"La guerra contra las drogas es un fiasco"


Joakito-. Juan Manuel Suppa Altman es autor del libro editado junto a la Revista THC  "La Prohibición: un siglo de guerra a las drogas", donde realiza un gran trabajo de investigación que abarca , desde las guerras del opio entre China y el Imperio Británico y llega hasta las actuales guerras narcos, pasando por la Ley Seca, las anfetaminas nazis y el Plan Cóndor. Suppa Altman es abogado y también colabora como redactor en la Revista THC. El libro de mas de 200 páginas lleva el prólogo del periodista especializado Emilio Ruchansky y un epílogo de lujo del filósofo español Antonio Escohotado.


Joakito-.En tu libro te referis a la historia de la prohibición en el mundo ¿Como se entiende al usuario de "drogas" en el marco del paradigma de la prohibición? ¿Hasta dónde el Estado tiene que cuidarnos de nosotros mismos?

Juan Manuel Suppa Altman: Me parece que lo interesante de ver la historia de la prohibición, de ver el proceso y no el resultado final que es este fiasco de guerra a las drogas con el que convivimos a diario, es que podemos observar el proceso en el que se va armando una idea del usuario de drogas como un enemigo de la sociedad, de otra forma no hubiese sido posible convertirlo en un blanco del sistema penal, en un tipo al que el Estado puede castigar legítimamente, no sólo legalmente.
De todos modos en el caso del drogadicto siempre hubo una tensión entre considerarlo un delincuente o tenerlo por un enfermo. Es una tensión muy propia de los países latinoamericanos donde el positivismo europeo pegó mucho en su momento, cuando se fundaron los estados modernos, allá a fines del siglo XIX, principios del XX. Y es interesante ver cómo una cosa no es necesariamente mejor que la otra: no es mejor entrar al sistema penal como un toxicómano que como un criminal raso.

En la legislación argentina sobre drogas sobrevive esa tensión hasta el día de hoy a través de todo una serie de medidas de rehabilitación social que están a manos del juez. En síntesis, sin esa construcción mediática, médica, policial, del usuario de drogas como un demente, un tipo anormal y peligroso, no habría chance de penar la tenencia simple que es el subterfugio para penar al consumidor. Ese fue el gran triunfo prohibicionista, eliminar del horizonte de posibilidades uno cultural, recreativo, digno, inclusive ocasional. Es a todo o nada, el que consume cae en el vicio; es el viaje de ida... y ciertamente el viaje de ida es lo que menos se da, la mayor parte de los usuarios bien o mal pilotean sus consumos.
En relación al Estado y el deber de cuidarnos de nosotros mismos... bueno, es una mirada muy benevolente con el Estado. Creo que en el origen de la prohibición no está ese espíritu, sino más bien el de cuidar a los miembros normales de la sociedad de los drogadictos, un poco lo que veíamos recién, ¿no? En lo particular creo que el Estado debe tomar medidas que regulen ciertos aspectos en pos de la salud pública. No me parece mal que se restrinja el espacio para fumadores de tabaco, ciertamente el humo de tabaco es indeseable para los que no lo fumamos. En muchas casos, además, es un límite a industrias muy voraces, caso la del tabaco, caso la alimenticia. Pero creo que en el caso de las leyes de drogas no se dan estos principios, sino la violación de las libertades elementales de las personas y cuestiones que están mucho más allá de la salud pública en la que dicen basarse.

Joakito: ¿Cómo ves las políticas tendientes a la reducción de daños? ¿Son una solución válida ante el prohibicionismo o hay que apostar a la despenalización del consumo?

Juan Manuel Suppa Altman: Son dos cosas diferentes. La reducción de daños es una alternativa terapéutica, se asume que va a haber un daño y se toman las medidas para limitar su impacto. Puede ser en un contexto asistencial individual, por ejemplo, los casos en los que el uso de cannabis ha servido como transición para dejar consumos mucho más nocivos como el de la cocaína, o en el marco de una acción de promoción de la salud, poblacional, como cuando se testean las pastillas de éxtasis para ver si efectivamente tienen MDMA o si son un rejunte de cualquier porquería de cortes y cortes, o se impone a los organizadores de un evento que haya agua accesible para todos.
Los que se oponen a estas acciones de cuidados básicos son casi criminales. Gente a la que su moral la inhibe de pensar en los individuos reales, personas de carne y hueso, que la pueden pasar o la están pasando muy mal.
Ahora, esto no suplanta la necesidad de terminar con la persecución del sistema penal a los usuarios; cuya centralidad nace de la lógica del castigo y a esta altura del partido implica distorsiones mucho mayores. Por otra parte en la medida en que no se cambie la mirada castigadora sobre los usuarios, la reducción de daños estará condenada a la marginalidad. De hecho es difícil de practicar. También va a ser difícil que progrese una cultura más sofisticada de los consumos. El oscurantismo propicia el reviente.

Joakito: En Entre Ríos este año se empezó a aplicar una norma llamada "narcomenudeo" que sería la adhesión a la Ley N° 26.052 ¿Considerás que aporta en algo al combate al narcotráfico?

Juan Manuel Suppa Altman: Francamente no lo sé, pero puedo comentar brevemente la experiencia de Córdoba, que tiene su propia fuerza policial anti narcomenudeo después de un escándalo en el que quedó pegada toda la cana provincial con el negocio ilegal de drogas.
Me toco ir a entrevistar a los jefes de la fuerza y su discurso es que ellos están orientados a solucionar el problema del vecino; que van contra el kiosko de paco (nota de la redacción: en Entre Ríos prácticamente no hay venta de paco) del barrio que jode a los vecinos. En ese sentido quién puede oponerse: nadie quiere un kiosko que venda paco donde juegan tus hijos. Pero después hablando con otras personas empezamos a escuchar de los allanamientos a los cultivadores, gente que tiene, no sé, cinco, diez plantas, y que las hace crecer con cariño y se las fuma sin joder a nadie, compartiendo con amigos. Conocí el caso de dos cultivadores que terminaron un mes en una cárcel común. Entonces el problema es el límite.
Es obvio que no vas a resolver el problema del narco reventando kioskos, porque es claro que es el último eslabón de la cadena, y eso se va a reconstituir por otro lado. No es la política criminal más inteligente, pero ponele que responde a una demanda social comprensible. Ahora cuando te dedicas a jugar al gato y el ratón con jóvenes que no molestan a nadie, y además están intentando zafar de ir a comprar cualquier porquería a un transa, no sólo están violando la constitución nacional, sino que te convertís en lo que el resto de las fuerzas policiales son hasta ahora; un reaseguro de la continuidad del narcotráfico.

Joakito:¿Podás desarrollar un poco cómo desde el poder se asocia el consumo de drogas a la delincuencia? ¿A quién se pretende perseguir con esta asociación?

Juan Manuel Suppa Altman: Yo no soy criminólogo, apenas soy abogado, pero cuando estudiaba derecho penal me tocó leer sobre la selectividad penal, que básicamente es un concepto para decir que el poder penal no va sobre todos los autores de delitos, sino sobre un grupo particular, y que en general median criterios de un orden político. Por ejemplo, criterios de disciplinamiento. Esto es muy evidente en el sistema penal norteamericano donde la proporción de presos negros y latinos presos supera varias veces el porcentaje de negros y latinos en la población misma del país. En Argentina esto también sucede, la cárcel están llenas de lo que la clase media blanca llama negros, y son nuestros pobres.
Hay un segundo criterio que es el de reprimir los delitos más toscos. Robos, hurtos, asesinatos, etcétera. Asociar estos delitos a las drogas refuerza la percepción social de peligrosidad de los drogadictos y satisfacen la demanda social de encontrar alguna razón para la inseguridad sin cuestionar cosas más complejas como el régimen de las relaciones de propiedad, o la existencia de un gerenciamiento del crimen por parte de las mismas fuerzas de seguridad. Lo cierto es que hacia eso está apuntado ese discurso. Nadie se imagina a dos brokers de la bolsa de comercio esnifando cocaína y planificando un fraude fiscal para evadir impuestos, o una estafa contable para levantar el valor de unas acciones, situaciones que también son cotidianas, o a mi juicio perfectamente verosímiles.

Joakito: La despenalización del aborto tardó por lo menos 15 años para que la discusión se de en el ámbito parlamentario (incluso a pesar de la oposición eclesiástica) ¿Está preparada la sociedad argentina para debatir la despenalización del consumo de drogas? ¿Quiénes se oponen a que esta discusión y debate se lleve adelante?

Juan Manuel Suppa Altman: Ya hubo un debate parlamentario hacia una despenalización de la tenencia simple hace unos cinco o seis años, que naufragó porque el entonces oficialismo resolvió no jugarse por el tema, a pesar de que muchos kirchneristas hicieron un gran laburo por instalarlo. Me acuerdo que entonces también un sector de la UCR y otro del centroizquierda estaban dispuestos a avanzar. Creo inclusive que algunos liberales consecuentes estarían de este lado de la trinchera en ese debate. En ese sentido reproduce un poco la lógica del debate del aborto que no está muy tabulada por los partidos políticos como bloque. Yo soy optimista de que se va a abrir el debate nuevamente pero tengo dos observaciones. La primera es que posiblemente dependa del desarrollo de otras experiencias internacionales, especialmente en los Estados Unidos.
La segunda es que no es posible constituir un movimiento con la potencia y masividad del feminismo, así que habrá que pensar en otro contexto. Y creo que la oposición es transversal, el sentido común percibe el consumo de drogas como una alteración del orden. Y luego hay actores concretos, como la derecha relacionada al aparato de seguridad de los Estados Unidos. Y la Iglesia, que tiene una mirada moralista que no va a cambiar nunca porque le es esencial, y hace siglos que piensa que las alteraciones psicoactivas son obras de Satán. La experiencia psicoactiva es culturalmente imposible de asimilar por la mayor parte de las iglesias.

Joakito: ¿Cambió en algo las políticas públicas en relación al consumo y al comercio de drogas de un gobierno a otro?

Juan Manuel Suppa Altman: En los papeles no mucho, pero sí se radicalizó el discurso clásico de la Guerra a las Drogas que durante el kirchnerismo no tuvo cabida. Y no es sólo discursivo: la integración con la DEA y el complejo militar y de defensa norteamericano es actualmente una política del Estado Argentino. Entonces en los hechos cambió mucho, y se nota en la calle, me parece.
El kirchnerismo fue más contemplativo y cobijó sectores abiertamente prodespenalización. Cuando intentó mover algunas fichas en el terreno internacional se le acabó el mandato. La mirada geopolítica no le alcanzaba para superar el límite ideológico que tenían como generación para abordar el tema, me parece.

Joakito: ¿Cómo fue el proceso de edición del libro? ¿Hubo buena recepción en librerías o te encontraste con obstáculos?

Juan Manuel Suppa Altman: El proceso de edición estuvo muy bueno, un laburo con Revista THC muy rico. No es porque haya escrito ahí, pero creo que la revista hizo un gran laburo los últimos diez años para instalar otra forma de relacionarnos con la planta y las sustancias, así que muy orgulloso de haber escrito ahí, desde los usuarios y para los usuarios, aunque no sólo para los usuarios. No me gustaba la idea de poner una distancia académica y esa asepsia con el objeto de estudio. Yo creo que sólo las mujeres podían instalar el tema del aborto. No digo lo mismo para el tema de la despenalización, pero creo que hay una responsabilidad como usuarios de hacernos cargo y pensar sobre lo que hacemos.
No sé si constituir una identidad, a mí eso no me pasa, no me siento cannábico. Pero sí que desde mi experiencia no puedo dejar de señalar que lo que se dice de los consumos, sin negar la existencia de consumos problemáticos y adicciones, mayormente es un delirio. Un delirio de la sobriedad. Y por suerte no, no tuvimos obstáculos. Tampoco llamamos tanto la atención. Así que por el momento sigue ahí, girando.