Ma liberté


Lucas Carrasco-.

Resulta que en una bodega de un barrio alejado, en Montevideo, hay dos bananas (bananas/bananas, vestidos como Aníbal el number One) con una guitarra, cantando la canción del antro de torturas chileno. Le digo a mi esposa que pare. Bajo la ventanilla, entra un viento frío y estúpido, pero entra la canción, refrescante, una canción con sonido a menta:



Me hace acordar a los tiempos que tenía que huir de Entre Ríos porque...Siempre lo mismo. Mi mujer, que es de Montevideo, y vive acá, está podrida, está harta. De mí. Yo también. De mí: coincidimos en eso, los dos estamos hartos de mí. Nos casamos hace doce años. Pero jamás pudimos soportarnos más de un mes juntos. Aunque a la distancia, el amor perdura. Más vale que ella tiene y ha tenido sus novios. No le pregunto si tiene ahora novio. Ni tampoco charlamos, lo que siempre charlamos borrachos, riéndonos: ¿por qué carajo nunca nos divorciamos?
Ella se enojó conmigo cuando las revistas de chimentos porteñas, que en Montevideo se consumen como el paco, hablaban de mis supuestos romances. Yo nunca convalidé nada de eso. Pero la entiendo. Entiendo la humillación. Porque yo siempre traté de no saber con quién estaba. Aunque, en un documental de Australia, donde fue a trabajar, aparece abrazada a una persona. Me puse celoso. Nunca dije nada. Aunque yo estaba en un cine con una chica de la que estaba completamente enamorado. Esa noche, cuando me cogía a mi novia y pensaba en otra, pensé en mi esposa. Hacía mucho que al coger no pensaba en ella, mi esposa: hacía como cuatro o cinco novias que no la recordaba. Siempre pensaba en otras u otras u otras u otras u otras o todas: los culos son infinitos en el supermercado del morbo. Siempre pienso en otras. Es aburrido coger con una mina y pensar solo en ella. Es aburrido coger, convengamos. Pero uno lo hace. Porque sí, porque no. Yo siempre sospeché que a las mujeres, a algunas mujeres, les gusta de verdad coger. Les fascina. Se enloquecen. Se lo toman en serio. Gimen, te gritan, te arañan, te muerden. Qué aburrido: es solo un intercambio genital, con fines (originarios) meramente reproductivos. Coger es aburrido. Más cuando ya te cogiste a medio planeta y tenés 40 años y estás medio pelado y sos panzón y solo tu esposa, a la que ves una vez cada cinco años, te aguanta.
Montevideo es una mierda. Es como un San Telmo ampliado. Y San Telmo es horrible, violento, idiota, peligroso, careta, impostor. Aunque me gustaba, hace cien mil años, sentarme con mi hermano Joakito en la plaza Dorrego a tomar cervezas. Y mirar alejarse los tobillos de las minas que jamás me darían bola. Las que años después se me tirarían encima. Y unos patovicas de boliche las correrían, para que entre en el reservado del bar con mi esplendorosa novia, que como a todas, me había dejado de gustar después de coger la primera vez. Pero estaba enamorado. No perdidamente, sino encontradamente. Me excitaba cómo la miraban, no los pibes en los bares, siempre mirándole el culo. Me excitaba cómo la miraban, rojas de envidia y con clitoriana venganza imaginaria, las novias de los babosos. Siempre buscaba, con la vista, alguna minita que la mirara con odio, una que esté buena. Para después, porque cuando salís a comer con una novia después, creo que es un mandato constitucional, tenés que coger. Y coger es aburrido. O sea, está bueno. Pero cansa. La rutina: coger, ¡otra vez! con la misma mina, cansa. Para mí es un problema psiquiátrico de la gente o es la soledad o el hastío o la falta de músculo para masturbarse, pero no es serio acostarse dos veces con la misma mina. ¡DOS VECES! Es imposible, antinatural, poco generoso. El mundo está lleno de conchitas ardientes y pijas a medio parar, esperando el momento vial en que alguna narigona entusiasta, alguna petisita de mirada pícara, alguna negrita con alma de culebra, alguna travesti con lubricación opiácea. Porque, convengamos una cosa: una vez que te garchaste a todas las minas lindas del planeta, que nunca son más que dos o tres (y una es hermana de la otra) uno se pone medio morboso. Y te empieza a gustar la amiga fea de tu novia, que más que amiga es un adorno de ella: las minas lindas, está científicamente comprobado, suelen llevar, además de pulseras, aros, maquillaje, una remera prestada, unos tacos insoportables, una amiga fea, para resaltar.  Y está mal. Porque el final uno se termina cogiendo a la fea. De aburrido nomás. Porque coger, dejémonos de pavadas, coger es un ratito. Sea en el baño del bar o de manera imaginaria, mientras le bombeás, aburrido, a la linda. Las lindas tienen cuerpos aburridos, perfectos. No solo las tetas, siempre operadas. Ni el culo sobreactuado en gimnasios. Las minas feas tienen, en la pìel, más escondites.



Lo mejor es hacer tríos. Pasa que las minas son competitivas. Bah. No sé, capaz que es injusto porque de los...¿cuántos?...no muchos, más o menos treinta o cuarenta tríos que he hecho, siempre fueron con dos minas. Me acuerdo una vez, eso fue en Bs As, yo estaba con dos amigas en la cama y viene otro con la dueña de la casa. Yo me levanté. Con el pibe, no. Era mi amigo. Gran escritor. Pero no, no daba. La dueña de casa estuvo un rato con el él en el living y después, lo echó. Y se sumó. Son las ventajas de ser el dueño de la pelota. De la bocha. No explico más porque los que antes eran defensores de los derechos humanos hoy son policías de la moral ajena. Pero la pija a medio parar y  tres minas, qué papelón fueron esos dos días: era como que Patronato juegue contra el Barcelona en un baldío con pelota de trapo.

-¿Comiste?
-No

Jamás hemos superado ese umbral del diálogo en mi matrimonio. La miro, con cierta melancolía. Es, a su manera, tan hermosa, tan incierta, tan buena conmigo. No la merezco. Sé que estoy en el Veraz del amor, pero siempre fui un atorrante y las mujeres hermosas son autodestructivas. Posta. Sino yo hubiera muerto virgen.

-Se me están cayendo las tetas.
-Yo estoy cada vez más pelado.
-Y más gordo.
-Sí.

Cruzamos una vía del ferrocarril. Comemos unos sánguches al paso, sin bajar del auto. Su auto. Yo no tengo auto, nunca tuve.
Vamos a su casa. No me fijo si hay otro cepillo de dientes, me ducho, tranquilo, con agua caliente. Salgo, sin ropa. No traje ropa.
-¿Cogemos?
-Perdieron en el Mundial uds, uruguayos.
-¿Te va bien en el trabajo?
-Sí, qué se yo...
-¿Te seguís metiendo en problemas?
-Me siguen gustando tus tetas, como el primer día.
-¿Te busca la policía?
-Ahora tenés los pezones más oscuros de cuando nos conocimos
-¿Te echaron de nuevo del trabajo?
-Qué mierda importa.
-Nunca vas a dejar de ser un desastre.
-Sos la mujer más buena del universo
-¿Estás sin plata?
-Cuando éramos jóvenes, íbamos a comernos el mundo.
-Lo hicimos, Lucas. A nuestro modo.
-Lo hicimos. Sí.
-Dormite, corazón. Mañana será otro día.
-Lo hicimos.
-Lo hicimos.