Por qué fracasó Venezuela

Lucas Carrasco-. Difícil abordar este tema porque sostener posiciones de izquierda hoy se toma como sinónimo de cobardía intelectual, chamuyos en latín o choreo con alaridos tribuneros. Bue, es la clásica demagogia del paisaje intelectual: antes era peor, antes se escondían genocidios en nombre de "no hacerle el juego a la derecha".





Con el precio del dolar planchado en relación al peso argentino, Hugo Chávez llegó como exótico Presidente de Venezuela para reunirse con su par argentino, Carlos Menem. Pasó desapercibido, a pesar de que mantuvo reuniones públicas con líderes carapintadas que, en los años 90, veían en él a alguien que se alzó contra la democracia innatamente "corrupta"; parte de la "partidocracia".
Cierto sector de la izquierda peronista setentista, filofascista y marginal, lo miraba con atención. Pronto anunciarían una estrambótica alianza entre ex montoneros y carapintadas, junto a ex combatientes del ERP que hoy en día están en Cambiemos. Mejor ni nombrarlos.
El Partido Comunista Argentino, que recibía un generoso aporte de Cuba -no tanto por lo cuantioso del aporte, sino por lo escueto de la franquicia local- no recibió la orden, como sí sucedería en el 2002, de amar desconsoladamente, hasta la victoria siempre, al comandante que incluso antes de ser Presidente llegó a la Argentina para buscar financiamiento para su campaña electoral de los carapintadas locales, seguidores de Seineldín (no lo consiguió). Tampoco tuvo suerte en Chile con los asesores del senador vitalicio Pinochet.
Pequeñas historias que le agregan complejidad a una izquierda que se esfuerza en volverse idiota, esquemática y bruta.
Bien.
¿Por qué Venezuela está así?
Es culpa del Socialismo Financiero, un tipo de socialismo que se practica en pocos lugares del mundo actualmente. Uno de ellos, es Argentina. Hasta diría que Mauricio Macri es uno de los pocos líderes mundiales del Socialismo Financiero.
El asunto es así: la renta petrolera, que se disparó deviniendo ganancia extraordinaria, sirvió para financiar importaciones de cuestiones básicas, a precios subsidiados. Pero a quien se subsidiaba era al importador, con un dolar alto para la exportación, la sobrevaluación del dolar diferencial operaba como un subsidio a la importación que llegó a cubrir, en su momento de auge, hasta el 95% del valor de la importación. Sumemos a esto que muchas veces ni siquiera se tomaban la molestia de importar nada, ni siquiera cocaína en acuerdo con la DEA como sucedió en los primeros años de presidencia de Nicolás Maduro, sino que hacían directamente un fraude aduanero con las divisas. Fraude a secas.
Mientras tanto, crecía el gasto estatal (militar en mayor medida que en "misiones" sociales) y la exportación de renta petrolera que derivaba del subsidio a la importación, con un barril de petróleo por las nubes, le daba a Hugo Chávez, un líder excepcional y carismático, un poder regional que probablemente nunca antes alcanzó a imaginar. Mientras tanto, su poder interno se acrecentaba con las Misiones Sociales: un puñado de servicios básicos que los pobres en Venezuela nunca habían recibido, en un país oligárquico y desigual, al estilo Brasil. Lo cual habla más de la naturaleza del país que del propio Chávez, un respetable presidente de centroizquierda con enormes limitaciones personales que serían irrelevantes sino hubiera sido personalista, pero la derecha gusanera suele ser estúpida para mirar los fenómenos sociales que abarcan a las clases desposeídas. Y la derecha gusanera comanda -ante el silencio cobarde de la derecha inteligente- las miradas póstumas sobre el comandante, porque el actual gobierno militar, presidido por el payaso autoritario de Nicolás Maduro, dejó a la izquierda latinoamericana en bancarrota intelectual. Casi en la indigencia conceptual.
La mayoría de los grandes planes de trueques de importaciones de bienes de consumo básico por petróleo de alta calidad, nunca se hicieron. Uno de esos primeros anuncios fue el acuerdo con el gobernador de Entre Ríos, Sergio Montiel, en 1999. Jamás se concretó. Como tampoco se concretó la venta de arroz y pollos posteriormente, aunque en los balances figure que sí.

El Socialismo Financiero, que fue el verdadero Socialismo del Siglo XXI, consistía en socializar las pérdidas financieras y privatizar las ganancias. El Estado socializaba pérdidas de negocios fabulosos, casi imposibles de no obtener renta hasta extraordinaria, y privatizaba las ganancias creando un nuevo tipo de burguesía: la financiera estatizante. En este sentido, Venezuela fue pionera de esa Vanguardia Esclarecida que fue Lehman Brothers.
A la caída del petróleo le sucedió un tras otra devaluación. En un país que jamás se propuso crear industrias y que trató de suplir el capital europeo por el capital yanqui o en los sectores donde el capital no podía obtener ganancias, el Estado Bobo se expandía con loas de Ismael Serrano o algún otro llorón profesional del progresismo europeo de exportación. Así que la escasez e hiperinflación resultante eran la consecuencia lógica del Socialismo Financiero que hoy, gracias a Trump, tanto alegra a los chinos, que son los que venden algo concreto cuando llega algo concreto como importación sobrefacturada. Para todo lo demás, ya están las multinacionales yanquis que gozan de espléndida salud en Venezuela.
El Socialismo del Siglo XXI que pregonaban los intelectuales europeos alquilados por la Revolución Bolivariana, se decoraba con fotos de Cuba. Pero el Socialismo Financiero pasaba por su distrito mundial: Panamá. La balanza comercial de Venezuela tiene a Panamá (país donde no se pagan impuestos por hacer operaciones internacionales de bienes y servicios, sean o no legales, sean o no ciertas) como un socio estratégico. Son datos públicos, los tiene la CEPAL. ¿No son muy obvias las razones por las cuales la derecha gusanera, que es esa derecha berreta, miamera, tropical, inculta, autoritaria; y su hermana gemela la izquierda verdeoliva, prefieren ignorar los datos y suplirlos con cada vez más extravagantes teorías conspirativas?
Y, sí.