La oposición a Macri



Osvaldo Quinteros-. El torneo de egos en la fauna política opositora no tiene mucha importancia. Las anécdotas sobre sus reuniones, intrigas y operativos de prensa, son para consumo de la clase política, muy alejada de la gente. Sin embargo, hay otros datos que hay que tener en cuenta.
Se puede gobernar con el 30% de apoyo, lo que no se puede es gobernar con el 70% de la gente en contra.

Parece un trabalenguas. Pero es central, en el campo de la sociología política, para determinar de acuerdo al sistema político -cuando éste incluye balotage o sistema parlamentario- el grado de intensidad de la gente que está en contra de un gobierno. Si ese grado de intensidad es bajo, la oposición tenderá a dispersarse en varias ofertas, compitiendo más entre sí que contra el gobierno. Como pasó, por ejemplo, en las elecciones de 2011 que dieron un amplio triunfo a Cristina Kirchner: la oposición se dispersó y atomizó sin rumbo y sin hacerle cosquillas al gobierno de entonces.
Para explicarlo con claridad: si el grado de intensidad en la oposición a un gobierno es alto, enfrente se pueden unir Quebracho y la UCEDE y una mayoría que ronde el 70% estaría dispuesta a votarlos en un balotage.
Parece un ejemplo extremo pero es lo que sucedió en parte en el balotage del 2015 y es lo que sucedió nítidamente en el 2003, lo que llevó a Carlos Menem al insólito récord mundial de ganar una elección por amplio margen y no presentarse a la segunda vuelta. Porque sabía que contra cualquiera de los candidatos, incluso contra Leopoldo Moreau, que representaba la UCR de De La Rúa, perdía la elección el riojano. La gente estaba dispuesta a votar a un desconocido como Néstor Kirchner, a quien el entorno de Reuteman calificó sin vueltas como "montonero", con tal de no volver a ver a Menem. No tanto a sus políticas, que fueron bien representadas por Rodríguez Saá y López Murphi, ambos en el cuadrante derecho: uno populista/peronista, el otro reaccionario/radical.

¿Es ésta la situación de Macri?
Aún no, pero parece encaminarse en ese sentido. La sobreideologización de su gobierno, la puesta en escena de un gobierno insensible donde solo los grandes jugadores del mercado agropecuario y los bancos son los ganadores del modelo, le juega en contra.
Pero hay que considerar la astucia de los asesores de Macri. Por ejemplo, al posibilitar que salga por ley la despenalización del aborto. Otro ejemplo, aunque poco explotado políticamente por el gobierno nacional, es que liberó los controles cambiarios puestos en el 2009, lo que posibilitó que saliera de "economía fronteriza" a "economía emergente" pero es el gobierno que impulsó el pago de impuestos a la renta financiera (lo que en parte motivó la corrida de mayo). O al controlar como ningún otro la Justicia Federal y no aparecer, ante la opinión pública, como quien violenta la división de poderes. Lo mismo que pasa con la libertad de prensa: jamás hubo tanto monopolio apoyando al gobierno; sin embargo, aún están frescas las torpezas y desmesuras del kirchnerismo en este campo comunicacional para que se barra bajo la alfombra el avance sobre la libertad de expresión que tiene Cambiemos, ante el silencio cómplice de los radicales, que antaño solían diferenciarse de los mesiánicos como Durán Barba y Carrió por su espíritu republicano y democrático. Han perdido esa marca positiva. Difícilmente vuelvan a recuperarla.

Si el macrismo sigue hegemonizando Cambiemos, con Carrió como claque y los radicales al margen; es probable que la intensidad de la oposición, ese 70% que hoy está contra el gobierno, no solo no tenga retorno, sino que posibilite la unidad del conglomerado opositor. Bajo cualquier figura. Quién lidere la oposición hoy no es tan importante, excepto para los propios interesados. Lo importante para el análisis político es si el gobierno se vuelve polisémico, con iniciativas por derecha y por izquierda como en sus inicios cuando amplió la Asignación Universal, sacó la Reparación Histórica, cuidó la ética gubernamental y sacó iniciativas polémicas por consenso, como el pago al contado y sin chistar a los Fondos Buitres; o si por el contrario el gobierno se empeña en cerrarse en el círculo de alcahuetes que rodea al Presidente y sigue por este camino sin salida del ajuste ortodoxo, la sobreideologización derechista, la estupidez de que el mundo nos aplaude cuando el mundo en realidad va en dirección contraria, etc.
En ese caso, no solo no habrá reelección de Macri, sino que cualquiera, literalmente cualquiera, puede ser Presidente en el 2019. Incluso un aventurero como Marcelo Tinelli.