El filofascismo del Periodismo Patrullero



Lucas Carrasco-. Luego de que se sancionara la Ley de Fomento del Narcotráfico y la Corrupción Policial (denominada por los incultos como "Ley de Narcomenudeo) ocurrió uno de los patéticos actos de agravamiento de las ya de por sí deplorables violaciones a los derechos humanos y asesinatos disfrazados de suicidios que se cometen de manera sistemática y por parte del Estado en los campos de concentración de Entre Ríos.




La ola de demagogia punitivista, que roza el filofascismo, cometió otro oscuro episodio en estos días.
Esta nota se hará sin nombres, para eso está el Periodismo Patrullero y la doctora Nina Aragonés de Halle, Interventora del Poder Judicial e inspiradora de la prosa prosaica del Periodismo Patrullero, cuyos soldaditos ingresan a los medios paraestatales a costa del despido de periodistas.
Luego de que un condenado pagara las correspondientes coimas y se fuera por la puerta principal de la cárcel de Paraná y del asesinato de cinco personas en una cárcel de Victoria, el Periodismo Patrullero descubrió que una jueza de Concordia respetaba la Constitución, los Tratados Internacionales incorporados en la reforma del 94, los derechos humanos, la presunción de inocencia propia del Estado de Derecho que es pilar de la democracia y encima no fomentaba la adicción a las drogas, lo que desde ya sabemos, no conviene a los verdaderos narcotraficantes, esos que no pisan un juzgado ni tocan la droga o el billete chico que ésta recauda ni de casualidad.

Resulta que un ciudadano fue arrestado porque se sospecha cometió dos hurtos, uno a mano armada. El ciudadano, concordiense, es adicto a las drogas que se presumen ilegales -¿son realmente ilegales las mezclas de anfetaminas, paracetamol y pastillas psiquiátricas que se venden bajo el nombre de cocaína?- y por lo tanto, la jueza, con excelente criterio, dictó la presión preventiva dado que en el primer hurto tenía un pedido de captura y no fue apresado de inmediato, pero también aceptó el pedido del ciudadano de rehabilitarse de su adicción. Por lo tanto, concurría a una iglesia que tiene un grupo especializado para rehabilitación, con profesionales que saben del tema. Estos profesionales, además de las terapias individuales y grupales, recomiendan el ejercicio físico, cuanto más lúdico y recreativo, mejor, pues da la chance de que el tratamiento funcione a largo plazo.

Como existía la presión preventiva por riesgo de fuga, este ciudadano debía salir del campo de concentración que hoy es escenario de telenovelas y chimentos (tal se junta con tal, a tal otro le permiten ver a sus hijos y cosas así) para el Periodismo Patrullero. Que en esta ocasión encontró su medalla de oro en esta historia menor e intrascendente sino fuera por lo que viene a continuación: la histeria filofascista se desató, le pintaron una cruz con cal en la espalda a la jueza, al ciudadano inocente le hizo un juicio sumario de 5 minutos un tribunal de panelistas de improbables habilidades para la lectoescritura y se conmovieron por los pobres policías que debían trasladarlo, en vez de estar robando motos o, como notarán los motociclistas que ahora ya no hay más "controles", usufructuando la nueva Ley de Fomento al Narcotráfico. Vaya melodrama. BA-NA-NAS.

La jueza, cagona, decidió que por encima de la Constitución, los Tratados Internacionales, el Estado de Derecho que obliga a la presunción de inocencia y la obligación del Estado según la nueva Ley de salud Mental, valían menos que la histeria punitivista filofascista del Periodismo Patrullero y, colaborando con los narcotraficantes, revocó la medida.
Ningún integrante de los ex organismos de Derechos Humanos, hoy todos contratados con abultados salarios en el gobierno, alzó su voz.
Fin de la historia.