Por una feria de libros sin mercaderes



Joakito-. El surgimiento de las ferias del libro, tal y como las conocemos hoy, se remonta al siglo xv, cuando se consolidaron los negocios cada vez más activos entre los editores, impresores y libreros que participaban en las ferias mercantiles de Europa. Desde ese momento quedó en claro que la distribución del libro necesita del librero para la venta al por menor y para las ventas al por mayor como distribuidor e importador.

Siguiendo esta dinámica surgió de manera gradual una estructura ferial para el comercio del libro. Como resultado de este fenómeno aparecerían en diferentes puntos del Viejo Continente las primeras grandes ferias del libro, como la alemana de Frankfurt; actualmente las ferias de libros no han cambiado respecto a sus antecesoras en lo referente al modelo comercial, aunque sí lo han hecho en cuanto a su estructura organizativa y sus objetivos.



Hoy, el libro en su doble condición (bien económico y cultural) y en sus múltiples formatos se exhibe en exclusiva en los recintos feriales o en espacios públicos adaptados para ello. La mayoría de las ferias son organizadas por entidades gremiales con el concurso de los gobiernos nacionales y municipales, cuentan con el presupuesto de organismos públicos y de los gremios de editores
y libreros o de empresas privadas.
Existen tres tipos de ferias del libro: las internacionales, las nacionales-locales y las especializadas. La Feria del libro de Paraná -una buena iniciativa de la gestión municipal de Blanca Osuna y continuada con buen tino por Varisco- siempre, aunque no se manifestaba de esta manera, tuvo como objetivos el poder impulsar la lectura, acercar los libros a grandes públicos, fomentando su presencia por medio de diferentes actividades de la programación cultural y promoviendo la circulación y la bibliodiversidad.
Esto se continúo hasta que, en el 2017 debido a la cercanía con el proceso electoral, el municipio no se hizo cargo de la organización, si bien desde el municipio pidieron postergarla, el capricho de los dueños de las librerías y de algunos editores locales se impuso, entonces la Feria del Libro se realizó de todas maneras. Al no contar con el apoyo institucional, careció de todo sentido, y solo se dedicó a la venta de libros. Es decir fue una Feria del Libro sin lectores, convirtiendo el hecho cultural que significa una Feria del Libro en una fenómeno comercial.
Este año, los mismos libreros y editores que se encapricharon el año pasado pretenden que la Feria nuevamente sea una instancia comercial y no política y cultural. No solo quieren cambiar de lugar -proponen el centro de la ciudad en vez de la Sala Mayo- sino que también quieren que el municipio se haga cargo del alquiler de carpas, el armado de stands, la seguridad, la luminaria, el sonido, el escenario para shows musicales y a su vez, ser ellos los que decidan quiénes son los escritores que deben ser invitados a la Feria. Estos libreros y editores, fundamentan sus pedidos, no en una cuestión de desarrollo cultural sino en una cuestión numérica: alegan que la Cámara del Libro informa sobre las caídas de las ventas en el 2017 y que esta tendencia se agrava con los números a la baja en el consumo de junio de este año. Ante estos planteos cabe preguntarse:¿Tiene la Feria del Libro que reducirse a esa eterna dinámica de compra y venta de libros? ¿No podría transformarse en un dinamizador  del fomento de la lectura y de la circulación del libro?
La industria editorial (editores, libreros y autores) protagonistas de la Feria del Libro, debe entender que este espacio no constituye un episodio comercial coyuntural, que va ligado a los vaivenes de la situación económica o política de la región o a los cambios en las decisiones culturales. Es necesario que entre todos, se entienda, a la Feria del Libro como un espacio para construir políticas culturales, que posibiliten  incrementar las audiencias, formando lectores, y auspiciando la diversidad cultural  brindando una oferta plural al público paranaense. Hay que aprender que deben ser los lectores los protagonistas absolutos de la feria del libro y no el dinero.


No se trata de discutir con el municipio si la feria  debe hacerse en tal o cual lugar, de lo que se trata es de convertir a la ciudad de Paraná en una gran librería, en una biblioteca y en un gran
taller literario. Hasta no hace mucho tiempo atrás, las personas visitaban las ferias de libros solamente para comprar libros o pasear por los pabellones y la oferta cultural y las actividades de promoción de la lectura eran mínimas. Por suerte, esta tendencia se ha revertido por lo que es necesario pensar entre todos propuestas en torno a la lectura y llenar la feria del libro de educación y cultura.

El libro no puede ser entendido solamente como un objeto de valor comercial al que se accede con dinero, ni mucho menos la Feria del Libro debe pensarse como un Shopping a Cielo Abierto. Es necesario que entendamos a la lectura como un derecho humano que permite el ejercicio pleno de la democracia, por eso son importantes el acceso al libro y a la lectura como factores culturales y educativos vitales para el desarrollo humano, la Feria del Libro de Paraná debe procurar cumplir un papel social, de inclusión y no ser sólo una actividad turística comercial que se realiza un fin de semana largo aprovechando que vienen porteños y cordobeses a la Fiesta de Disfraces, la Feria del Libro tendría que ser uno de los eventos culturales mas importantes de la ciudad aprovechando el gran patrimonio de escritores con el que cuenta la provincia y fomentando el desarrollo de nuevas generaciones de lectores.