La crisis ¿terminal? de Cambiemos



Osvaldo Quinteros-. La ley de hierro de la sociología no escapa a lo que se vive en entre Ríos. Esto recién empieza.


No es para que nadie se sorprenda. Los sociólogos lo hemos estudiado casi como una ley "universal", esto es, con independencia del tiempo y el lugar: la coalición "parlamentaria" (en Argentina, pese a lo que repiten muchos legisladores, no tenemos Parlamento, sino Congreso, la diferencia técnica es menor pero importante a la hora de resolver las crisis: si tuviéramos parlamento, el gobierno de Macri ya habría sido reemplazado por un nuevo gobierno de mayorías sin traumas como ocurrió recientemente en España e Italia) tal como es Cambiemos, que no es una Alianza, tampoco un Frente Electoral sino una "coalición legislativa" y Frente Electoral de carácter cesarista. El cesarismo quiere decir que quien conduce la principal caja estatal, la Presidencia de la Nación, conduce políticamente el Frente Electoral y que la coalición legislativa tiene como condición de su existencia, retener la Presidencia de la Nación.



La ley "universal" de la sociología explica que cuando hay expectativas favorables de retener el poder, así la situación económica sea pésima, como sucedió antes de las elecciones legislativas de 2017 que triunfó Cambiemos -en buena medida porque una parte del electorado sabía que si votaba a la principal oposición, el kirchnerismo radicalizado tras su salida del poder, el gobierno corría serios riesgos de terminar con una crisis como la que se fabricó De la Rúa, por eso Macri ganó, aunque leyó mal ese resultado y se fabricó una megacrisis de final incierto- la coalición legislativa se mantiene. Cuando en las bases electorales de cada partido hay dudas, miedo, incertidumbre sobre el futuro, ya la coalición legislativa empieza a quedar pegada con plasticola. El debate sobre el aborto fue la oportunidad para que el ala liberal de Cambiemos se enfrente al ala conservadora. La corrida cambiaria profundizó esa "grieta" y hay permanentes reacomodos, pero la crisis política de Cambiemos nadie la niega.
Incluso en Entre Ríos, con los sectores de Fabiál Rogel y Atillio Benedetti operando para destituir a Sergio Varisco, el principal referente de Cambiemos en la provincia, es un reflejo de esta situación. Ambos dirigentes radicales, aunque tengan distinto volumen político (Benedetti tiene expectativas y chances de competir por la gobernación, Rogel es un funcionario menor del Ministerio de Defensa) están coyunturalmente aliados a Macri y Cornejo, el gobernador radical de Mendoza y presidente del partido en el orden nacional, para destituir del cargo partidario en el comité nacional a Varisco, la máxima representación territorial de Cambiemos y la UCR entrerriana en la provincia de Entre Ríos y en el país en tanto entrerriano.
Este juego suicida solo se explica, además de las particularidades de la causa judicial y la mano de un sector del peronismo vinculado al Ministerio de Gobierno y Justicia, por la crisis política de Cambiemos, cuyo trasfondo a su vez, es la fenomenal crisis económica.
Si hubiera un crecimiento del 9%, si el gobierno nacional hubiera bajado la inflación y la pobreza tal como se lo propuso, hoy Macri podría arbitrar en esta y otras varias internas existentes (en el seno del PRO mismo, entre María eugenia Vidal y el propio Macri, sin ir más lejos) ejerciendo el cesarismo populista de derecha que venía desplegando.
Dado que la crisis económica recién empieza y se espera que empeore en los próximos meses, es dable esperar que lo mismo suceda en el plano político al interior de Cambiemos.
En Entre Ríos, la actitud torpe políticamente de Sergio Varisco y su mediocre gestión le está facilitando el juego al peronismo mas conservador, a pesar de que sus rivales internos de la UCR creen que se benefician están suicidándose y destrozando el sello de goma que es Cambiemos en Entre Ríos, donde nadie discutía la hegemonía territorial de la UCR; hasta ahora, donde referentes sin votos y con escaso volumen político como Josefina Etienot ganan terreno aliados al peronismo conservador, en busca de un ansiado puesto judicial. Dado que a nadie se le escapa que la judicialización de la política llegó para quedarse, que el macrismo escaló la tendencia al borde de hacer estallar el estado de Derecho y que ahora el péndulo se da vuelta. Es natural que muchos de Cambiemos quieran ser el próximo "Tortuga" Casanello para no ser el próximo Julio De Vido.