¿Reducir la pobreza o distruir la riqueza?


Joakito-. Una gran movilización popular vinculada a los sectores mas vulnerables copó la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Si bien es cierto que el consumo ha decaído y que la pobreza ha aumentado, es necesario rever los planteos tradicionales a la hora de afrontar el problema. No es atacando la riqueza en sí como se soluciona el problema, sino por el contrario, la solución pasa por pensar una distribución equitativa de la riqueza. Producir mas y repartir mejor de eso se trata.
La ampliación de la brecha de ingresos es más visible cuando hay una retracción de la actividad económica, período en el que los sectores más vulnerables pierden poder adquisitivo, por efecto de la inflación o por una reducción del empleo, a un ritmo más acelerado que los de mayores recursos. Pero el crecimiento de la desigualdad -que no es lo mismo que el crecimiento de la pobreza- no se produce solo en tiempos de crisis. De hecho en el tercer trimestre de 2009 -momento en el que el precio de los commodities se encontraba muy alto- el decil de mayores ingresos ganaba 26,6 veces más que el decil de menores ingresos. Y en el tercer trimestre de 2008 esta diferencia fue de 27,7 veces. Actualmente el 10% más rico gana 26 veces más que el 10% de menores recursos. 

Estamos acostumbrados a atacar a quienes producen riquezas y solemos poner en un pedestal a "la pobreza", echándole la culpa de todos los males a "los ricos". Si bien es cierto que en Argentina, la burguesía nacional -sobre todo en los últimos 30 años- no ha aportado un solo ápice al desarrollo nacional, por el contrario ha sido parasitaria del Estado- lo cierto es que cuando en los discursos políticos se habla de redistribución de la riqueza se trata al empresario con desprecio, como si fuera el causal de los daños que aquejan a la economía. Pero de lo que se trata es de estimular a la formación de  empresarios que generen empleo, paguen los impuestos de los que se alimenta el Estado, fomenten tecnologías, incluyan, inviertan y generen riquezas que luego puedan ser distribuidas. Nada de esto sucede en Argentina.




En nuestro país no solo la distribución geográfica es mala, también lo es la distribución de lo producido.
Este debate resurge en estos días a razón de la discusión sobre la producción, costo y distribución de la energía. Hay 15 millones de habitantes, incluido el cordón del Gran Buenos Aires y la Capital Federal que según el último censo concentran el 60% de la riqueza argentina. Hace muchísimos años esto fue advertido por el escritor Martines de Estrada en un libro llamado “La cabeza de Goliat”, donde dice que Argentina es una cabeza grande con cuerpo esquelético, lamentablemente nadie lo tuvo en cuenta y al día de hoy la población y la riqueza se siguen centralizando en el puerto bonaerense.
Otro dato histórico y bibliográfico nos marca que en 1951 durante la segunda presidencia de Perón, el 45% del producto bruto interno argentino se destinaba al pago de salarios, dictaduras mediante esa cifra bajó al 30% durante el gobierno de Alfonsín.

Cuando se producen momentos de estancamiento económico como el que estamos atravezando con cambios continuamente en el funcionamiento macroeconómico, los que tienen más posibilidades de adaptarse a ellos son los que disponen de mayor financiamiento, un elevado capital social, fuertes lazos políticos o  mejores contactos con las grandes empresas. Estos privilegios corresponden al decil más alto de ingresos o de riqueza de la sociedad.
En Argentina existe una red de contención social básica que funciona, entonces los más pobres, en principio cuentan con un sostén básico que le permite sobrevivir a  las consecuencias de estas crisis, pero las clases medias bajas, como no están contempladas en esa red de contención sufren drásticamente las consecuencias.
Los cambios en la política económica, hoy representados por los ajustes de tarifas, tienen efectos directos e indirectos sobre la distribución del ingreso, en especial entre las clases sociales medio-bajas y altas. Estos cambios y sus consecuencias pueden ser tenidos en cuenta y trabajados a tiempos para compensar la crisis que implica, mediante la aplicación de políticas sociales focalizadas (la famosa vuelta a los noventa) o repensando el sistema de distribución de las riquezas en la Argentina, cuestión que al parecer es casi imposible, ya que como dijo Nora Cortiñas "Macri es un Robin Hood al revés: les roba a los pobres para darle a los ricos".