Una remera de Norma Pla


Joakito.-Estabámos en el medio del campo, en Florencio Varela, parte de eso que llaman Conurbano Bonarense, en la chacra que Eloisa Cartonera, compró hace un tiempito atrás, a fuerza de creación y trabajo.
Para quien no sabe, o le da paja googlear, Eloisa Cartonera, es una editorial cooperativa nacida como consecuencia de unas de las peores crisis modernas que tuvimos, y allá en el 2003 se pusieron a  construir sus libros con cartón comprado a los cartoneros de la ciudad de Buenos Aires, pero no cualquier libro, sino libros de poesía latinoamericana. Al frente de la editorial está Washinton Cucurto, quien es quizá uno de los escritores vivos mas creativos de la Argentina. Volviendo, a la anécdota. Esa tarde, un sábado, hablábamos de los 90, de la resistencia, y demás. Sobre todo de cómo nos fuimos acostumbrando a hablar del Estado, como algo propio, y no como lo que hay que enfrentar. En esa ocasión yo tiré a la mesa la frase: "una remera de Norma Plá, eso tenemos que hacer". Todos se cagaron de risa, pero en el fondo, sabíamos que no era un chiste. Después vino diciembre del 17, la plaza, las piedras, los gendarmes y el show del congreso.
Desde Cambiemos te dicen que los viejos están mejor. Que "van a cobrar menos pero que van a tener mas plata", que la reparación histórica y que "la mar en coche", pero lo cierto es que los números para vivir, no le alcanzan a una familia tipo promedio, mucho menos a nuestros adultos mayores: tomemos solamente el ejemplo de los medicamentos, tengamos en cuenta que los ancianos son el grupo etario  más medicado en la sociedad, y que el día de hoy esta franja hacen uso continuo de por los menos tres medicamentos, sobre todo relacionado a problemas cardiovasculares y trastornos psíquicos como el alzheimer y la demencia senil. Estos medicamentos son carísimos y por lo general, el mayor gasto en los tratamientos ambulatorios en la Argentina de Macri, no lo hacen las instituciones de salud, sino que sale del bolsillo de las familias.
Hasta el año 2003 un jubilado promedio gastaba casi la mitad de su ingreso en salud. Esta tendencia se revirtió gracias a los programas Remediar, las contraprestaciones gratuitas que realizaba el PAMI, entre otras. Hoy estamos volviendo a tener cifras similares al 2003, en cuanto a gasto realizado por familia en términos de inversión en la salud. Tengamos en cuenta que estos números se acrecientan cuando los viejos son de familias con menores recursos. ¿Por qué? Por que las familias con menores recursos suelen recurrir a la prestación de salud, una vez que ya están enfermos, lo imposibilita evitar la compra de medicamentos y a su vez, no tienen acceso al precio minoritario que manejan las grandes farmacias.


En política al parecer, al igual que en la TV, el tiempo es tirano, y en algunos meses nos hemos olvidado de las balas, del debate y también de nuestros viejos.
Tuve la posibilidad de participar activamente en un cacerolazo, la noche de diciembre en que se trató la movilidad jubiltaroria: éramos muchos, muchísimos cantando eso de que "los viejos no se tocan". Dos semanas después, la calle volvió a la normalidad de las compras y del trajín diario. Ya nadie se acuerda de las ollas, de la calle, de las puteadas. No es negocio para nadie acordarse de los viejos, pero tampoco lo es, ajustarle los bolsillos. Si hay algo que tienen los viejos, es ingenuidad. Por eso votaron a Macri, porque pensaban que era un chico bueno, honesto y amable con los mayores. Es lógico que lo voten, si les prometió pagarles lo que el estado sistemáticamente y amparado por la justicia les negó. Una de cal y una de arena, solía decir mi abuela. Reparación histórica, desfinanciar la ANSES. A nadie se le ocurre meterse con los viejos, pero a su vez, nadie los toma como bandera. Son al igual que los locos y que los presos "piantavotos".

Tal vez sea hora en serio de ponernos una remera de Norma Plá. Aquella señora jubildada, que puteaba sin miedo a que se le salga la dentadura. La que hacía quilombos los miércoles en el Congreso. A Norma Plá le abrieron causas judiciales, la encarcelaron, la cagaron a palos, la izquierda le pedía concepciones ideológicas determinadas; sin embargo, ella era una mujer del pueblo que en el hacer fue aprendiendo. Ella sabía que en cualquier momento iba a morir pero quería dejarnos claro el mensaje: no importa la muerte, no importa el paso del tiempo, si los ideales son firmes. Es hora que nos pongamos los pantalones largos y salgamos del cortoplacismo y el oportunismo y nos pongamos a pensar políticas de seguridad social que duren no 10 o 15 años, sino a futuro, una seguridad social que tenga en cuenta que la humanidad ha cambiado y que todos vamos a llegar a viejo y mas viejos.