Ludovica Squirru, el paro y la productividad laboral



 Lucas Carrasco-. Acá andamos, con ganas de hacer enojar a la buena gente.


Hay muchos motivos para estar en contra de un paro puntual o una huelga, en términos generales. Pero hay uno que se escatima pero sobrevuela los discursos reaccionarios, aunque forman parte del sentido común. La queja es por el presentismo. El cual, como veremos, no tiene sentido lógico sino se asocia al concepto de productividad. El cual, como veremos, es propio de patronales idiotas, ignorantes y pendencieras.

El presentismo es una tontería que sostienen los derechistas pedagógicos, profesionales del fracaso escolar -con Susana Decibe y Daniel Filmus a la cabeza- que para explicar su propio fracaso aluden al misterioso "presentismo". La gente común, que piensa a la escuela como guardería de bobalicones con hormonas exaltadas y además confía en que estando ahí por el solo hecho de estar, es mejor que estar en sus propias casas (lo cual probablemente sea cierto) aceptan este concepto, aún cuando lo que los burócratas quieren decir es otra cosa. Hay una ley vigente, incluso, promovida por Filmus, para ganar el Campeonato Mundial del Reaccionario Chamuyero: dice que el presentismo escolar es no se cuántos días al año, sea en CABA -donde toman los colegios si no hay calefacción- o Jujuy, en Ushuaia o en Islas del Ibicuy: lo importante es el presentismo. Qué charlatán es ese señor.

El ausentismo, que es la contracara del presentismo, baja la productividad en el sector privado, se sostiene de manera seria, con cara de amargado, que es la cara que todo ignorante pone cuando cree que lo que dice es serio: basta ver a los empresarios de la salud, llamados sindicalistas, poner cara grave al anunciar un paro general que, no siempre pero casi siempre, es incentivado por las patronales. Que igual se quejarán de la falta de productividad.
Por ejemplo, si yo tengo una fábrica de mocasines que ya no vendo (¿quién va a comprar algo en Paraná?) y pago de luz más que de sueldos, el paro afectaría la productividad de mi empresa, lo cual en el fondo, me salvaría: incluso, si los obreros hicieran 15 días de paro seguido nos convendría a ambos, porque no gastarían en transporte, ni perderían el tiempo, y yo no perdería en producir, porque la productividad cuesta y es obvio que el empresario no la paga. Pero no todo es tan simple.
Veamos. La productividad de un país es el resultado de una operación matemática de escuela primaria: el producto bruto dividido la cantidad de empleados por la cantidad de horas trabajadas. Eso da una unidad de medida que se compara con otros países (aunque no tengan 40% de trabajo en negro como Argentina, trata de personas indocumentadas como EEUU o una dictadura esclavista como China, todo vale lo mismo). Frecuentemente, las patronales ignorantes, pendencieras y payasescas, como las de la Asociación Empresaria Argentina, la familia Moyano con sus empresas o las pymes trotskistas, exigen mayor productividad a sus empleados, o sea, no demos vueltas: mayor esfuerzo a cambio de menor salario. El problema es que, pongamos el caso de YPF, OCA o el Partido Obrero: llega un momento donde no hay más nada que hacer, por lo tanto, lo que en verdad se pide es que se reduzcan los salarios, sea tomando funciones que antes hacía otro (o una máquina), sea quedándose en la casa o renunciando. Como se verá, dependiendo del caso, la tasa de productividad se puede disparar. Hablamos de empresas privadas grandes como YPF (cotiza en New York), OCA (de Moyano), Partido Obrero (no menos de 50.000 trabajadores gratuitos para pagar unos cien salarios de la Vanguardia Profesional). A excepción de estas tres grandes empresas, que trabajan con contratos secretos, la mayoría de las cámaras patronales reclama, por ejemplo, "seguridad jurídica" además de mayor productividad.
Pues bien, a nadie se le escapa que mayor seguridad jurídica requeriría mayor personal, capacitación, inversión, etc: esto es, mayor gasto en el Poder Judicial. ¿Y qué aporta al Producto Bruto Interno el Poder Judicial? Nada. Por tanto, a mayor seguridad jurídica, menor productividad.
Se me objetará que hay un caso donde no es así: Estados Unidos. Ok. ¿Algún otro caso? Bue. Es solo ese, ok, no es casual: basta con preguntar qué opinan de la seguridad jurídica de su gobierno, el gobierno de los Estados Unidos, los países invadidos por éste. Un iraquí seguramente elogiará que a Bush se le haya ahorcado por mentir sobre las armas de destrucción masiva de Sadam...ah, no, cierto. El ahorcado fue otro. Y el petróleo, que tanto contribuye al PBI yanqui, es robado. Vaya detalle.
Sigamos.
Probablemente, una gran editorial extranjera -de hecho, no hay argentinas que sean grandes- prefiera la productividad de Ludovica Squirru -un libro por año, de mínima, con profecías delirantes- que un Ernesto Sábato, que escribía poco y vendía menos. La productividad argentina sería mayor si en vez de ser el país de Borges fuera el país de Paulo Coelho. Y sería infinitamente mayor si con la Hoz y el Martillo los trabajadores nocturnos de las plantas fabriles que trabajan las 24hs no fueran a la escuela ni supiera leer, como en China, donde se pierden la productividad baja de Sábato pero ganan con los analfabetos. Eso sí: es necesario un gobierno militar con un dictador perpetuo. ¿Es eso, acaso, lo que buscan las patronales?
Seguramente. Pasa que les averguenza decirlo o no tienen ni puta idea de las huevadas que repiten como monaguillos porque las escucharon en inglés.

Acertada reflexión filosófica para cuando uno no encuentra las llaves.

Contra el sentido común idiota que balbucea torpezas que no comprende, la productividad es un concepto matemático que en sí mismo no dice nada de un país. La competitividad global es un cuento de hadas para boludos grandotes o ni eso, porque Trump, que es un boludo grandote, no se la cree. Y no es el único ni el ejemplo de nada.
La productividad está íntimamente ligada a dos variables: una, el alto grado de tecnología incorporada a la producción y, como parte inescindible de esto, el ensamble con los flujos más dinámicos del capitalismo global. La otra variable que sube la competitividad es tener un gobierno comunista como Corea del Norte, Cuba, Bielorrusia, China, Vietnam, en fin, lo que pretenden los marxistas leninistas dueños de Techint y Arcor; pero no es lo que les conviene a los fabricantes de autos, computadoras, etc. Éstos fabrican por partes: mano de obra en un lado, tecnología en otro, innovación en otro, financiarización en guaridas, mercado en todos lados.
Ahora bien, si por cada billete del sector industrial -tomado en su linealidad de unidad física representativa- hay treinta y cinco billetes financieros, ¿dónde cuaja el concepto vulgar de productividad?
No solo es un concepto vulgar. Es un concepto perimido.

P/d: Está adrede en este texto, utilizado el concepto de "productividad" en relación a la economía industrial, pues de ahí proviene. Adrede no se analiza su uso tomando la economía de servicios, que es en cualquier país, aún el más atrasado, la mayoría del PBI. Lo que pasa es que el concepto proviene de la Revolución Industrial inglesa y utilizarlo en la economía de servicios (¿es válido aún hablar de "servicios" y desvincularlo de la industria y el agro? yo creo que no, pero ese es otro tema) es perder el tiempo, porque ningún economista serio lo hace al referirse a los servicios. Lo cual habla de que los chantas que le dan letra a nuestra patronal, viven de su ignorancia, su vulgaridad y su estupidez. Con lo cual, me caen bien. Tienen menos productividad que yo.