Apuntes sobre el cine entrerriano



Sebatián P. -. El auge del cine nórdico, que se expresa especialmente a través de series, fue posterior a la mundialización de las series de la BBC, la cadena pública británica. Por supuesto, ambos fenómenos son posteriores y coexisten con el país que sigue liderando las producciones audiovisuales en el mundo, Estados Unidos.

Sin embargo, el fenómeno detrás de cada uno de estos auges, es equivalente. Siempre estuvo precedido por una generación literaria con producciones de calidad que lograron mundializarse.
No pasa lo mismo con el cine de mayor masividad en el mundo, que es el cine indio. Sus producciones están basadas en grandes coreografías y en musicales, que a los ojos occidentales nos suenan además de exóticas, un pastiche.

La década de oro del cine estadounidense es posterior a la generación de grandes narradores de la literatura negra, muchos de los cuales también se convirtieron en guionistas. Ni que hablar de lo que sucedió en Inglaterra, que además tomó a los clásicos de otros países, como Francia, para hacer producciones audiovisuales con una calidad enorme y un sello nacional inconfundible, a través de la BBC.
Menos desapercibido pasó el proceso nórdico de exportación de sus escritores, porque el mundo ya estaba mas globalizado, especialmente en el área de las comunicaciones.
La literatura nórdica tuvo, años más tarde, su correlato en el fenómeno de las series procedentes de ese lugar de Europa, que al igual que en la experiencia británica, contó con un fuerte apoyo del Estado.
No pasa lo mismo con el cine argentino. Y quizás eso explique por qué no pudo durar la época de oro del cine argentino a mediados del siglo pasado. Los nuevos narradores argentinos no fueron llevados al cine, aún cuando estemos hablando de Borges, Cortázar,Bioy Casares, Victoria Ocampo o Sábato, que trascendieron no solo las fronteras nacionales, sino hasta las continentales.
Leopoldo Torres Nilson, con sus adaptaciones de Roberto Arlt, fue un solitario: no fue parte de una corriente audiovisual que tuviera un sello nacional exportable.
Hoy el cine argentino se encuentra mejor posicionado, local e internacionalmente, aún cuando el gobierno de Macri le retiró el impulso estatal que le dio la presidencia de Cristina Kirchner, pero los productos audiovisuales no tienen un sello nacional, son subproductos de los estilos de moda, que se uniformizan mundialmente gracias a las nuevas modalidades de consumo audiovisual, especialmente, a través de internet con empresas como Netflix.
Es en este marco en el que habría que pensar el impulso que ya desde el gobierno de Urribarri y continuado por Bordet, se le dio al cine entrerriano. Que aún está en pleno desarrollo. Incipiente, digamos.
El asunto es sobre qué bases posibles se puede desplegar un cine estrictamente entrerriano, que tenga su sello, su marca, su huella. Porque no es lo mismo hacer cine en Entre Ríos o hacer películas con entrerrianos talentosos, que una Política de Estado hacia el cine. Aún teniendo en cuenta las restricciones presupuestarias, pero al fin y al cabo, antes no había ni dinero ni el proyecto de potenciar o crear un cine entrerriano. Hoy, lo hay. El asunto es sobre qué bases.
¿Dónde están, por ejemplo, los escritores entrerrianos cuya producción tenga una marca provincial y hayan trascendido las fronteras de la provincia?
¿Se los ha convocado?
¿Existen?
¿Sobre qué bases, sino, construir un cine entrerriano?

Sin desconocer ni desmerecer lo realizado por Pedro Báez y Carolina Gaillard, ministros de cultura de Urribarri y Bordet, respectivamente, lo que el Estado puede hacer es limitado, en la medida en que no surja una corriente literaria de identidad cultural específica que cree el "sello" de la entrerrianía en eventuales producciones audiovisuales.
Porque es justamente en el campo de la literatura donde el Estado, prácticamente, no puede hacer mucho. Aunque lo hace, desde hace añares, a través de una editorial estatal, un concurso literario prestigioso, los institutos y universidades que si bien no tienen la carrera de Letras, tienen carreras afines. De hecho, el estado entrerriano es casi el único jugador del pequeño mercado de lectores entrerrianos.
Y hay en la actualidad buenos escritores nacidos en Entre Ríos con trascendencia nacional que, en parte de su obra,  reflejan su mirada subjetiva y original sobre la provincia. Sin embargo, las producciones audiovisuales impulsadas desde el gobierno provincial, no vinculan a estos narradores con sus políticas en materia de cine.
No quiero decir que necesariamente deban hacerlo. Esos procesos se tienen que dar con cierta naturalidad, con el Estado haciendo su parte (la que ya está haciendo) pero sin forzar articulaciones creativas, porque ese no es el camino.
Son los propios hacedores de cultura quienes, quizás, deberían hacerlo.