Lo que se viene



Ezequiel Bauman-. La impresionante suba de los precios en la construcción, en el segmento mayorista y antes de que el informe que elabora el INDEC recoja las alarmas y subas que vendrán tras las nuevas devaluaciones sucedidas en mayo y junio, hace prever que el aumento de la pobreza vendrá acompañado de un aumento del desempleo, la paralización total de la obra pública y un nuevo ajuste vía inflación que se superpone al ajuste ortodoxo que sin pericia y con crueldad lleva adelante el gobierno nacional, enfrentado a la ciudadanía de manera alocada, como si estuviéramos en una guerra.
El Índice de la Construcción es un predictor del empleo y la actividad económica. Venía recuperándose gracias al pulmotor gubernamental y la clase media alta, que con el dolar planchado como ancla inflacionaria y sin acceso a la timba de las LEBACs se refugiaba en los ladrillos. Todo eso es historia pasada. Nadie le cree nada al gobierno.
La economía, lisa y llanamente, voló por los aires. Hay un nuevo escenario: la intervención extranjera en el país, a través del brazo ejecutor del FMI, era cantada tras el macabro plan económico de regalar las reservas y endeudar al país, multiplicando la inflación. Todo junto y revestido con un discurso cínico a la vez que se encarcelaba a los opositores y se distraía al ciudadano con una prensa adicta que fue amigable con el gobierno como solo ocurrió durante los primeros años de Menem. 
La parálisis económica es total, pero sus efectos mas perversos socialmente se comenzarán a ver en los próximos meses. Mas gente comiendo de la basura, los comedores comunitarios llenos, el cierre de mas empresas en Entre Ríos -y la total indiferencia de sindicalistas y gobiernos, que se seguirán reuniendo con los empresarios para otorgarles mas subsidios- y un calentamiento global del malhumor en la clase media por los tarifazos y el golpe al bolsillo que vendrá en las tarjetas de crédito.

Todo esto derivará en mayor criminalidad en las calles, aumento de la crisis sanitaria con hospitales sin insumos, escuelas paralizadas, el caos que los que peinamos canas ya hemos visto en 1989 y en el 2001. La única esperanza, que no parte del gobierno sino de "la imagen que quieren dar al exterior" es que esta vez no haya una nueva masacre de la gente que reclama por sus derechos. Y que el gobierno nacional no huya sino que asuma sus responsabilidades y termine el mandato.
Mientras tanto, está en manos del peronismo seguir permitiendo que el PRO funda el país por varias generaciones, porque la mayoría de los costos sociales se pagarán cuando haya que pagarle el crédito para la fuga de divisas al FMI, cuando ya no queden reservas -recordar que se las regalaron a los Fondos Buitres- y empiecen a llegar los acreedores del récord mundial de endeudamiento que hizo Cambiemos en el país, para con ese dinero fugarlo al exterior en las guaridas fiscales donde los funcionarios tienen a resguardo el producido de su paso por la función pública.
Este gobierno quedará en la historia como una salvaje estafa al pueblo argentino, mientras la Justicia miraba distraída como hace siempre y generaba bombas de humo para distraer al ciudadano.