El peronismo entrerriano en el laberinto nacional



Gerardo Pressman-. Las chances del peronismo entrerriano de cara al contexto nacional.




"Hay un fusilado que vive" es una frase famosa de uno de los principales libros de Rodolfo Walsh. La escribió en 1956, cuando la audotenominada "Revolución Libertadora" hizo que conservadores antiperonistas como Walsh iniciaran una aventura ideológica que los pondría al frente de un autodenominado "peronismo auténtico" que fue usado y luego despreciado por el General Perón.
La frase sirve como metáfora de lo que le está pasando al peronismo, tantas veces dado por muerto.
Su último fusilamiento lo encabezaba Jaime Durán Barba, con sus tesis de la nueva política y la muerte de las ideologías -algo que ya había anunciado Fukuyama hace 30 años y se equivocó.



Durante el reinado del kirchnerismo, el radicalismo era un partido político fuerte: contaba con cinco gobernaciones y buena parte de los intendentes de capitales de provincia eran radicales. Sin embargo, no tenían un candidato nacional. Tal y como le pasa ahora al peronismo, si se considera como tal al arco variopinto que va de Cristina Kirchner a Sergio Massa, pasando por Urtubey, Bordet y llegando hasta Quebracho. Hay de todo en el "movimiento" y lo cierto es que se vuelve a discutir con seriedad la posibilidad de una unión. Lo que falta es el liderazgo aceptado por todos o por una mayoría, que pueda ejercer la conducción nacional. Mientras tanto, los gobernadores se refugian en sus terruños pero la crisis que se generó el propio gobierno de Macri los está haciendo repensar la cuestión del armado nacional.

El caso de Entre Ríos es elocuente. Se debilitó la idea de separar las elecciones nacionales de las provinciales y aún más se debilitó la idea de realizar las elecciones provinciales en marzo, teniendo en cuenta que el impacto de la recesión va a ir golpeando mas duro a medida que pasen los meses.
Ya son varios los analistas independientes que descartan una reelección de Macri, porque no ganaría en primera vuelta y en un balotage la tendría difícil, excepto -hasta ahora- que compita contra Cristina Kirchner.

Si bien a mediano plazo no es viable un federalismo político con un unitarismo fiscal, y esto se termina reflejando en los partidos políticos, quienes sostienen que al peronismo le conviene ir por separado en las elecciones, así el kirchnerismo conserva el voto duro y el peronismo de los gobernadores araña votos que fueron a Cambiemos en las anteriores derrotas, lo cierto es que el panorama para Entre Ríos importa solo en la primera vuelta, que es cuando se decide quién será el próximo gobernador y cada intendencia. Para la presidencial, se descuenta que el balotage es algo que llegó para quedarse.
Lo que nadie descarta es que si llegara a la presidencia una u otra variante del peronismo, el resto se unificaría inmediatamente detrás de ese liderazgo. Es por eso que al peronismo se le atribuye el atributo de la gobernabilidad, al radicalismo, ya no. Habrá que ver qué pasa con este experimento que es Cambiemos para ver si el PRO sigue con vida y por lo tanto, el radicalismo también. Aunque el PRO no avanza sobre el electorado peronista sino sobre el electoral radical e independiente, la fragmentación del peronismo es hoy el principal activo político de Cambiemos.