El juez Rossi como chivo expiatorio



Osvaldo Quinteros-. A pedido de Noticias Entre Ríos, Fernando Gauna Alsina escribió una nota de opinión sobre el caso del Juez Rossi. Esta nota de opinión representa la opinión de la Asociación de Pensamiento Penal.
Gauna Alsina es director ejecutivo de la Asociación de Pensamiento Penal, una organización integrada por personas relacionadas al sistema penal —por su ocupación en la magistratura, defensorías, fiscalías, el ejercicio de la abogacía, la academia, estudiantes y personas privadas de libertad-, editores de la Revista Pensamiento Penal, que van a presentarse como "amigos del tribunal" en el Jury de Enjuiciamiento al Juez Rossi. "Amigos del tribunal" es una figura legal que permite a “terceros”, es decir, personas que son ajenas al juicio, dar su opinión en casos de interés público. Esta es su opinión respecto al Jury que se esta llevando adelante.

Fernando Gauna Alsina-. Con relación al caso del juez Rossi, lo primero que debemos decir es que lamentamos profundamente el crimen de Micaela García y, desde ya, que nos solidarizamos con la familia en su búsqueda por justicia. Sin embargo, es importante que quede claro que no es apropiado asociar o buscar un cómplice del crimen en el juez Rossi, por varias razones.
En primer lugar, porque hay que tener presente que la libertad condicional de Wagner no se trató de un hecho aislado, sino que ocurrió en un contexto específico, cual es la etapa de ejecución de su condena previa, que estaba a cargo del juez Rossi. De manera que es un error caer en la trampa de los acusadores cuando circunscriben el caso, es decir, la acusación en contra de Rossi, en la mera decisión de otorgarle la libertad condicional de Wagner sin el aval de los organismos técnicos y el equipo interdisciplinario del juzgado que, a todo esto, sucedió nueve meses antes de que sucediera este triste hecho.
Decimos esto, porque Wagner comenzó a salir transitoriamente de prisión en el 2014 por motivos socio-familiares y laborales. Todo lo que fue ocurrió paulatinamente y progresivamente con el aval de los organismos técnicos y el equipo interdisciplinario. A lo que apuntamos, es que Wagner no salió de prisión de un día para el otro, sino que eso fue ocurriendo a medida en que demostró, por lo menos de acuerdo a lo que fueron informando los especialistas, que respetaba los recaudos que le fue exigiendo la justicia. Incluso, también existieron avances en prisión porque fue mejorando sus calificaciones y conducta.
Desde ese lugar, es cierto que a la hora de pedir la libertad condicional los organismos técnicos y el equipo interdisciplinario se opusieron. Pero lo relevante es que Wagner ya venía saliendo de prisión transitoriamente con el aval, insistimos, de estos mismos organismos.
A colación de ello, y en segundo lugar, deben tenerse presente otras dos cosas. La primera, que la ley de ejecución penal se encuentra atravesada por el principio de progresividad de las penas. De manera que la idea es que los condenados no obtengan la libertad de un día para el otro (cuando se agote lisa y llanamente la pena), sino que deben hacerlo progresivamente con el propósito que puedan adquirir paulatinamente herramientas para reintegrarse a la sociedad (trabajo, re-vincularse con sus afectos, etcétera). Eso fue lo que fueron intentando los organismos técnicos cuando avalaron los pedidos de libertad anticipada de Wagner y el juez cuando fue concediéndolos. Y justamente por eso es que Rossi concedió la libertad condicional apartándose de la última opinión de los organismos que, sorpresiva, o más bien arbitrariamente, dijeron que no correspondía la libertad condicional, cuando ya venían avalando las salidas previas y, por tanto, que Wagner ya estuviera en definitiva en su domicilio o en el trabajo. Lo que me lleva a subrayar la segunda cuestión.
Rossi no se apartó porque sí de la última opinión de los organismo técnicos, sino que lo hizo porque más allá de advertir la arbitrariedad de los informes (insisto, venían diciendo que sí a las salidas previas y ahora resulta que no estaba en condiciones de obtener la libertad condicional), tuvo en cuenta dos precedentes del Superior Tribunal de Justicia. “Islas” y “Martínez”. En el primero, el tribunal expresamente dijo que los informes de este tipo no eran vinculantes. Es decir que el juez debía evaluar de manera global la situación. Y en el otro, casualmente, se le deslizó a Rossi que tendría un prejuicio por no permitir salidas transitorias de agresores sexuales. Ante ese panorama, dado que Wagner venía saliendo transitoriamente de prisión casi por dos años, que tenía domicilio y trabajo, que lo venía haciendo con el aval de los organismos técnicos, y en definitiva, que se reunían las condiciones que exigía la ley, Rossi le otorgó la libertad condicional con la imposición de normas de conducta.
Y está a la vista que el criterio del juez no fue arbitrario, dado que el fiscal, si bien se había opuesto al pedido de libertad condicional, no apeló la resolución del juez. Si, justamente, se hubiere tratado de una decisión ilegal, el fiscal debería haberla impugnado para que la revisara el superior del juez.
Y tercero y último, lo que no es otra cosa que la síntesis de lo que vengo diciendo, consideramos que no es posible asociar al juez con la comisión de delitos o cualquier otro hecho de inseguridad. Los jueces no tienen otra obligación más que cumplir con la ley. Y eso fue lo que hizo Rossi como quedó claro hasta aquí.  Respetó la ley y los precedentes del Superior Tribunal de Justicia que, paradójicamente, le exigieron que revisara sus criterios. Y así lo hizo.

El crimen de Micaela fue trágico. Nos duele. Como duele cualquier muerte. Pero lo que hay que hacer es encontrar el modo de que estas cosas no se repitan, en vez de buscar chivos expiatorios, colocar la atención con exclusividad sobre el juez y, en concreto, mostrar que algo se está haciendo cuando en realidad no se está haciendo nada.