Revisionismo y Terrorismo de Estado

Gonzalo García Garro-. Hacia una nueva corriente revisionista comprometida con los Derechos Humanos. El “Revisionismo Militante Nacional y Popular”.


Es sin duda un sector más del revisionismo, no tiene nombre alguno hasta hoy, al menos que yo conozca y se me ocurre denominarla en este trabajo: “revisionismo militante nacional y popular”. Revisionista, porque su tarea fue negar la historia oficial, indagar e investigar la verdad histórica, más allá de los enunciados sacrosantos de la historia oficial. Militante, porque todos sus miembros fueron fundamentalmente hombres de acción, verdaderos intelectuales del pueblo, pero por sobre todo, hombres que privilegiaron la acción revolucionaria dentro del marco de diferentes organizaciones armadas y revolucionarias. Y por último, nacional y popular, porque todos ellos formaron parte y actuaron, con diferentes matices, dentro del campo nacional y popular, la inmensa mayoría dentro del peronismo. Entre ellos quiero mencionar y recordar:

a) Juan Domingo Perón (1895-1974). No haré en este texto referencias biográficas reiterativas, por lo demás conocidas por todos, del gran caudillo nacional sino, referirme exclusivamente a las contribuciones que el General hizo a la historiografía argentina.
Juan Perón, fue un hombre que tuvo una importante y sólida formación cultural que aparece desde su juventud. A los largo de su vida escribió innumerables libros de diversos géneros: doctrinarios, ensayos políticos, escritos militares, una riquísima y variada correspondencia con dirigentes del Movimiento cuando se encontraba en el exilio y, además las interesantes contribuciones históricas que paso ahora a detallar:
En 1972, y bajo el titulo de “Tres revoluciones militares” se publicó un libro que contiene tres ensayos diferentes sobre tres momentos históricos distintos de la historia argentina, tres golpes de estado: 1930, 1943 y 1955.
Al primero lo tituló “Lo que yo vi de la preparación y realización de la revolución del 6 de septiembre de 1930” y fue escrito en enero de 1931. Perón fue protagonista esa revolución que derrocó al Presidente Irigoyen, cuando era nada más que un joven capitán. En este ensayo, relata en forma de memorias, en primera persona, y con estilo  ameno los entretelones de ese golpe de estado, juzga con ironía a sus principales actores y termina sin poder ocultar su desilusión ante los frutos políticos recogidos. Este trabajo de Perón es en si mismo elocuente, ya que es poco frecuente que un joven capitán, que acaba de intervenir en el derrocamiento de un régimen civil se tome enseguida el trabajo de redactar un largo testimonio sobre su propia acción, y menos frecuente todavía, que allí exponga algunas ideas políticas notablemente claras. Allí está entonces ese ensayo histórico auténticamente revisionista, que sirve a los investigadores como fuente para comprender  la “revolución del 30”, sus alcances, entretelones y objetivos políticos.
Los siguientes tres capítulos del libro se refieren a la Revolución del 43 y contienen también especiales aportes para comprender ese momento histórico. En el primero de ellos Perón admite haber escrito de puño y letra el manifiesto revolucionario, en el siguiente expone sin trabas el papel cumplido por el GOU y en el último configura su propia concepción ideológica democrática y nacionalista.
El último de estos ensayos testimoniales históricos que contiene el libro se llama “Para la historia política argentina de los últimos veinte años” y, como se sugiere desde el título mismo, es un ensayo de carácter histórico. Está escrito desde el exilio español y al inicio rememora los dos primeros gobiernos peronistas y sus logros para luego hacer una amarga reflexión sobre las consecuencias del golpe gorila del 55. Relata crudamente esta conspiración y de la manera que se consumó el golpe de estado que derrotó el gobierno popular por él presidido.
Es también durante los primeros años de su exilio que Perón escribe tres libros de denuncia que tienen además un alto valor testimonial e historiográfico. Los tres textos son mas o menos del mismo tenor: “La fuerza es el derecho de las bestias”, “Del poder al exilio. Como y quienes me derrotaron” y “La realidad de un año de tiranía”. En estos trabajos Perón denuncia los mecanismos que implementó el imperialismo a través de la oligarquía local para derrocarlo. La tentativa del 16 de junio y los bombardeos a Plaza de Mayo. La cuestión clerical. El papel de la Marina. Estas páginas también son un alegato y una defensa a los derechos humanos violados durante la tiranía de la llamada “Revolución Libertadora”. Denuncia los padecimientos y las torturas sufridas por los peronistas en las cárceles, los fusilamientos y las persecuciones, así como las complicidades de los políticos de turno en el avasallamiento a los derechos del pueblo. Dedica algunos capítulos de esos libros a desmentir las calumnias y falsedades inventadas por la dictadura sobre sus gobiernos y termina realizando un análisis de la penetración económica imperialista a partir del golpe.
Así, Perón nos ha dejado otra herencia y otra bandera para levantar: sus aportes a la historiografía a través de esos trabajos mencionados que, de alguna manera anticiparon y fundaron el revisionismo histórico peronista militante.

b) John William Cooke (1920-1968). Con el paso del tiempo la figura y el pensamiento revolucionario de Cooke adquieren una dimensión invalorable, transformándose a mi entender, en el verdadero arquetipo del militante peronista. Por esta razón es que me detendré primero en una necesaria crónica de su vida, para luego profundizar en sus trabajos como historiador.
Nace en la ciudad de La Plata, en el seno de una familia radical. Por esta razón comienza su militancia política en las filas del radicalismo provincial participando en las luchas contra el conservadorismo bonaerense. Luego se incorpora a FORJA. Refiriéndose a esa etapa su compañera Alicia Eguren apuntó: “radical, nacionalista, popular, forjista, lleno de secreta y contradictoria admiración por quienes militaban en nombre de a gran revolución de Octubre”.
El padre de Cooke, Juan Isaac, fue Ministro de Relaciones Exteriores en 1945 y estuvo involucrado en la batalla política y diplomática contra el embajador de los Estados Unidos, Braden. En ese período John William fue el asesor más cercano y firme de su padre para resistir las presiones de la embajada norteamericana.
Cuando se produjo la movilización del 17 de Octubre, Cooke se estaba graduando de abogado. Comprendió agudamente el nacimiento del Movimiento Peronista en esa gesta histórica y se encolumnó en sus filas. En las elecciones de 1946 fue electo diputado, tenía solamente 25 años. Su discurso vehemente, y los conocimientos legales adquiridos, le permitieron jugar un papel muy relevante en el Congreso.
Pensamiento crítico e independiente fue uno de los pocos que rechazaron la idea de que la lealtad a Perón debía transformarse en servilismo. “Un joven jacobino solitario en un parlamento tímido y heterogéneo que representaba la retaguardia de las masas que acaudillaban Eva y Perón”, así, lo definía Alicia Eguren en esa etapa.
Durante el segundo gobierno peronista, Evita le ofreció ser el editor de “Democracia”, pero Cooke temió que ese trabajo pudiera coartar su independencia política. Rechazó la oferta y le confió a sus amigos: “No quiero terminar peleándome con esas corte de obsecuentes”. Ganó una cátedra de Economía Política en la Universidad de Buenos Aires y sacó su propia publicación: “De Frente” que se subtitulaba “testigo insobornable de la realidad mundial”. A través de su revista comenzó a criticar la burocracia sindical y partidaria y así para muchos peronistas se convirtió en la conciencia moral, política y revolucionaria del movimiento. De esta manera Cooke mismo se transformó en una figura destacada de la línea más militante e intransigente dentro del peronismo; sin desafiar los objetivos políticos del peronismo, pero adoptando una línea dura de cómo defender el régimen peronista cuando la oposición aumentaba.
En los bombardeos a la Plaza de Mayo en junio del 55 se lo vio pistola en mano defendiendo al gobierno popular. Pasado los bombardeos, Perón lo convoca y es designado Interventor del Partido Peronista en la Capital Federal. Desde ese espacio y contradiciendo las autoridades burocráticas del partido comienza a organizar las milicias populares, esas actividades insipientes de lucha armada, formarían  la base de la primeras acciones de la Resistencia Peronista.
Luego que el golpe gorila triunfara, Perón escribió desde el exilio que:”El doctor Cooke fue el único dirigente que se conectó a mi y el único que tomó abiertamente una posición de absoluta intransigencia como creo yo que corresponde al momento que vive nuestro Movimiento. Fue también el único dirigente, que sin perdida de tiempo construyó un Comando de Lucha en la Capital que confió a Lagormarsino y Marcos, mientras el estuviera en la cárcel. Fue también el único dirigente que mantuvo permanente enlace conmigo y que, pudo llegar siempre a mi con sus informaciones y yo a él con mis directivas.”
Un policía que el creía confiable lo denunció y fue arrestado en la casa de su amigo el historiador José Maria Rosa. Estuvo detenido en la Penitenciaria Las Heras donde sufrió simulacros de fusilamiento con inaudito coraje. Luego recluido a la cárcel de Rió Gallegos logra escaparse vía Chile con otros peronistas.
En noviembre de 1956 Perón envía una carta desde Caracas donde el Líder le otorga su absoluta confianza, esta carta afianza a Cooke en la conducción táctica del Movimiento: “En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero, y sus decisiones tienen el mismo valor que las mías. En caso de mi fallecimiento, en él delego el mando”.
Fue parte esencial de las negociaciones de Perón con Frondizi para que el Partido Peronista le diera en las elecciones el apoyo a éste. Y, en febrero de 1958 fue signatario del pacto celebrado junto con Perón, Frondizi y Frigerio.
A fines de los cincuenta comenzó a impresionarse profundamente por los resultados de la Revolución Cubana recién triunfante. Abordó entonces la posibilidad de sostener la guerra de guerrillas como un medio para resolver, a largo plazo, las contradicciones dentro del movimiento peronista y la sociedad argentina. La primera iniciativa de guerrilla rural en Argentina, la de los Uturuncos peronistas, que operaron brevemente en Tucumán a fines de 1959, estuvieron bajo la influencia política de Cooke pero no bajo su liderazgo personal. Y, sin duda tuvo también cierta asociación con Jorge Ricardo Masetti del Ejercito Guerrillero del Pueblo (EGP) de 1963-1964, un foco guerrillero guevarista que incluía peronistas y operaba en Salta. Pero la mayor contribución de Cooke a la convergencia peronista- guevarista, que fue tan importante en la década siguiente fue más bien de tipo ideológico.
A esta altura, Cooke planteó abiertamente sus diferencias con Perón en 1962. Sin embargo, nunca cuestionó explícitamente el liderazgo global del líder del movimiento y continuó luchando por el retorno de Perón al poder en la Argentina.
Su libro de mayor influencia, “El peronismo y el golpe de Estado, informe a las bases” es un lucido análisis del golpe del 66 y del movimiento peronista que llevaba ineludiblemente a los lectores a una discusión sobre las tareas revolucionarias.
Murió  joven, de un cáncer incurable, en La Habana en 1968, tenía 48 años. Sus principales libros no empezaron publicarse abiertamente hasta tres años después de su muerte, aunque algunos de sus textos lograban circulación clandestina entre la militancia.
En lo que se refiere a los aportes historiográficos de Cooke, él, como peronista militante, tenia plena conciencia del valor del conocimiento del pasado histórico para la comprensión del presente. En uno de sus deslumbrantes discursos en la Cámara de Diputados, en ocasión de un homenaje al historiador Saldías, denunció la mentira de la historia oficial: “Nuestra historia Señor Presidente, fue maliciosamente deformada por el grupo dirigente que, después de la caída de Rosas, se encaramó en los comandos económicos, políticos y sociales. Ella no ha sido falseada sin motivos; ya que la oligarquía argentina ha sido muy cuidadosa. Cada vez que conquistó el poder, ya sea en la época de la oligarquía del puerto de Buenos Aires, la oligarquía iluminista directorial, ya sea después del 53, una vez que tuvo en sus manos los medios de dirigir al país, no descuidó el comando conceptual, el dominio de las ideas. Al mismo tiempo que consumaba la tremenda entrega económica del país, de la que recién ahora estamos saliendo, consumó la entrega conceptual ligándonos a una serie de dogmas que han constituido uno de los eslabones mas pesados de la cadena del yugo extranjero”. Como leemos, estas palabras son típicas de un discurso revisionista.
Cooke representaba la interpretación popular revisionista de la historia argentina que había ganado terreno en la década del 30 con el nacionalismo y FORJA  presentando una alternativa a la versión liberal de la oligarquía. “Creemos que solamente se puede obtener la liberación nacional a través de la destrucción de esos dogmas históricos falsamente fabricados”, agregaba en su discurso parlamentario.
Es decir que Cooke asumía una deuda intelectual con el movimiento revisionista histórico, es uno de los pilares de su pensamiento que profundizará en el transcurso de su accionar revolucionario posterior.
Así fue miembro del Instituto Juan Manuel de Rosas, en cuyo salón disertó en varias oportunidades con su elocuencia de siempre. Fermín Chávez recuerda entre otras conferencias a “Rosas y los liberales”, “La Triple Alianza y la Guerra del Paraguay” y ”La leyenda del terror” todas ellas dadas ante una nutrida concurrencia que aplaudía al atractivo orador que era Cooke.
En el curso del año 1954 fue miembro fundador de la Organización Popular por la Repatriación de los restos de Rosas. Integró su Consejo Plenario junto con figuras tales como José Maria Rosa, Ernesto Palacio, Carlos Ibarguren, Manuel Gálvez y Fermín Chávez. Y en la asamblea general del Instituto en el mismo año, fue electo Vicepresidente de la institución. Como Presidente resultó designado su amigo José Maria Rosa.
Pero es en su libro capital “Apuntes para la militancia” de 1964, donde Cooke logra su síntesis como pensador nacional y militante peronista. Este texto, que en realidad son verdaderos apuntes, tuvo un origen bien concreto: la tentativa de acercar a las bases del movimiento, es decir a la clase trabajadora peronista, una visión histórico - política comprensible. Se trata de apuntes didácticos, escritos con alto sentido crítico, en los que el lector, puede encontrar la articulación del presente con el pasado de una manera clara y concisa. El texto de un luchador incansable dirigido a militantes interesados en conocer una versión nacional, popular y revolucionaria de la historia argentina.
Cooke busca en la historia argentina los orígenes del Peronismo y los encuentra. Desde ya participa de una concepción revisionista de la historia en tanto recuperación de una concepción nacional antioligárquica y antiliberal. Insiste en la demostración de cómo movimientos nacionales antecesores del Peronismo: el federalismo de Rosas, las montoneras del Chacho Peñaloza, Felipe Varela y López Jordán; y el radicalismo de Yrigoyen fueron derrotados en la lucha librada en la estructura semicolonial de la Argentina. Es decir, “la historia como experiencia imposible para el político, y la analogía sirviendo de instrumento de concientización de las masas, posibilitando una nueva estrategia de poder que no repita los errores histórico-políticos allí analizados”.

c) Francisco Urondo, nació en Santa Fe en 1930. Poeta, periodista, académico y militante político, Paco Urondo dio su vida luchando por el ideal de una sociedad más justa. Su obra poética comprende Historia antigua (1956), Breves (1959), Lugares (1961), Nombres (1963), Del otro lado (1967), Adolecer (1968) y Larga distancia (antología publicada en Madrid en 1971). Ha publicado también los libros de cuentos Todo eso (1966), Al tacto (1967); Veraneando y Sainete con variaciones (1966, teatro); Veinte años de poesía argentina (ensayo, 1968) y Los pasos previos (novela, 1972).
En 1973, edita “La patria fusilada,” esta es su producción historiográfica, de carácter periodístico, es un libro de entrevistas sobre la masacre de Trelew del 72, que Urondo le hace a los sobrevivientes, un verdadero libro testimonial. “La patria fusilada” prestó un servicio enorme para desenmascarar lo que había sido la dictadura de Lanusse que llevó a cabo ese fusilamiento en masa que los militares lo explicaron falazmente como “un enfrentamiento”. Urondo murió en Buenos Aires en junio 1976, enfrentando a la  dictadura militar. "Empuñé un arma porque busco la palabra justa", dijo alguna vez.

d) Roberto Carri. Nació en 1948. Sociólogo, docente de la Facultad de Filosofía y Letras, militante peronista, publicó algunos ensayos sociológicos  entre otros “Sindicatos y poder en Argentina” y “Las luchas del peronismo contra la dependencia”. Su obra revisionista, militante y peronista es “Isidro Velásquez, formas revolucionaria de violencia”, de 1968. En ella investiga y narra la verdadera historia de Isidro Velásquez que es muerto en una emboscada arteramente por la policía del Chaco en 1967. Desmitifica la historia oficial de un Velásquez calificado como delincuente y encuadró el caso Velásquez como una rebelión espontánea de los sectores populares, formas violentas y prerrevolucionarias que no adoptan un manifiesto contenido político pero que indudablemente lo tienen.
Carri es secuestrado junto con su compañera en el año 1977. Integra la larga lista de militantes desaparecidos durante la última dictadura militar.

e) Rodolfo Ortega Peña (1936-1974). Abogado, periodista, defensor de presos políticos, diputado nacional, e historiador. Su socio en el estudio jurídico y amigo personal, el actual Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luís Duhalde lo describe de la siguiente manera:
“'Recibido de abogado a los 20 años, haciendo al mismo tiempo la carrera de Filosofía, estudiando luego Ciencias Económicas; polemizando con Julián Marías sobre la ontología de Unamuno; con Carlos Cossío sobre la teoría ontológica del derecho; con Tulio Halperín Donghi sobre la significación del Facundo: con Marechal y Sabato sobre la estructura de la novela; con Córdova Iturburu sobre las pinturas rupestres de Cerro Colorado; pocos casos debe haber en nuestro país de un intelectual con tanta capacidad y actividad interdisciplinaria. Al mismo tiempo, con tan poco interés en dedicar su vida prioritariamente a cualquiera de esas disciplinas, pese a haber sido hasta el fin, un ávido y obsesivo lector de todas ellas, en castellano, inglés, francés, alemán, italiano, portugués, latín y griego”.
Publica conjuntamente con Eduardo Duhalde varios trabajos historiográficos revisionistas que despertaron polémica en los sesenta: “El asesinato de Borrego”, “Felipe Varela contra el Imperio Británico” y “Facundo y la montonera”. Todos estos textos fueron importantes contribuciones muy documentadas  para el revisionismo histórico.
Pero nos interesa destacar como libro de corte “revisionista y militante” el que también escribe conjuntamente con Duhalde en 1965: “Felipe Vallese, proceso al sistema”. La primera edición no tuvo circulación comercial y fue patrocinado clandestinamente por la Unión Obrera Metalúrgica, la segunda edición de Editorial Sudestada data del año 1967. En este libro apasionante se denuncia la desaparición y muerte de Felipe Vallese, un joven militante peronista del gremio metalúrgico que fue secuestrado y luego asesinado por la policía. Felipe Vallese fue el primer caso de un desaparecido obrero en la historia argentina y le cupo a Ortega Peña hacer la denuncia pública del caso en este memorable libro que conmovió toda una generación.
Ortega Peña, fue asesinado a balazos en el año 1974, a plena luz del día por la Triple A. En el momento de su muerte era diputado nacional.



f) Eduardo Luis Duhalde. Jurista e historiador de larga y combativa militancia en el movimiento peronista. Tiene publicada más de 20 obras algunas escritas en conjunto con Ortega Peña.
Eduardo Luis Duhalde tuvo una reconocida actividad como abogado defensor de presos políticos. Ha sido distinguido con el Premio Internacional que otorga la Asociación Pro-Derechos Humanos de España. Fue juez de Cámara de los Tribunales Orales de la Ciudad de Buenos Aires y consultor de derechos humanos de las Naciones Unidas. Fue Secretario de Derechos Humanos de la Nación, falleció en 2012.
“El Estado Terrorista Argentino” es su obra más lograda y reconocida. En diciembre de 1983 este libro fue editado por primera vez. Desde entonces hasta ahora, la obra constituyó una referencia obligada en todo análisis del modelo represivo instalado en Argentina desde marzo de 1974.
Durante largo tiempo la obra permaneció agotada e inhallable. Su reedición vino con un trabajo complementario: “Quince años después, una mirada crítica”, en el que Duhalde intenta desentrañar la lógica subyacente en el comportamiento político de los actores sociales y en las concepciones inherentes al bloque civil que sustentó el modelo represivo. Es un texto auténticamente revisionista, honesto, polémico y desafiante de lectura ineludible para comprender la sociedad argentina de los últimos años.

g) Rodolfo Walsh. (1927-1977). Escritor, periodista y fundamentalmente militante de la causa peronista. Nació en una localidad cercana la Choele-Choel en la Provincia de Rió Negro. Su infancia transcurre en el seno de su familia de origen irlandés muy conservadora. Luego por razones económicas es internado como alumno pupilo en un colegio irlandés, de esa experiencia, nace una de sus primeras obras literarias, la saga de “Los irlandeses” que contiene uno de sus mejores cuentos “Un oscuro día de justicia”. Durante un tiempo trabaja como redactor y corrector de diferentes publicaciones hasta que escribe “Operación Masacre” obra fundacional que modificará la vida de Rodolfo Walsh comprometiéndolo definitivamente en la literatura política, relación esta (política y literatura) que se planta en la vida de Rodolfo Walsh como una continuidad hasta su desaparición.
Su actividad como periodista es expansiva y abundante. Mientras vivió una temporada en Cuba fundó allí “Prensa Latina”. En 1968 a pedido de Perón fundó y dirigió durante un tiempo el semanario de la “CGT de los Argentinos” que conducía en ese entonces Raymundo Ongaro. Ya definitivamente incorporado a la organización Montoneros funda y dirige el diario “Noticias” conjuntamente con su amigo Paco Urondo. Y, durante la dictadura de Videla funda la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA).
En lo que se refiere a su producción revisionista y militante, es preciso referirse a tres de sus libros. “Operación Masacre” (1957). Obra maestra del periodismo de investigación, que es además una joya desde el punto de vista literario. Verdadero trabajo de revisión y de desenmascaramiento de la historia oficial. Según Felipe Pigna “es un libro que inicia el movimiento político literario de la novela testimonial”. En el mismo se relata en primera persona, los fusilamientos producidos a civiles en la localidad de León Suárez por el régimen militar de Aramburu en ocasión a la frustrada sublevación militar liderada por el general Valle. Estos hechos eran negados por la dictadura, pero de alguna manera entrevistos por el Pueblo, los textos de Walsh confirmaron esa percepción intuitiva de lo popular. Fue un autentico trabajo de revisión, de investigación, basado en la tradición oral que le relató uno de los sobrevivientes de la masacre. Este trabajo de Walsh es también una denuncia a lo que hoy conocemos como terrorismo de estado y un tema de Derechos Humanos, porque los fusilamientos fueron ilegales, cometidos por fuerzas de seguridad del Estado a civiles desarmados y bajo la órdenes políticas y supervisión de los integrantes de la dictadura militar de Aramburu. Y es igualmente una acusación de complicidad a la Justicia y a los medios.
“El caso Satanoswsky”(1958). En este libro se evidenció que un grupo de matones de la Side asesinaron al abogado Satanoswsky debido a oscuros intereses relacionados a la propiedad del diario La Razón. Nuevamente la misma temática: terrorismo de Estado y violación de Derechos Humanos.
Y por último “¿Quién mató a Rosendo García?”(1969), tercer relato testimonial de Walsh donde se narra el asesinato de un dirigente sindical de la Unión Obrera Metalúrgica en un confuso tiroteo en Avellaneda. Queda demostrado en ese trabajo de investigación la responsabilidad de la burocracia sindical confabulada con la policía.
No estaría completa esta referencia de la obra de Walsh si no se menciona la "Carta Abierta a la Junta", escrita el 24 de marzo de 1977. Fue uno de los actos de libertad más trascendentes en tiempos de la dictadura, y significó su sentencia de muerte que, según se reconstruyó luego, ocurrió un día después. La carta contiene un crudo y lúcido relato del primer año de gestión del gobierno de facto y quedó como un testimonio histórico, que fue a la vez el último acto de un hombre que entregó su vida por su causa política. En efecto, el 25 de marzo de 1977 caminaba, con copias de esa carta en su maletín, por la avenida Belgrano y Entre Ríos en Buenos Aires cuando un grupo de Tareas de la ESMA lo acorraló con la intención de secuestrarlo. Uno de los integrantes del grupo, el capitán Alfredo Astiz, era el encargado de correr tras el escritor y derribarlo. Según las reconstrucciones, Astiz falló y eso le dio tiempo a Walsh a sacar un revólver calibre 22, que llevaba siempre encima, e hirió en una pierna a uno de sus secuestradores, mientras recibía varios disparos en su cuerpo que le dieron muerte en ese lugar.
Según testimonios, su cuerpo fue trasladado a la ESMA y no fue hallado posteriormente. Junto con él desaparecieron muchos valiosos manuscritos y apuntes. El día anterior había escrito lo que sería su última palabra pública, la referida “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar” que comienza de la siguiente manera, así escribía Rodolfo Walsh:
“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron”.

Hacia una revisión histórica militante nacional y popular

Podemos advertir que existe una corriente o una tradición dentro del revisionismo, que se me ocurre llamar “militante y nacional y popular” tradición ésta, plenamente comprometida con los Derechos Humanos y consustanciada con las luchas populares.
A esta tradición militante y contestataria tiene que apelar hoy el revisionismo. Preocuparse ahora por reinterpretar la historia argentina de los últimos 60 años sobre la premisa ideológica de contribuir a la Verdad y a la Justicia de esta sociedad que ya ha logrado consolidar la democracia, pero que es preciso afianzarla con el conocimiento de la Verdad de lo acontecido. Alfonsín, Menem, De la Rúa y los gobiernos kirchneristas son las próximas batallas por la historia. Y debemos hacerlo desde nuestra mirada.
Cada generación tiene una mirada original sobre el pasado, la mía, será la llamada generación del 82 destinada a arraigar y disfrutar la democracia conseguida por las generaciones anteriores. Nos interesa el pasado, queremos controlarlo nosotros. No estamos dispuestos a consumir más la verdad histórica asesinada. No permitiremos tampoco que los vientos neoliberales que soplan nos roben el discurso político como herramienta de construcción social ni que cultiven la desmemoria para cimentar el poder del status quo dominante.
En el fondo es un tema de poder, una disputa por el espacio de la historia, una contienda por el valor de la palabra, que mi generación no deberá perder si quiere ser dueña de su destino.