Prostitución: la doble moral feminista



Antonina Della Marisa-. ¿Por qué se prohíbe el trabajo sexual? ¿Es lo mismo la trata de personas que la prostitución? ¿A quiénes beneficia la prohibición de estas prácticas? Estos son algunos de los interrogantes que hay que tener en cuenta cuando hablamos de Trata de Personas y de prostitución.

Cuando en el año 2012 la mayoría de los municipios entrerrianos clausuraban los boliches conocidos como "prostíbulos" era frecuente escuchar que la ruta 14 era un escenario de trata, y que las wiskerías se reconvirtieron en bares y continúan el negocio ligadas a moteles o departamentos privados. Se decía por entonces -desde la propia policía- que la provincia de Entre Ríos en Argentina, pegada a la República del Uruguay, recibe tráfico interno de chicas de Santa Fe (provincia vecina, también en Argentina) a la par que es fuente de "captación de víctimas de trata sexual destinada a otras regiones, y que los grandes eventos son un imán para tráfico y trata de menores y mayores", según declaraciones oficiales de la policía de Entre Ríos.
Para la policía provincial, y también para la mayor parte de la dirigencia política que se pronuncia sobre el tema, el trabajo sexual va ligado a la trata de personas.
Este tipo de razonamiento permite la represión policial a las mujeres que elijen la prostitución como modo de vida, a pesar de que en el año 2003 la legislatura entrerriana derogó el artículo 45, inciso 4, de la ley de Contravenciones 3815, que facultaba a la Policía para detener y juzgar a las prostitutas callejeras, aboliendo la división de poderes y el Estado de Derecho (aclaremos que la eliminación de ese artículo no le quita inconstitucionalidad a la ley para que el policía sea legislador, Poder Ejecutivo, juez, fiscal, testigo, jurado y cámara de apelaciones, conocida como de Contravenciones). Ese artículo databa de 1952 y le permitió - es ingenuo creer que aún no lo siguen haciendo- tener una gran caja recaudadora a la policía.

A su vez, esta mezcolanza de conceptos solo logran que se produzcan actos de "cotillón" por parte de la dirigencia política gritando a los cuatro vientos que todos los esfuerzos están en pos de erradicar la "trata", sin embargo aún se desconoce el paradero de Fernanda Aguirre y aún está sin resolver el asesinato y descuartizamiento de Jessica Paola Dos Santos aparecida en el barrio Bajada Grande de Paraná en el 2016. Jessica era una mujer de la calle que ejercía la prostitución.

Cuando se habla de prostitución suele haber muchos prejuicios, suelen surgir muchas preguntas estereotipadas, llenas de prejuicios por desconocer, por naturalizar cosas que no son.
El primer prejuicio es en torno a la figura del "cliente". Se suele pensar que los clientes son hombres violentos, que  exigen todo y que las trabajadoras sexuales por miedo a no ser violentadas tienen que cumplir. Sin embargo, durante el último Encuentro Nacional de Mujeres, en un taller donde se trató la problemática, la mayoría de quienes estaban ahí y contaron su experiencia en primera persona sostuvieron que el cliente en la mayoría de los casos no es violento. Es más, de todas las trabajadoras sexuales que estaban ahí, ninguna había sufrido un hecho de violencia por parte de algún cliente, y muchas contaron que la mayoría de las veces reciben regalos de ellos, las invitan a comer, y afirmaban que han sido mucho más amables que anteriores novios que han tenido. Por otra parte, algo no conocido y tratado también como un tabú es que muchas trabajadoras sexuales tienen muchos clientes con discapacidades de distinto tipo.

En Argentina, el trabajo sexual no está prohibido pero tampoco permitido, y existiendo ese vacío legal las mujeres que elijen este camino como forma de vida no tienen derechos y constantemente se confunden delitos como la trata de personas y el proxenetismo, con actividades lícitas como el trabajo sexual de mujeres mayores de 18 años que ejercen por voluntad propia, que han tenido que ingeniárselas para salir de la calle y esquivar la represión moral y policial. Por eso muchas recurren a las redes sociales y ofrecen sus servicios bajo el nombre de escorts.
Sin ningún tipo de explicación lógica estas mujeres siempre han sido criminalizadas y estigmatizadas. Esta estigmatización no suele provenir de los varones, sino que se da básicamente desde las mujeres, sobre todo de aquellas que dentro del movimiento feminista dicen llamarse "abolicionistas", pero por otra parte, dentro del movimiento hay quienes sostienen la necesidad de reglamentar el trabajo sexual.
Cualquier crítica al trabajo sexual -sobre todo desde la izquierda- tendría que incluir una crítica al trabajo en general. ya que todo trabajo es explotación en el sistema capitalista. Gran parte de la izquierda se opone al trabajo sexual porque, dice, sería funcional al capitalismo, como si todos los demás trabajos no lo fuesen. Ese argumento es ridículo. Pero más ridículo es que la policía y la hipocresía de la derecha lo utilicen para reprimir y extorsionar a las trabajadoras sexuales. Todo lo cual es posible en la medida en que se siga estigmatizando el trabajo sexual: una sociedad pacata, medieval, desconectada del mundo, provinciana y rural en sus tradiciones, es funcional al lado oscuro de la prostitución. Lado oscuro que lo tiene, es innenagle. El punto es si los prohibicionistas, como en tantos otros temas, colaboran por "erradicar" la trata o en el fondo son funcionales a ese entremado delictivo. A las pruebas me remito.

Hoy que Argentina debate ponerse en igualdad jurídica con el resto del mundo en torno al aborto, surge el argumento obvio del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Ese derecho,. ¿no comprende también la prostitución?
Quienes defendemos el aborto legal no es porque sí o sí querremos abortar, sino para que quienes quieran hacerlo, no mueran por ello al hacerlo clandestinamente. Lo mismo sucede con el trabajo sexual. Acá es donde se pone en cuestión las leyes y el discurso de lucha contra la "trata".
Las políticas represivas antitrata, tal como son concebidas actualmente -desconociendo el trabajo sexual- condenan a todas las mujeres por igual y con la excusa de perseguir proxenetas terminan castigando y deteniendo a las trabajadoras sexuales.
No es con prohibición como se solucionan las cosas.
El trabajo sexual existió desde tiempos remotos y lo va a seguir haciendo. La prohibición del mismo sólo fortalece su clandestinidad, lo que entre otras cosas significa la impunidad legal para los clientes golpeadores.

Mirando las legislaciones de los países mas avanzados en cuanto a libertades civiles, no vamos a encontrar ni el vacío legal de Argentina, que ya sabemos a quiénes beneficia con su hipocresía, ni mucho menos la legislación trucha, inverosímil y favorecedora de la extorsión, como tiene Entre Ríos.
El silencio en torno a este debate, no es ingenuo. Es complicidad. No solamente hipocresía.