterada cada vez que se pretende imponer "mano dura", de que los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra, sin embargo los números demuestran todo lo contrario, por ejemplo, la Unidad Penal de Paraná que mantiene dentro de sus puertas a más de 800 personas cuando originalmente fue construida para una población de cuatro veces menos de internos. En estas condiciones, los presos están encerrados las 24 horas del día -salvo que trabajen o estudien durante su periodo de encierro- en una celda de 2×4 metros, muchas veces compartida. Cabe preguntarse, entonces, si estas condiciones de detención ¿son de resocialización o de castigo?.

Kropotkin, pensador político ruso de principios del siglo xx, muy influyente en lo que otrora fue el pensamiento progresista de los trabajadores de todo el mundo, ante la pregunta para qué sirven las cárceles sostenía que “Para nada”, o en todo caso, “para aumentar la brutalidad de los crímenes”. Recorría la Europa avanzada  -de Rusia se tuvo que exiliar- de la época cuando hizo este comentario sobre la realidad carcelaria. La realidad carcelaria de la Europa avanzada era parecida a la que vivimos en Argentina y Entre Ríos, sin el agravante del morbo expresado en series populares, además de un nuevo género periodístico vergonzoso que es, además de la humillación, el regodeo: que tal se alió supuestamente con tal, que aquellos se pelearon con aquellos otros, que una cucaracha apareció en la oreja de tal...
Casi 100 años después la realidad carcelaria y el crecimiento del delito demuestran la veracidad de esta respuesta. Y lo demuestran con creces.

La realidad del servicio penitenciario -sobre todo el de Entre Ríos- y todo su andamiaje conexo entre los poderes Ejecutivo y Judicial demuestran que están cada vez más imposibilitados de generar un efecto resocializador en quien delinquen, el caso de Sebastian Wagner es sólo un ejemplo entre tantos.
El problema de fondo es poder saber qué están produciendo las cárceles o por qué tenemos una sociedad que genera tantos presos.
Es muy difícil hablar de resocialización en una Argentina con casi el 30% de pobres y con las limitaciones del servicio penitenciario, ya que debido al hacinamiento existen presos que no pueden acceder a un tratamiento psicológico o incluso quedan afuera de la posibilidad de trabajar o estudiar debido a los cupos, además de problemas alimentarios en momentos donde la ciencia de la nutrición puede decirnos mucho sobre nuestro comportamiento (esto no quiere decir que sea decisivo ni determinante, solo un anexo a cómo se están deshumanizando las cárceles).

Vale la pena recordar las palabras de Roberto Pettinato (padre) quien fue director del Servicio Penitenciario durante el primer gobierno de Perón y quizás el último en impulsar medidas transformadoras del sistema carcelario argentino. En 1947, Pettinato decía que: “La auténtica prevención de la criminalidad no ha de consistir en otra cosa que en lograr la equitativa distribución del trabajo, de las posibilidades de obtener una adecuada formación cultural, de poder preservar la salud del cuerpo y del espíritu y de participar convenientemente de todos los bienes de la comunidad nacional, es decir, señores, en obtener justicia social”.



Hablar de presos, al igual que hablar de"locos" suele ser para la mayoría de la dirigencia política "piantavotos", lo que ha llevado a que nuestras cárceles estén sumamente alejadas de las políticas públicas, ubicando al sistema penitenciario lejos del financiamiento y de una atención adecuada.

Una primera solución, que se plantea como obvia para el tema del hacinamiento es la construcción de más cárceles, sin embargo, hace falta tener una visión mas amplia para pensar soluciones a largo plazo.
Nuestro sistema penal en los últimos 20 años tendió a incrementar penas, a reducir o directamente prohibir los beneficios penitenciarios. El resultado salta a la vista: casi todo lo que se ha estado haciendo en materia penal ha incrementado el uso de la cárcel y, en ocasiones, con un exceso hasta irresponsable, como lo demuestra el abuso en la implementación de los juicios abreviados.

No existen en la Argentina métodos claros y eficientes a la hora de hablar de resocialización de los presos, sin embargo hay ciertas ideas que podrían aportar a bajar el nivel de reincidencia en el delito. Una de estas ideas es la que sostiene que hay que trabajar con los grupos más vulnerables, como los jóvenes, para que no aprendan la cultura carcelaria mientras están detenidos. Según esta idea, la mayoría de los presos están detenidos por períodos cortos, pero suficientes para que sean violentados, violados y luego salgan con vocación delictiva. Entonces la solución pasaría por establecer una clasificación rigurosa de los presos: primarios, reincidentes y multireincidentes. Donde la atención debería concentrarse en el primer grupo manteniendo y fortaleciendo el uso de mecanismos clásicos, como el trabajo, con una atención preferente en materia de salud, y con la búsqueda de vínculos con la familia, medidas que bastarían para bajar el número de reincidentes en el sistema penitenciario.

¿Está dispuesta la sociedad a debatir estos temas?
¿Está dispuesta la comunidad jurídica a hacerse cargo de las consecuencias de sus actos?
¿Están dispuestos los políticos a estudiar el tema en vez de seguir demagógicamente repitiendo falacias que a corto, mediano y largo plazo empeoran los indicadores criminales que dicen querer mejorar?