Juez Rossi: la verdad sobre su absolución



Joakito-. El Jury de Enjuiciamiento hacia el juez Rossi finalizó y el mismo terminó absolviendo al magistrado, formalmente a raíz de que el jefe de los fiscales provinciales decidió en su alegato no presentar acusación alguna. La verdad es otra: nadie quería destapar las cloacas del sistema penitenciario.
El fallo, entre otras cosas, deja en evidencia las falencias del funcionamiento del Servicio Penitenciario Provincial a la hora de evaluar el comportamiento de los presos a su cargo.
Si bien, desde Noticias Entre Ríos, en soledad, ya habíamos señalado que con el Jury a Rossi se ponían en juego las libertades democráticas y un intento de recortar las libertades de quienes se encuentran en prisión, lo que llama poderosamente la atención es que quienes votaron en contra de la destitución son los miembros del Jurado que provienen de la política (dos senadores y un miembro del Colegio de Abogados): tengamos en cuenta que apenas se conoció que el asesino de Micaela García, estaba en libertad condicional otorgada por el Juez Rossi, tanto el senador Giano como la entonces diputada y actual Ministra de Gobierno Rosario Romero de Halle, salieron rápidamente a condenar al juez, pretendiendo que la justicia actúe de acuerdo al clamor social, que de ser así ocasionaría un gran daño sobre la independencia del poder judicial en su conjunto (de pasó, se autoimpugnaban para luego seguir disfrazados de garantistas, si la ocasión lo amerita).
Giano que es parte del Senado, al hacer pública la acusación se estaba recusando a sí mismo.

Lo que nadie se atreve a decir es que el Jury a Rossi fue toda una gran puesta en escena, principalmente desde la dirigencia política, para no hacerse cargo de discutir a fondo la figura del instituto de libertad condicional que actualmente tiene un fin resocializador para los condenados y no tiene en cuenta a la victima. Como no saben qué contestarle a los padres de Micaela, ya que el estado (debido a la ineficiencia policial, a la existencia de cárceles hacinadas que no logran adecuada socialización y la corrupción del sistema penal) es coresponsable en el crimen, pretenden incorporar a las víctimas en la decisión del otorgamiento de las libertades condicionales.
Pero lo peligroso del caso, si bien aún no se conocen los fundamentos de la absolución (¿hacen falta?), es la ausencia de declaraciones tanto del Supremo Tribunal de Justicia, como del Procurador General de la provincia, respecto a revisar el funcionamiento de los equipos disciplinarios con los que cuentan el Servicio Penitenciario y los mecanismos con los que estos recomiendan o no una salida transitoria a quien se encuentra privado de la libertad. No se animan a destapar las cloacas que fomentaron.
Recordemos que Sebastián Wagner ya venía teniendo salidas transitorias -aconsejada por estos equipos disciplinarios- desde el año 2014 y que 3 años después estos mismo se oponen a su salida.
Hay que tener en cuenta que los peritos que se opusieron a otorgar la libertad condicional señalaban textualmente que Wagner no "merecía el acceso al instituto de la libertad condicional, conclusión que se arriba en términos probabilísticos, conforme criterios de razonabilidad pero cuya certeza no es absoluta". Es decir que los profesionales con que cuentan los juzgados -tratan a las personas como si fuese un número de lotería, y a su vez, reconocen que sus conclusiones no son absolutas. Entonces: ¿Qué evalúan para saber si un preso está en condiciones de acceder a la libertad condicional? Tanto los peritos del juzgado como los del Servicio Penitenciario acuerdan en sus informes que Wagner no estaba en condiciones de acceder a la libertad condicional porque "No alcanzaba un análisis profundo y sentido respecto de los actos reprochables que cometió. Sin presentar indicadores de compromiso afectivo en relación al delito cometido". Este criterio es discutible desde cualquier profesional serio de la psicología, porque alude a la religión y el espiritismo, no a nada concreto y científicamente demostrable, pero no importa. Porque nuestro Código Penal dice otra cosa.
En su artículo 13 el Código Penal argentino contempla la libertad condicional, y la concede al que hubiera cumplido 20 años de su condena a prisión o reclusión perpetua, y al que hubiera cumplido las dos terceras partes si su condena hubiera sido de prisión o reclusión temporal por más de tres años, y al que hubiera cumplido un año de reclusión u ocho meses de prisión si su condena fuera de hasta tres años inclusive. Se exige que hubiera respetado los reglamentos carcelarios, debiendo el juez, que es el encargado de dictar la resolución, pedir un informe al respecto a la dirección del establecimiento. Se concede con varios requisitos: quien goza de este beneficio debe fijar residencia y vivir efectivamente allí, no consumir bebidas alcohólicas, no cometer nuevos hechos delictivos, buscar un medio de subsistencia digno, si no lo tuviere, en un tiempo prefijado, y someterse al cuidado y vigilancia de un patronato. Es decir, que no existe ningún tipo de normativa que establezca que quien es privado de su libertad deba hacerse cargo del crimen que cometió.

Por otra parte, mas allá del delito cometido, en la ley penitenciaria el condenado debe ser calificado en su conducta: esta calificación va desde pésima a ejemplar (pésima, mala, regular, buena, muy buena y ejemplar) y basta con que sea "buena" para poder acceder a la libertad condicional. Por lo que el interrogante de quiénes son los que establecen las puntuaciones de conducta hacia el interior de las cárceles entrerrianas aún está sin respuestas, sobre todo teniendo en cuenta que nuestras cárceles hoy en día están formadas por dos grupos: los detenidos y los integrantes del
servicio penitenciario. Unos mandan y otros obedecen sin que haya otra forma de pensar o de vincular a ambos.
El juez Rossi está lejos de ser un juez ejemplar. Pero los demagogos punitivistas son terriblemente peores y lo saben: por eso se autoimpugnaron.
El resultado es que al absolver a Rossi, decisión correcta, evitan destapar las cloacas putrefactas del corrompido sistema penitenciario, que es una universidad del delito, para quienes sobreviven.
Dejaron pasar tiempo, metieron su mugre bajo la alfombra y en breve vovlerán a sacar su disfraz de garantista. Por ahora está de moda disfrazarse de punitivista. Incluso volviendo a la Edad Media.
Pero las modas cambian. Y la Fiesta de Disfraces, como la cloaca del sistema penitenciario, permanece.