Pity Alvarez y el fascismo médico



Joakito-. A partir de lo sucedido con el cantante de rock Pity Alvarez, el panelismo histérico se aventura a volver a la edad de piedra de la manicominialización. Con chalecos de fuerza y electroshock, ya que estamos.


Además se ha puesto en debate nuevamente la Ley Nacional de Salud y Adicciones. Diferentes voces se han alzado a favor o en contra de la ley, sobre todo en lo que respecta a las internaciones compulsivas. ¿Se puede establecer una política pública sanitaria, o penal, en virtud de casos mediáticos que casi siempre son los más extremos?





A diferencia del resto de los países de la región, la Ley Nacional de Salud Mental y Adicciones de Argentina, no fue impulsada solamente para reducir al mínimo las internaciones voluntarias e involuntarias, sino más bien, a lo que apunta desde un principio, es asociar la salud pública y la salud mental a los derechos universales, intentando alejarse de la hegemonía psiquiátrica y médica que entiende a la salud mental como la ausencia de "trastornos mentales". Un "trastorno mental" sería la existencia de un conjunto de síntomas y conductas clínicamente reconocibles, asociado en la mayoría de los casos con el malestar y con la interferencia con el funcionamiento personal, esa es la visión dominante. Quienes se ubican desde este lado de la trinchera aprovechan lo ocurrido con el cantante de Viejas Locas para ofrecer como si se tratase de un jean o una remera sus soluciones mágicas en supuestas comunidades terapéuticas que promueven internaciones de seis meses a dos años. Por lo general estos vendedores de humor suelen ser profesionales sin éxito en su carrera profesional que sin demasiado criterio ni lectura aprovechan y le achacan a la Ley de Salud Mental y Adicciones, problemas que son del sistema de salud y de la sociedad, entre ellos, la falta sistemática de recursos destinados a la salud y el mal uso de los pocos con los que se cuenta.

Retomando el aspecto de las internaciones, cabe decir que la ley busca oponerse a las viejas prácticas manicomiales que vulneran los derechos humanos de los pacientes,promoviendo la atención de la enfermedad ya no en lugares de encierro, sino en centros de salud y casas de medio camino, entre otras alternativas. La internación, entonces, solo debe usarse como un recurso terapéutico en situaciones excepcionales y en hospitales generales.
La intención de fondo es desalentar las internaciones indefinidas y prohibir la creación de nuevas instituciones psiquiátricas con características asilares.
Esto no es un capricho argentino que se le ocurrió a los progresistas de turno: ya en 1990, la Organización Panamericana de la Salud, en la Conferencia sobre la Restructuración de la Atención Psiquiátrica en América Latina dentro de los Sistemas de Salud (Conferencia de Caracas) planteaba que la atención psiquiátrica convencional no permitía alcanzar los objetivos ligados a una atención comunitaria, descentralizada, participativa, continua y preventiva, en materia de salud mental y estableciendo que la atención primaria de Salud en los marcos de los sistemas Locales de Salud permite la promoción de modelos alternativos centrados en la comunidad y dentro de sus redes sociales, y que esta reestructuración implica la revisión del papel hegemónico del hospital psiquiátrico en la prestación de servicios. Esta misma Convención se propuso el cierre definitivo de los espacios de encierro conocidos como "manicomios" para el año 2020.
La Ley Nacional de Salud Mental y Adicciones se basa en el Convenio celebrado en dicha Convención por todos los Estados.

Es necesario retomar no solo los conceptos y el trabajo en Atención Primaria de la Salud, sino también entender, que la salud mental no es un concepto unívoco, y que tampoco es una disciplina científica ni una especialidad médica como muchos creen. La salud mental es un campo de intervención complejo y heterogéneo, tanto en lo que respecta a las problemáticas que aborda, como en lo referente a sus actores profesionales, sociales e institucionales. La Ley de Salud Mental y Adicciones no viene solo a responder cuestiones ligadas a la internación, sino que también implicó desarrollar un sistema integral, que pueda hacerse cargo de la atención de todo un espectro de padecimientos mentales (adicciones, trastornos de la alimentación, violencia de género y familiar y todo padecimiento subjetivo), asociados a las condiciones de existencia de la persona y los determinantes sociales que lo atraviesan.

En este sentido es necesario poder volver a discutir seriamente para poder establecer políticas, planes y programas de salud mental, que lleven adelante la transformación de formas perimidas de atención. Quienes insisten en oponerse a la Ley de Salud Mental y Adicciones, ni siquiera visibilizan los cambios que se han logrado -incluso hacía el interior de las ciencias médicas: hoy el médico utiliza más la palabra que la acción represiva.

La psiquiatría en su historia está plagada de acciones represivas, desde el chaleco de fuerza pasando por el electroshock hasta el uso de insulina para inducir el coma, todas justificadas en la idea de que "el loco" es peligroso.
Muchos intentan asociar la imagen del Pity Alvarez con esta idea de peligrosidad, sin tener en cuenta que es en la vida social donde hay personas peligrosas, donde hay criminales, pero querámoslo o no, eso forma parte de lo humano. La persona con sufrimiento mental  o con adicciones está perturbada en sí misma, y la perturbación con el resto del mundo es mínima y excepcional, no es la norma.

Si tomamos por ejemplo el caso europeo donde  prácticamente han cerrado todos los "manicomios", las personas con sufrimiento mental están en las plazas, o en los bares, llevando una convivencia pacífica con la sociedad y el número de crímenes cometidos por personas que han estado internadas es mínimo en relación a la tasa criminal total.
Intentar hacer pasar a Pity Alvarez como un "enfermo" no es más que un estratagema judicial de quienes tienen acceso a pagar un buen abogado. Decir que la Ley de Salud Mental y Adicciones no sirve o sirve para crear asesinos, tal como se dijo en varios medios de comunicación, no solo que es una chicana de baja estofa sino que nos retrotrae a los tiempos de Lombroso, quien sostenía que los criminales no eran hombres comunes sino que por sus característicos rasgos morfológicos y psíquicos, constituyen un tipo especial, o sea, otra especie.