A pedido de Macri y Bordet

 Lucas Carrasco- El masivo ingreso de publicidad oficial nacional, provincial y de varios municipios tiene como condición que yo me modere o etc, etc, etc. Por lo tanto, he acordado y firmado la renuncia. Aclaro que vendí mi parte en 1 peso (yo propuse el precio). Mi único objetivo es que siga existiendo una voz disidente en Entre Ríos. La única voz disidente que existe.



En breve se publicará, me cuenta mi gran amigo Osvaldo, el nuevo staff.
Por supuesto que estaré. Por supuesto que negociaron mi cabeza. Bah, mis teclas. La yema de mis dedos sobre el teclado y todos los golpecitos al teclado que no estoy dispuesto, porque estoy envejeciendo, a hacer. Los gobiernos que ponen publicidad oficial quisieran, sin importar el signo político, que dejara de escribir. Que me diluyera, Pero en Noticias Entre Ríos mis notas siguen siendo las más leídas. Incluso en los lectores entrerrianos. Y si así no lo fueran, me querrían igual. Capaz que, solamente, porque los hago reír, sin contar buenos chistes, solo por reírme y reírme del poder: los poderosos, enseña la literatura, tienen costados grotescos, graciosos, ridículos. El poder es un imbécil vestido para misa de domingo. Por mostrarlo gracioso, torpe, algo idiota. Por tener la entereza moral de perder todas  mis batallas ideológicas, riéndo. Llorando a carcajadas. Burlándome de mí mismo. Soy pedante, agrandado, soberbio, mentiroso. Otra vez, lo mismo: ¡otra derrota! Algçún día voy a ganar una, voy a conocer qué se siente luchar por las causas perdidas y ganar. Algún día lo voy lograr. Pero si nunca lo logro, qué importa, a mí todo me chupa un huevo: solo adhiero a las causas imposibles, solo defiendo a los hundidos, ya nunca más me conmueven los conceptos: si es por justicia, para alguien-concreto-ahora-ya, cuenten conmigo. Para la paz mundial, la igualdad planetaria de la clase obrera, para eso estaba mi padre. Que de tanto amar la humanidad o la revolución o la guerrilla, de tanto amar cosas así, no le quedaba tiempo para amar a personas concretas: él quería salvar la humanidad, no tenía tiempo de mirar el dibujo que le había hecho su hijo de cuatro años. Un niño triste y con delantal, un niño peinado a la gomina que siempre estaba solo, el niño que yo fui. Cuando fui una mejor persona. Cuando empezaba a entender qué es ser bueno. Cuando traté de ser bueno.
De niño, mi objetivo era ser buena persona.
¿Cómo me verá hoy, el niño que fui?
¿Lo defraudaré?
¿Me entendería?


Obviamente, nadie me lo dice, tengo experiencia, está sobrentendido, en los medios funciona así; los gobiernos que ponen dinero es para callarme, contentarme, suavizarme. Pueden quedarse tranquilos desde el gobierno nacional, el provincial, los municipios, voy a escribir dos veces por semana y dejaré de editar las notas.

Está llegando mi fin. Por razones de salud y porque ya no tengo 25 años, ya no soy aquel pibe que fui para aguantar las grandes batallas. Soy demasiado joven para el Club de los Consagrados y demasiado viejo para volver a empezar. Me quedan varios gobiernos presionando para que  me suavice. Y varios despidos. Porque soy un periodista y escritor. Y me tomo en serio mi laburo. Aunque no me tome en serio a mí mismo, al mundo, a las guerras, las tragedias, la esclavitud, el sometimiento de la mujer, la tontería irresponsable contra el ambiente, la multitud de niños abandonados, las parejas jóvenes con la piba embarazada buscando comida en la basura. Quizás ningún lector de este medio me crea, porque acá solo desplegué mi cinismo. Porque soy, además de un cínico, un hombre frágil.  Un berreta que llora con las películas de amor. Que espera a Cáritas para dar el donativo.
Un tipo simple que no puede escribir una noticia sobre un niño que fallece por desnutrición.No puedo.Me largo a llorar. Y me dan ganas, unas ganas profundas y acertadas, de mandar todo a la mierda.
Yo elegï un oficio lleno de frustraciones.

Por hablar de más, adonde voy, donde vaya, los gobiernos presionan, ponen más plata a cambio que yo ya no esté. Y bue.


Sigo creyendo que alguien tiene que ser disidente, ante tanto consenso sobre la tontería. Sigo creyendo que los tontos son tontos.

Hasta pronto.