Casanova, Leonardo Simons y Pichon-Rivière



Lucas Carrasco-.  Tenés media hora para escribir algo.
Pero no pasa nada relevante.
Ni hay nada que, de verdad, me interese.


Macri es Manaos. Menem fue Coca-Cola.
Si Menem fallece en estos años, en medio de este clima cultural, saldrán del placard muchos a reivindicarlo.
Como sea, con el paso de los años, se olvidará su actuación desde 1999 hasta el día de hoy, su peor etapa, digamos. Ya pasó con Alfonsín, con Frondizi, cuyas últimas derivas alocadas fueron quedando en el olvido. Creo que fue Woody Allen el que dijo que el humor era tragedia más tiempo. Y el balance histórico, la construcción de una mitología incluso, requieren de distancia. La distancia la otorga el tiempo.

Los kirchneristas son expertos en ganar elecciones en los años pares.
Debe ser por eso que Agustín Rossi lanza sus candidaturas presidenciales (ya van dos, la anterior fue en el 2014, la actual fue la semana pasada, en 2018) en años pares. El único político que no es trotskista (bah, que no es Jorge Altamira) y fue candidato en tooooodas las elecciones desde 1983 hasta la fecha y jamás ganó ninguna.
La ingeniosa sentencia de que los kirchneristas son expertos en ganar elecciones en los años pares, es del brillante sociólogo Pablo Semán, según me la contó Martín Rodríguez, que es una caja de herramientas: tiene, en su memoria, una cita ingeniosa de algún amigo para cada ocasión.

La cocaína que venden en Paraná está tan cortada con bicarbonato que si le ponés diez terrones de azúcar y colorante de caramelo más un cacho de agua, tenés medio litro de Coca-Cola. Si le ponés Manaos Cola podés hacer caramelos Media Hora. Habría que hacer un experimento. Porque en una de esas, si tiene más agua ya puede ingresar dentro de los remedios de la homeopatía. El agua con azúcar, o sea, la homeopatía, cura casi todas las enfermedades (el casi es porque también curará las enfermedades que aún no se han descubierto) siempre y cuando uno no esté enfermo. La homeopatía es como una prepaga. Mientras no estés enfermo, funciona muy bien.

El conservadurismo se disfraza de progresismo porque el progresismo argentino se caracteriza por su cobardía. El conservadurismo de hoy, a diferencia del bravío de antaño, es esencialmente cobarde. Por suerte. Por eso, el único modo de razonar con hipócritas, es llevándolos al extremo de su razonamiento.
La era "posmaterial" conlleva un irremediable espíritu de tontería monumental. Por dios, la tontería se ha vuelto viral. Como la gripe. Que siempre es virósica. Y que se contagia fácil. Y no tiene remedio. Solo hay que esperar que pase.



Cuánta gente ha descubierto la cura del cáncer.
Si Monsanto pagara al periodismo entrerriano como dicen los oscurantistas que le paga al 99,9% de los científicos DEL MUNDO, como hace Río Uruguay Seguros nomás o los diversos gobiernos de nuestro periodismo paraestatal, saldrían notas sobre los beneficios de desayunar con Napalm. Sobre todo, en los lactantes. Cinco cucharaditas de Napalm, recetadas por el IOSPER.
El Napalm es el Agente Naranja (suena a personaje de Titanes en el ring: había uno, de naranja, que se llamaba como un jugo en polvo: Dink C) producido por Monsanto para que los campos de arroz de Vietnam del Norte, no crecieran, para no poder alimentar a las tropas de Ho Hi Minh durante la invasión yanqui. Y que no creciera nada. Hoy, Vietnam, con la misma bandera roja de Martillo Hammer y Hoz, usa estos herbicidas modificados, obviamente, para producir más. También internet -gracias a lo cual estás leyendo esto- fue desarrollado para la guerra. Por EEUU.
El desarrollo de tecnología militar va de la mano, lamentablemente, con los grandes saltos civilizatorios, y por consiguiente, con la mayoría de los avances tecnológicos. Mao o meno como que el poder nace de la boca del fusil.



Estimado lector, tómese un segundo, entre a Google y ponga: "Bordet ratificó su compromiso"  o clickee en el enlace. Mire los resultados. Se va a reír un rato. Reírse hace bien.
El ratificador serial: Leonardo Simons va a un recital gratuito de Kevin Johansen y ratifica su compromiso con el acceso a la cultura. Ok: la cultura es una especie de cosa a la que hay que "acceder". Va a un hospital y ratifica su compromiso con la salud. Va a una escuela y ratifica su compromiso con la educación. Va a una granja y ratifica su compromiso con los "los pollos que se pasean vivos" (ya hemos explicado ¡SIN QUE EL MUNDO SE CONMUEVA! que García Márquez le robó esta frase a Cortázar: la puso de título en una nota de El País -que pasó de Prisa a considerar a López Obrador una reencarnación del Arcángel Gabriel luego de tratarlo como a Hitler: negocios son negocios, a la inversa de con Macri tras favorecer a Clarín/Telecom- cuando Cortázar, en Mendoza, ya la había escrito 40 años atrás). Leonardo Simons va a Santa Fe y ratifica su compromiso con Estanislao López. Va a un desfile de cuatro milicos cagados de frío y ratifica su compromiso con Urquiza. Va su dedo al calendario y ratifica su compromiso con Artigas. Va camino al túnel subfluvial, mira el letrero de la calle y ratifica su compromiso con Ramírez, el Señor Avenida. Va a un club y ratifica su compromiso con el deporte. Se ve que asumió con muchos compromisos. Y siente una enoooorme necesidad de ratificarlos. ¿Y? ¿A quién carajo le importa? ¿Por qué eso tendría algún valor público?
En fin, el problema es que plata, lo que se dice plata para hacer cosas concretas, no hay. Esa es la verdad. El ratificacionismo de un hombre con más compromisos que Giacomo Casanova, cuyo divertido libro de memorias, hoy (como entonces) volvería a ser escandaloso para los progreconservas de este revival de la Moral Victoriana
El mindfulness multicompromisos del gobernador tiene un giro a lo Walt Whitman.
A mí me parece muy divertido.



Cuando a alguien le comentan alguna de mis notas, siempre deben aclarar que "Carrasco está loco" para luego decir "pero...". ¿A qué se debe esa necesidad de aclarar que estoy loco? ¿Solamente a que estoy un poco loco? Sí, pero también, probablemente, se estén escudando, por las dudas algún día me les cague de risa por alguna cosa. Esta bien, qué se yo.
¿Estoy realmente loco?
Pichon-Rivière diría que no, porque la salud mental es la conciencia de la propia enfermedad.
Además, como todo psicoanalista, Pichon-Rivière, sabía que la construcción de un personaje es también la construcción de una marca. Pero esa es una verdad que hay que guardar en un frasquito.