Una de coche





Manuel Langsam-.Allá por la década del 50 llegó a Dominguez un dentista para trabajar en el Hospital Clara que rompía el molde clásico de los contratados. Generalmente eran profesionales jóvenes que venían al interior para hacer sus primeras armas en la profesión. Pues éste, el Dr. Santa Cruz, era un hombre grande, oriundo de Santa Fe, con muchos años de profesión y, se decía, tuvo problemas familiares en su ciudad natal y prefirió cambiar de aires.


Tenía todo el aspecto de un caballero antiguo. Hombre de tertulia en los clubes, culto, siempre bien vestido de blazer, camisa inmaculada, pantalón con la raya marcada, zapatos bien lustrados y moñito al cuello. Bién peinados sus pocos cabellos hacia atrás, hablar pausado y respetuoso.

Vivía en una habitación cedida en la planta alta del hospital y por las tardes solía venir al bar por su aperitivo, que consistía en una copita de Hesperidina. Allí se encontraba con otros parroquianos, peones, changarines, bolseros que tomaban sus vinos o Luseras acodados en el mismo mostrador. Con ellos solía departir Santa Cruz, hablándoles de cine, literatura o política. Los demás lo escuchaban en silencio y sin interrumpir u opinar, ya que no entendían nada sobre los temas, pero asentían a sus dichos, ya que sabían que normalmente sus copas terminaba pagándolas el doctor.

Una tarde se asomó a la puerta y vió que venía en dirección al bar, caminando con dificultad y haciendo eses, Cochemotor o Coche solamente, como se lo llamaba, un personaje típico de Domínguez. Bajo, gordito, abdomen prominente, cara redonda y peinado con raya al medio. Era empleado municipal. Buen electricista y con educación primaria completa (rara en aquellos tiempos) era inspector pero, debido a su inclinación al alcohol, fue relegado a encargado del matadero municipal. Y ahí vivía con su familia.

Al verlo venir en ese estado, comento: Mmmm! Miren eso. Habrá que hacer venir al país mas gringos para ver si se puede mejorar esa raza! Coche lo escuchó, no dijo nada, se tragó el comentario, entró, se acodó en la otra punta del mostrador y pidió su copita de Tres Plumas.

En ese momento se cortó la luz. Mientras el patrón encendía el Sol de Noche, el doctor empezó a comentar que el tenía una linterna de cinco elementos y describía las bondades detalladamente. Que mi linterna esto, que mi linterna lo otro, etc, etc… Los demás lo escuchaban en silencio y Coche se revolvía incomodo, ya a esa altura estaba con un segundo o tercer Tres Plumas.

Al rato volvió la luz y, ante el asombro de los demás, Coche se acerco al grupo y dijo: ¡Pero que lástima doctor que no trajo su linterna!

No, si ya volvió la luz. Ahora no nos haría falta.

Bueno, afirmó Coche, si no nos hacía falta, podría aprovechar y metérsela en el culo…….!

Y ante el silencio y sorpresa de todos, salió con toda la dignidad que pudo, tratando de mantener la vertical.