Todo lo bueno que tiene Macri

Lucas Carrasco-. En su peor momento en las encuestas, es necesario rescatar las cosas buenas que ha tenido hasta ahora el Presidente Macri. Porque no todo es negro o blanco. Y porque la polarización es un cuento para imbéciles.




La polarización es una táctica política, utilizada en tiempos difíciles por diversos políticos de primer nivel, como Cristina y Néstor Kirchner, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Amalia Granata, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, y actualmente, Mauricio Macri. Algunos de los nombrados, en algún momento de sus encumbramientos, confundieron la táctica con la estrategia y la táctica de la polarización en particular y se perdieron por carencia de rumbo estratégico.
Ningún gobierno es del todo malo ni del todo bueno. Ningún gobierno es el todo social. Aunque la antipolítica que campea en los diversos tertulianos de la esfera pública, esfera que en realidad habría que llamar farándula líquida de lo público, insistan en confundir los términos. Por ignorancia en la mayoría de los casos. Por mala fe en los casos de gente lúcida.

Las fluctuaciones en la opinión pública son un síntoma de vitalidad. Los que siempre quedamos a la izquierda del microclima imperante, solemos aceptar la tesis positivista del permanente "avance" social, con el matiz de la dialéctica (la tesis que se enfrenta a una antítesis para producir una síntesis). Como la palabra "avance" responde a síntomas alérgicos del auge de la modernidad, hay que reemplazarla por complejidad. Y por la velocidad que lo social se permuta, se contiene, se retrasa y se automodifica.
Las fluctuaciones en la opinión pública tienen vertiginosidad, pero también mutaciones lentas y acaso mas perdurables. De esas mutaciones hay muchas que sintetiza la actual cabeza del poder ejecutivo: una mujer es vicepresidente, nadie conoce a sus padres ni su esposo, de hecho, es la primer mujer divorciada que integra el poder ejecutivo electo y es la primer vicepresidente que no es esposa de ni hija de.
El voto femenino, que figuraba en la plataforma de la Unión Democrática pero instrumenta su vencedor, Juan Domingo Perón, fue hace apenas poco más de medio siglo. En el medio, las mujeres reales y concretas votaron pocas veces, dada la cantidad de dictaduras existentes y su eximición legal luego de cumplidos los setenta años. En buena parte del mundo, la gente no puede votar a sus representantes (China, por ejemplo: donde vive uno de cada cinco habitantes del planeta) y las mujeres no acceden a altos cargos electivos del poder ejecutivo (Rusia, el país más grande del mundo, Irán, el milenarioimperio persa, Estados Unidos, la principal potencia militar) . En este subtexto planetario hay que leer estas cuestiones.
En estos días, Gabriela Michetti -primer integrante electo del Poder Ejecutivo con capacidades diferentes, como se dice ahora al hecho de andar en silla de ruedas, en un país poco amigable para las personas con movilidad reducida- es noticia porque su hijo está a favor del aborto. La noticia se trata como contraste: el hijo de una católica convencional. Bueno, no es así, pues no puede comulgar por estar divorciada, tiene una relación de concubinato -que hasta hace poco, era ILEGAL en Argentina, tal como lo es en la casi totalidad de dos de los cinco continentes y son los dos más grandes- y proviene del ala izquierda de la Democracia Cristiana y desarrolló toda su carrera en el mismo partido político y territorio que el Presidente. Quien también está divorciado, no sabe hacerse la señal de la cruz en el país del Papa Francisco, profesa una religión new age de manera pública, en un país donde cuatro elecciones presidenciales atrás, ningún no católico podía ser Presidente. Tiene una familia ensamblada, llevó a su padre a juicio por demencia, hizo la campaña electoral estando procesado, asumió estando procesado y no nombró a ningún pariente en el gobierno. Sacó un decreto contra el nepotismo (que no cumplió, pero es el primer Presidente en la historia que pone el tema por escrito en la agenda pública y con un instrumento legal).
Es el primer Presidente electo democráticamente que no es ni peronista ni radical, que construyó su propio partido político y triunfó en la primer elección nacional donde se presentó, tanto él como su partido, el PRO.
Es el primer Presidente en hablar del aborto, habilitando su discusión, en el discurso de apertura de sesiones del Congreso, el discurso institucional más importante del país.
Es el primer Presidente que ha realizado giras al exterior en aviones comerciales, con pasajes que puede comprar cualquiera (que tenga el dinero, claro).
Es uno de los Presidentes que más ha recorrido las provincias argentinas. Se destaca, especialmente, por no asistir solamente y, aveces, ni siquiera, a las capitales de provincias, algo rarísimo en un Presidente.
Es el Presidente que más leyes estratégicas para su gobierno, logró por consenso, estando siempre en minoría en ambas Cámaras. Que esas leyes no gusten, es otro cantar, pero en un país donde muy pocas leyes salieron por consenso (Obediencia Debida, Matrimonio Igualitario, Ley de Medios, Pago a los Fondos Buitres) es un activo valioso el ejercicio de esta táctica novedosa: que no hay por qué ubicar en el altar idiota de la deidad. El consenso, como la polarización, son tácticas: su administración es parte esencial del liderazgo político.

En parte por su ignorancia personal, en parte por desdén, en parte por culpa de clase, es el primer Presidente argentino que ignora abiertamente las nociones mínimas de la historia argentina: su colección de estupideces que van desde "pobres los independentistas, se habrán sentido mal al separarse de España" a "no tengo ni idea de cuántos fueron los desaparecidos (en la última dictadura militar)" quedará en la historia del ridículo, pero ha permitido que continúe el grueso de la política de derechos humanos y no ha entablado una puja para modificar los contenidos educativos, tal y como hicieron todos los gobiernos electos desde el retorno democrático. Con el tiempo, es probable que un poco de normalidad y algo de distanciamiento con las pasiones de la corrección política, sean valoradas. Lo veremos.


En la evaluación de su gobierno, en mi caso, la balanza se inclina por considerarlo uno de los peores que ha tenido el país desde el regreso de la democracia. No lo voté ni lo votaría, porque a las razones ideológicas (considero que su ideología es de una crueldad extrema) le agrego su brutal impericia, su autoritarismo y su corrupción endémica.
Sin embargo, es el emergente de una sociedad que está cambiando. Y refleja el sentir de una parte de la sociedad, que esperaba ésto.
Sin dudas, que Macri finalice su mandato será un triunfo para la democracia, porque habilitaría un nuevo tiempo: el de un neoliberalismo sustentable y transitorio en la alteridad significativa de la democracia y de una derecha democrática, que además, tiene novedosos y saludables componentes de liberalismo, que van desde el no reconocimiento del catolicismo como religión única a la aceptación del aborto, el divorcio, el nombramiento de funcionarios abiertamente homosexuales, la continuidad de los programas sociales, el reconocimiento de que el país no es solo ese conurbano que rodea Recoleta.
Y que nada es tan dramático.