Qué cambió en la política tras la crisis cambiaria



 Lucas Carrasco-. La devaluación de la moneda tiene su correlato con la devaluación del relato.


A principios del 2001 las consultoras registraban un apoyo al Presidente De La Rúa cercano al 30%, mientras caía en picada la buena imagen de su ex vicepresidente, Carlos Álvarez, quien quería volver al gobierno como Jefe de Gabinete de la mano de quien propuso como Ministro de Economía, Domingo Cavallo. La imagen de Chacho Álvarez -artista exclusivo de Canal 13, aunque Carrió ya estaba haciendo el casting que dirigía Eduardo Duhalde (y es sabido que eligió a Néstor Kirchner)- caía de picos cercanos al 75% inmediatos a su renuncia. La de Cavallo ascendía por encima del 50%, a pesar de haber obtenido un magro porcentaje, saliendo tercero en las elecciones presidenciales de un año atrás, con su flamante partido (un antecedente del actual PRO: una derecha populista basada en un líder carismático).



Este párrafo, que cuenta una historia que parece de ciencia ficción, es en su escala mayor de simplificación, estricto. Las cosas fueron así. Pero casi nadie las recuerda así, menos aún, ese núcleo del 30%, uno de cada tres argentinos (aunque en realidad, la mayoría estaba en la zona metropolitana portuaria) que apoyaba a De La Rúa. y más de dos de cada tres, el retorno de Cavallo.
Por dos razones, una, probada por la psiquiatría: la mente, excepto que esté entrenada para no hacerlo, recrea los recuerdos tal y como los siente en el presente.
La otra razón es que en aquel momento se había perdido, en el fragor de la crisis terminal que no se asumía como tal, el centro de referencia. De manera que cualquiera que explicara su verdad debía enunciarla como la verdad. Y tendría su público para escucharla, creyendo que era el público, el que la escuchaba.
Hoy no sé si asistimos a una crisis terminal en el sentido de pérdida de gobernabilidad (tiendo a creer que no) pero sí a una consolidación de la disgregación de los frágiles polos que conformaban lo social como tal, que daba una pátina de legitimidad a quienes creían en la existencia de una Nación concluía. El hook de la Patria Financiera operó como un jab al relato gubernamental de la revolución de la alegría que combatía con movimientos de piernas a un peronismo en guardia y a un kirchnerismo en nocaut.
Y asistimos, nuevamente, como en el 2008 y 2014, a un nuevo estallido semiótico del centro de referencia, de ese saber ser compartido que denominados Verdad.
Así que Macri puede repetir mil veces la palabra Verdad en sus guiones, reforzarla con su palabra antagónica Mentira, y de cualquier manera tendrá su público ávido de creerle, aún cuando este público pueda ir adelgazando en cantidad y calidad intelectual, lo cual está por verse.

Qué lejos queda aquella decisión de apartar al actual Interventor de Facto del Banco Nación, el carapintada Gómez Centurión, por un afano menor en la Aduana. Y reincorporarlo después de un lifting judicial express, que hasta parecía serio y tenía cierta elegancia institucional. Hoy si sos miembros del gabinete y no tenés en alguna guarida de narcos y bandidos del Caribe por lo menos un par de millones de dólares escondidos, no te invitan a la reunión de gabinete, acusado de empobrecimiento ilícito. Esa lejanía de aquel episodio con el ignorante en derecho aduanero que hoy pasea su ignorancia financiera en el banco más grande del país, fue hace apenas 20 meses. La aceleración en la indigencia intelectual de los beliebers de Mauricio es impresionante. Pero nadie está obligado a creer en su contra.