La culpa no es del Tavis sino de quien le da de comer



Joakito-. Casi todos los políticos modernos mencionan el tema de la drogadicción en su campaña política prometiendo soluciones que luego quedan en el olvido.

La solución al problema de salud pública que representan las adicciones no puede basarse en simples promesas ni debe tocarse como un tema ligero de conversación. Sin embargo, todas las políticas públicas de los últimos 20 años han demostrado ser  inútiles y un absoluto fracaso en lograr los resultados esperados. Cabe resaltar que la única acción política con resultados mas o menos deseables fue la creación durante el gobierno de Menem de la  Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (Sedronar).



Estos fracasos tienen que ver con que las estrategias fueron diseñadas basándose en ideas que no han tenido nunca hechos que los sustenten, o sean en base a mitos -uno de esos mitos es pensar que Tavi Celis o Castrogiovani son grandes capos del narcotráfico al estilo Pablo Escobar o Chapu Guzman-. Sostener que estamos en presencia de un "narcomunicipio" es desconocer todos los estudios sobre la materia, ya que en Argentina -a diferencia de Colombia o México- "no ha vivido marcadamente influido por esa cuestión. En general, al narcotráfico y la violencia que genera se la ha visto como algo distante". Esto no es una ocurrencia mía sino que lo sostiene en varios estudios recientes la Corte Penal Latinoamericana y del Caribe contra el crimen trasnacional y organizado.

Por otra parte, cabe señalar que todo el presupuesto que se utiliza destinado a una supuesta "prevención" es malgastado ya que solo se atacan las llamadas drogas "malas" -es decir, las ilegales- cuando todo el mundo sabe que el alcohol y el tabaco -legalizadas y a las que el Estado les cobra impuestos- producen muchísimo mas daño, ni que hablar la epidemia de somníferos y otras drogas legales y recetadas como caramelos.
La hipocresía y la doble moral, es la peor forma de abordar a un joven que esté entrampado en el consumo problemático de drogas.
De lo que se trata es de empezar a hablar en serio y no de giladas que solo generan títulos rimbombantes para la prensa sensacionalista.
Hablar de "narcomunicipio" solo convence a Doña Rosa y a la gilada que cree lo que le dicen los diarios.
Si realmente la opinión ciudadana, los medios de comunicación y la clase política está preocupada por el tema de "la droga" entonces, es hora de empezar a debatir en serio: no son las drogas lo que nos mata, lo que nos mata es la prohibición.

Raúl Zaffaroni -ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación- prologa un libro muy interesante sobre este tema llamado "Un mundo con drogas"del periodista Emilio Ruchansky. En ese prólogo plantea que desde el sistema político “por un lado, envían mensajes de prohibición con metamensajes de consumo: No usen el tóxico. Está proscripto, es pecado y forma parte de un mundo de vicio y placer´. Nada más atractivo para la vocación transgresora del adolescente. De este modo no solo se aseguran una demanda rígida sino creciente. Por otro lado, con la prohibición reducen la oferta y generan una plusvalía enorme del servicio de distribución. Es la perfecta máquina de fabricar oro, el invento alquímico del siglo pasado”.

Este prohibicionismo nace en la Argentina a la par que se incrementa el sistema represivo: el drogadicto era joven, barbudo. con el pelo largo y universitario. Hoy el prototipo del "drogadicto" a combatir siguen siendo los jóvenes, pero ya no de pelo largo y barba, sino pobre, de barrio y que usa gorrita.
Si nos detenemos a pensar lo que pasa en Entre Ríos -sobre todo a partir de la aplicación de la ley del narcoboludeo -se observa notoriamente cómo entre los más pobres no solo aumenta el consumo, sino su criminalización por causas judiciales relacionadas con drogas-. Todo el mundo sabe que la carga de la prueba contra los dealers o consumidores es notoriamente asimétrica. No tienen buenos abogados, por lo tanto no tienen como protegerse. Bienvenidos al mundo de los "Juicios Abreviados".
Los pobres están siendo objeto de chantaje de los policías, son parte de operaciones armadas para mostrar grandes decomisos y después llamativamente nadie que pueda ser calificado como un gran narco está yendo a la cárcel. Aunque la cárcel esté superpoblada gracias al negocio del que nadie quiere hablar: el supuesto combate a las drogas.

Basta ver los números para darnos cuenta por qué el consumo de drogas en Argentina cada vez es mas problemático. Según datos del Sedronar el gasto del Gobierno en materia de drogas y narcotráfico alcanza el 1,4% del PIB argentino; sin embargo, 95% de ese presupuesto es para combatir la oferta y el total para superar la demanda (políticas educativas, preventivas y sanitarias) no supera el 5%. En comparación con otros países de la región no existe en ningún otro país semejante nivel de desbalance. Pero claro, es más fácil salir hablar de un pobre tilingo violento como Celis que hablar en contra de quienes posibilitan que el narcotráfico exista, a saber: los dueños de las grandes empresas de transporte de pasajeros que monopolizan el mercado interno, los dueños de los bancos que tienen contratos siderales con los gobiernos provinciales, y las empresas que se llevan a diario miles y miles de millones de dolares al exterior sin que nadie del periodismo patrullero ose cuestionarlos. Asi estamos.