Macri y Gramsci: dos potencias se saludan



 Osvaldo Quinteros-. Una mirada desde la sociología a la crisis actual.


La sociología ha avanzado mucho en el estudio de la hegemonía cultural desde que Antonio Gramsci, el italiano víctima del régimen fascista por su militancia comunista, elaborara sus primeras concepciones, atento a que su erudición e italianidad le permitieron analizar la cuestión de la hegemonía cultural a partir de la vigencia de la milenaria Iglesia Católica.
Desde Gramsci a esta parte, decíamos, se ha avanzado mucho. Fue en los años noventa cuando los sociólogos especializados en esta temática tuvieron su época de oro. Y esto fue así porque en los noventa existía, en la mayoría de los países de peso de occidente, el pensamiento único.

Por ejemplo, en Estados Unidos, el partido demócrata junto a los laboristas ingleses y los socialistas españoles, se reconvertían a un neoliberalismo que el entonces Papa Juan Pablo II bautizó "capitalismo con rostro humano". En Brasil y Argentina, llegaron a la presidencia un académico de renombre mundial por sus aportes a la Teoría de la Dependencia, que fue la biblia teórica de la izquierda democrática, y en Argentina un ex preso político de la dictadura militar que proponía una revolución. Ambos aplicaron, con distintos grados de intensidad pero parecidos niveles de corrupción, un plan neoliberal.
Existía el pensamiento único. A lo sumo, se cuestionaban los actos delictivos, no lo delictual inherente al neoliberalismo triunfante.



Este rápido recorrido por los años en que Fukuyama proclamaba "el fin de la historia" y la izquierda renunciaba a la toma del poder -recordemos al Subcomandante Marcos anunciando que su guerrilla mexicana no quería tomar el poder- sirve para entender lo que pasa hoy.
Mauricio Macri y muchos de los intelectuales que lo rodean y diseñan los planes económicos, piensan en los términos económicos de moda en los años 90, pero no parecen comprender que los términos políticos actuales son distintos.
Hay un Trump, un Evo Morales, un Medio Oriente prendido fuego, un Papa argentino y volcado a la izquierda, el surgimiento de nuevos partidos que necesitan para su análisis de categorías nuevas, por ejemplo en Hungría y Polonia, en Italia y Grecia, o acá mismo en Argentina con el PRO, que propone debatir un tema tabú por el lobby eclesiástico y una deuda histórica de la democracia: la legalización del aborto.

Sin un triunfo de mediano plazo en el campo de la hegemonía cultural, el pensamiento económico y político de Macri resulta anticuado y hasta delirante. Por eso, cada vez que habla sin el guión del siniestro Durán Barba, mete la pata.
No siempre la suerte electoral de un partido coincide con el rol que el tiempo histórico le asigna. Cuando no se comprende ésto, pasa lo que vemos hoy en día con Cambiemos: peleas, desconexión con la realidad, anuncios cruzados, ineficacia, decepción, recambios constantes, y un presidente al que ya nadie escucha porque nadie le cree.
Un dato que resume la situación es lo que cuentan los encuestadores serios: a los principales dirigentes políticos del país, del oficialismo y la oposición, les va mejor cuando...se quedan callados.