¿Hay una bomba social?



Gerardo Pressman-. Impresiones subjetivas sobre el impacto de la crisis económica nacional en algunos barrios de Paraná.
Èstas son impresiones subjetivas. Otros autores han cubierto para Noticias Entre Ríos los datos estadísticos sobre la crisis económica nacional.
Los últimos acontecimientos -devaluación, corrida cambiaria, aumento del desempleo, inflación galopante, freno de la obra pública nacional y ruptura en la cadena de pagos- ha dejado, como siempre, ganadores y perdedores.
Los ganadores, con Luis Miguel Etchevehere rebosante de alegría en la Cámara de Empresarios de Entre Ríos como postal de lo que vive el país, son los de siempre. Los perdedores, desgraciadamente también.



Conversando con tres militantes sociales -uno peronista pero que está con Varisco, el otro peronista K y un tercero cristiano independiente- el panorama que pintan es alarmante.
Por un lado, hay un fuerte aumento de pedidos de comida.
Los pedidos de comida habían descendido cuando la economía crecía y cuando había trabajo en la construcción y el servicio doméstico.
Ahora han aumentado así como ha aumentado la cantidad de asistentes a los comedores comunitarios.
Ha aumentado también la criminalidad. En esto, coinciden tanto el Jefe de la Policía Federal como el de la bonaerense, que han hecho públicas declaraciones al respecto: la crisis social lleva a la desesperación de delinquir a personas, que en otro contexto, no lo harían.
Ha aumentado también la cantidad de "kioscos" de droga y han cerrado, paralelamente, varias despensas familiares porque con la inflación y el cambio constante de precios no pudieron reponer mercadería. En la peatonal de Paraná, así como en el centro comercial de San Agustín, la cantidad de locales cerrados o con carteles de "liquidación por cierre" es alarmante.
El mercado de los alquileres de viviendas para el sector laboral de bajos ingresos, que ya era en Paraná un segmento pequeño, ha caído de forma abrupta.
Hay mucha gente endeudada. Los empleados en blanco, mayormente los que trabajan en el Estado, vienen "pateándola" con la tarjeta de crédito, que cobra comisiones usurarias. Ya mucha gente no llega a pagar el mínimo de la tarjeta y se la cortan. Otros acuden a las financieras semilegales del centro de Paraná, aunque ha aumentado el pedido de dinero a los prestamistas ilegales, la mafia. La mafia cobra menos intereses que las financieras del centro.
Se ven más jóvenes juntando cartones, botellas, metales en los containers de basura.
La capacidad de compra de los planes sociales y las jubilaciones se ha esfumado.
Hay problemas para mandar a los chicos a la escuela por la suba sideral del precio del colectivo. Si bien los estudiantes viajan gratis, a los menores hay que acompañarlos y los adultos sí pagan.
Muchos están optando con mandarlos solos en el colectivo en grupos, y acuden las madres todas juntas a la parada de colectivos, a una misma parada, tanto para la ida como para esperarlos a la vuelta: así evitan que les roben las zapatillas.
Las líneas de celulares están cortadas por falta de pago. Se frenó la compra de celulares nuevos (cuyo marketing está orientado a la gente con menor educación).
Los punteros, los estados provincial y municipal hacen malabares para contener la demanda social. Las iglesias, tanto la católica como las evangelistas (que no solían tener este rol asistencial por carecer de los recursos estatales que tiene la iglesia católica) están tratando de hacer lo que pueden.
Ha aumentado la prepotencia policial, de la mano de la Doctrina Chocobar y la Ley de Narcomenudeo. Los jóvenes evitan salir a la calle.

¿Hay una bomba de tiempo?
Nadie se atreve a asegurar lo contrario. Por ahora, se espera un fin de año complicado.
Los números fríos de las estadísticas no expresan esta realidad.