Kirchneristas y Macristas: ley antiterrorista y militarización



Fernando Adrián Zapata-. Una de las malogradas recetas que el peronismo menemista y neoliberal de "los malditos años noventa" del siglo pasado intentó implementar sin éxito y con una férrea resistencia, la nefasta "Ley Antiterrorista", tuvo su continuidad en la aplicación maquillada de la misma durante el kirchnerismo y el macrismo de los tiempos más recientes hasta la fecha.





De hecho, tal "Ley Antiterrorista" comenzó a ser implementada y aplicada durante el último período del gobierno peronista-kirchnerista, demagógico y populista, colmado por miembros provenientes de aquellos años menemistas, sumando el muy cuestionado espionaje del "Proyecto X"; tal plan represivo se continúa durante el actual macrismo menemista y neoliberal, el cual también cuenta con varios miembros que surgieron en la política del menemismo más recalcitrante, que ensayó un "Protocolo antipiquetes" y que, ahora, redobla la apuesta y sale al ruedo con un proyecto de militarización total de la sociedad.

No es un detalle menor. Si el kirchnerismo premió a represores impunes de "los años de plomo" como Milani, Berni y un sinfín de militares cuya reputación está más que cuestionada y hasta son repudiados por diversos organismos de Derechos Humanos nacionales e internacionales, el macrismo también buscó sancionar una especie de amnistía y reducción de condenas en favor de genocidas procesados e, incluso, acusados por diferentes tribunales de Justicia locales y mundiales. En ambos períodos, en el kirchnerismo y en el macrismo, lamentable y repudiablemente, ya hay varias víctimas mortales derivadas de tales conflictos.

Como se puede evidenciar,nunca hubo ni hay grandes "diferenciaciones" entre las dirigencias kirchneristas y macristas, entre menemistas de muy diversa índole pero de muy similar ambición, oportunismo y arribismo.
Y tampoco hubo ni hay grandes ni notables "modificaciones" en cuanto a quién es "el chivo expiatorio", es decir, a cuál sector se le acusa y se le persigue, se le denosta y se le persigue.

Tales sectores perseguidos siguen siendo las comunidades de pueblos originarios, a quienes se les arrebata sus tierras ancestrales y se les asesina sin más; siguen siendo los movimientos más decididos del gremialismo antiburocrático, de las asambleas de trabajadores ocupados y desocupados; siguen siendo los movimientos sociales más persistentes como el ambientalismo, los organismos de Derechos Humanos que no transaron, los grupos feministas y de diversidad sexual, los miembros de la cultura, los jóvenes y los estudiantes, las fuerzas democráticas de la política, los frentes, los partidos y los movimientos más variados de la izquierda, de la centroizquierda y de tantos otros espacios progresistas e independientes.

Ni a los kirchneristas ni a los macristas les interesa, ni en lo más mínimo, reflexionar acerca de no repetir los capítulos más sangrientos de nuestra historia argentina y latinoamericana. De hecho, tanto los kirchneristas como los macristas son capaces de arrastrar a la población a una brutal y estéril lucha fraticida, sólo para garantizar y perpetuar sus espurios y corruptos intereses elitistas, usando y abusando a los pobres y a los necesitados, cuantas veces les sea necesario.

Siguen jugando con fuego los gobiernos de capitales, y tal es su soberbia que sólo les interesa su vana y destructiva mezquindad, por sobre las urgencias y necesidades cotidianas de la sobrevivencia de las mayorías trabajadoras y populares que, aún hoy y pese a todas las carencias y las falencias, sigue resistiendo ante tantos atropellos antisociales. La respuesta ante semejante devastación antidemocrática, antinacional, antipopular y antisocial está, precisamente, en la capacidad de acuerdos en la acción, desde las mismas mayorías obreras y populares, para abrir paso a nuevos procesos de unidad y liberación verdaderamente progresistas, amplios, democratizadores y plurales.