Sobredosis en el peronismo entrerriano



Osvaldo Quinteros-. Mientras la verdadera grieta, que es la desigualdad social, crece, la dirigencia política entrerriana vive encerrada en un microclima de autodefensa. El debate electoral es un debate que no lo importa a nadie, más que a sus favorecidos, que se le alejan aún más de quienes dicen querer favorecer o representar.
La sobrevivencia en el poder es lo que mueve a todos los políticos, pero de vez en cuando los buenos políticos hacen algo por la gente. No es el caso en estos tiempos de hipermodernidad líquida.

El debate electoral en Entre Ríos va a estar condicionado por la situación nacional aún en el remoto caso de que se desdoblaran las elecciones, pero necesariamente habrá particularidades locales. Desde Cambiemos intentarán que la corrupción sea el eje dominante de la campaña. Desde el peronismo, intentarán que sea el narcotráfico.
El gran problema, como es obvio, lo tiene el peronismo. Porque instalar un tema como el narcotráfico, con las actuales posiciones ultraderechistas que dominan al justicialismo entrerriano en esta materia de debate mundial, es difícil si se sigue con la previsible monserga fascista recubierta de falso sanitarismo, dado que gobiernan desde hace 16 años. Uno de los éxitos de los discursos fascistas radica en que nunca se pongan efectivamente en práctica. Porque ahí es cuando se ve que el rey está desnudo: que la distancia entre los dichos y la realidad, entre los instrumentos y las metas a lograr, es una distancia tan abismal que solo quedan los eslóganes huecos. Como le pasa hoy a Macri cada vez que habla de economía diciendo estupideces del guión de Durán Barba para el año 2015, no para explicar una brutal devaluación, el aumento de la desigualdad social y la cada vez mas acentuada regresividad fiscal. ¿Quién puede creerse que la droga llegó a Paraná hace dos años? ¿Quién puede creerse que no hay más drogas en los barrios desde que el Juez Ríos decidió meter preso a un concejal?
La gente no es tonta. Incluso si tratan de tomarla por tonta, suele enojarse y votar enojada.
 Sin indicadores positivos para mostrar, el gobierno provincial solo puede apostar al ataque, como viene haciendo desde los medios oficialistas, contra Varisco. Tratando de ampliarlo a todo Cambiemos. Es evidente que no han leído bien la última derrota en Paraná.
¿O acaso los sindicados como narcotraficantes no estaban todos libres hasta el 2015? ¿Empezaron ahí su carrera criminal, si es que la hubiera?
Es difícil convencer a la gente de esto, pero también es difícil que en el cortoplacismo que caracteriza a la dirigencia política entrerriana, no se caiga en la tentación de vivir en un microclima. De hecho, ya les sucedió en el 2017. Casi ningún dirigente peronista en sus declaraciones públicas creía en la posibilidad de una derrota. Hasta el punto que hubo diez listas en la interna. Creían que las elecciones iba a ser pan comido para el justicialismo. Sin embargo, perdieron hasta en Concordia, por primera vez en la historia (en 1997 habían perdido el departamento Concordia pero no la ciudad, ahora, con una miembro del clan Cresto en la boleta, perdieron el departamento y la ciudad por primera vez en la historia).
El peronismo, a su vez, no está siendo inteligente: en vez de promover una mayor división en el seno de Cambiemos a partir del narcotráfico y las declaraciones de Patricia Bullrrich y el titular de la UCR Cornejo contra Varisco, los unifica.
En vez de contrastar las obras públicas realizadas por las intendencias peronistas anteriores a la actual mediocridad de la gestión Varisco, corre el eje y lo pone donde nadie les va a creer nada: el narcotráfico. Justo uno de los ejes que le hicieron perder la elección nacional, a partir de la candidatura de Aníbal Fernández en Buenos Aires por ejemplo.

Cambiemos, por su parte, no la tiene regalada. Porque la UCR tiene la tendencia a hacer brutales internas todo el tiempo. Y la desgracia de Varisco es no solo una alegría para Atillio Benedetti, que así muestra sus limitaciones como estratega, sino que los más variados personajes sin votos se suben a cualquier calesita bajo la creencia de que es mejor rifar las chances de ganar la provincia a cambio de una concejalía para su sector. Es difícil comprender la lógica autodestructiva de la UCR. Pero la crisis que vive en Entre Ríos, por ser la UCR el único partido real que estructura Cambiemos, pasó a ser una crisis de todo Cambiemos Entre Ríos. Mostrando, de paso, las carencias de liderazgo, si es que tiene alguno sin la chequera a la vista, de Rogelio Frigerio. Tal y como se marcó aquí en soledad cuando el Ministro de Obras Públicas, ahora amordazado en sus funciones por el FMI, era tratado como si fuera un príncipe consorte de enormes habilidades políticas.  Su suerte electoral está atada a la marcha del gobierno de Mauricio Macri, su liderazgo al interior de Cambiemos y del peronismo amigable, depende de la chequera y el látigo. El FMI le sacó la chequera. Así que se quedó también sin látigo.
El sector Pichetto-Urtubey ya no le responde porque viene siendo el sector mas castigado por el ajuste que pide el FMI. Lo previsible es que Bordet siga haciendo lo que hizo en las últimas semanas, de volver a rescatar al kirchnerismo y criticar luego de 3 años a Macri. Demasiado cortoplacismo. Al punto que Urribarri se instaló en la agenda pública buscando su reelección. Por ahora está abierta la interpretación jurídica.
Mientras tanto,  a la reforma política, tal y como adelantamos en soledad, se la tragó la tierra. Ahora lo único que le importa al gobernador es poder fijar por decreto la fecha de las elecciones. Para eso, tiene que negociar una ley con Urribarri.

En el medio de estos dos microclimas, el de la guerra interna de Cambiemos y la guerra interna del peronismo, está la gente. La que padece a diario la violencia que genera el narcotráfico, la policía, el Estado. Esta violencia no aparece en un ambiente puro y sereno, sino que la pobreza crónica, la desocupación, la indignidad de los planes sociales, la constante marginación de los bolsones de pobreza, son el caldo de cultivo para la actual indiferencia ante lo que hagan o digan los políticos profesionales. La gente común está preocupada por problemas reales, que se acumulan y a la vez, se agravan, agravando así la apatía y la bronca contenida.

Con un debate público inexistente sobre los temas que de verdad importan y con la profundidad que requiere, el vacío de esta ausencia de política lo llenan los jueces. Que no están capacitados para gobernar y que además, son muy mal vistos -con sobradísimas razones- por la gente. Mientras se multiplican los perejiles que van a la cárcel por robos menores, se siguen asesinando presos sin que jamás se investigue el putrefacto sistema represivo y en el medio, se quieren dar lecciones de moralidad pública o sanitaria. Típico de una dirigencia política sin ideas, sin proyecto, a la defensiva.



Está claro que además, el sistema político busca cerrar las compuertas para cualquier persona que quiera representar los intereses de la gente. A eso le llaman "Reforma Política Integral". Mejor dicho, le llamaban. Ahora discuten cuándo le conviene a cada político profesional que se haga el acto electoral.
Como si los guarismos económicos de hoy que condicionan el humor social fueran a ser los mismos para octubre del 2019. Como si el mundo no existiera....En noviembre, se reúne en Argentina, con presencia de los principales mandatarios del mundo, el G-20. Son los mismos que deciden en el FMI: ¿Van a dejar que la Argentina, que tiene la presidencia del G-20, se hunda en el default, los saqueos y la ingobernabilidad en medio de otra corrida cambiaria?
¿Van a permitir los Estados Unidos un recupero del "populismo" en Argentina, luego de que la crisis brasileña pareciera salirse de control por el encarcelamiento a Lula? ¿Justo cuando tambalea Ortega en Nicaragua, gira hacia el capitalismo con dictadura Cuba,Venezuela se hunde en la miseria y Ecuador vuelve a alinearse con la OEA, matando UNASUR y el ALBA?  ¿Van a dejar, justo en este momento, solo a Chile, que se quedó sin Perú como aliado estratégico por la renuncia de su corrupto presidente y la vuelta de los Fujimori a la trastienda del poder?
Por ahora, estos son interrogantes solamente. Pero son los interrogantes que definirán, quiérase o no, el futuro de Entre Ríos.