El plebiscito que no fue



Ramiro Pereira-. Es posible que el mantenimiento por parte de referentes de la primera línea del partido radical en todo el país, de posiciones contrarias al pacto con Menem, al cual se denunciaba en los medios masivos de comunicación como violatorio del mandato que el pueblo le había otorgado a la UCR en las elecciones del 3 de octubre de 1993 y contrario a la significación histórica de la Unión Cívica Radical, haya posibilitado que la sociedad tuviera la visión de que había en el radicalismo una suerte de reserva que planteaba una oposición mucho mas firme a lo que ya comenzaba a percibirse como hegemonía del PJ, lo cual habría facilitado la reconciliación del partido con importantes sectores sociales que rechazaron el acuerdo con el peronismo como defección opositora. También es posible que, al no encolumnarse  toda la estructura partidaria detrás de la propuesta política de acuerdo con Menem, y consecuentemente los enfrentamientos y el clima de división partidaria,  determinaron en gran medida la fuerte caída electoral de abril de 1994 y la pérdida de la posición hegemónica como fuerza opositora. 




Terminada la interna radical, el domingo 14 de noviembre de 1993 en la quinta presidencial de Olivos Alfonsín y Menem –rodeados de gran número de dirigentes de sus partidos- suscribían el documento que se conocería como Pacto de Olivos en el cual las partes se comprometían a impulsar reformas en el texto de la constitución nacional, sin alterar su parte dogmática.
El documento firmado por Alfonsín y  Menem  remitía al “espíritu de coincidencias que animó  a la reunión que celebraron, con similar finalidad, el 6 de setiembre de 1988”,  acordando “la atenuación del sistema presidencialista por medio de la incorporación de un jefe de gabinete o ministro coordinador, con responsabilidad frente al presidente y al congreso”, reducción del mandato de presidente y vice a cuatro años con reelección inmediata por un solo período, precisándose en el texto  que se consideraba “al actual mandato presidencial como un primer período”, con lo que Menem en caso de postularse y ganar las elecciones de 1995 no podría presentarse en 1999, la eliminación del requisito confesional para ser presidente de la nación, la elección directa de tres senadores, dos por la mayoría y uno por la minoría y reducción de los mandatos, elección por doble vuelta del presidente y vice, elección directa del intendente de la Capital, extensión de las sesiones extraordinarias del congreso, reglamentación de la facultad presidencial de dictar decretos de necesidad y urgencia, intervención federal a las provincias por vía legislativa, modificación del modo de designación de los jueces y procedimientos de remoción de estos “ajenos a contingencias político-partidarias”,  órgano de control de la administración con plena autonomía y estabilidad a sus miembros, quedando la presidencia de dicho órgano para la oposición. El documento terminaba con la afirmación que se establecerían los procedimientos que permitieran garantizar el respeto para los acuerdos.



Al otro día de la reunión en Olivos el gobierno suspendió sin fecha el plebiscito. La conducción radical había exigido como condición para el acuerdo el levantamiento del mismo, pero el gobierno prefirió la sola suspensión de este habida cuenta que la conducción partidaria debía convalidar lo actuado ante la convención nacional de la UCR, que había sido convocada para el 3 de diciembre en Santa Rosa, La Pampa.
La convención, como máximo organismo partidario era la única que podía instruir al bloque de diputados nacionales radicales  votar conjuntamente con el oficialismo la declaración de la necesidad de la reforma constitucional. El nuevo presidente del comité nacional se movió en dirección a aunar criterios en la  UCR, explicar y lograr la aceptación de la estrategia que estaba llevando adelante. Así, hubo de realizar un verdadero maratón por el interior del país para entrevistarse con los convencionales radicales antes del 3 de diciembre.



Contó con el aval de Eduardo Angeloz, cuyo sector había integrado el grupo del consenso. Desde Europa, donde se encontraba desde unas semanas atrás (sectores del radicalismo habían acusado Angeloz de “borrarse” del país con la excusa de un viaje comercial en momentos en que la disputa por la presidencia de la UCR  y la reforma constitucional ingresaba en su etapa decisiva), el gobernador cordobés manifestaba su acuerdo con el proceso reformista,  aunque objetaba la metodología utilizada en las negociaciones con el oficialismo y el carácter reservado de la reunión  del 4 de noviembre entre Menem y Alfonsín, y advertía que este último “no  va a decidir por su cuenta”.

Sin embargo, casi todos los referentes que habían integrado el “consenso” mantuvieron posiciones contrarias al acuerdo con el gobierno. Fernando De La Rua afirmaba que el acuerdo era “prácticamente la propuesta oficialista sobre la reforma […] desde el punto de vista político el gobierno está alcanzando el 90% de sus objetivos y podríamos decir que el radicalismo apenas si llegaría a un 10. Para el gobierno, todo resulta positivo. Para el radicalismo, en cambio, hay muchos aspectos negativos”. Advirtiendo luego que “la oposición popular al proyecto continuista de Menem debe tener a la UCR como principal referente” lo cual tiene un efecto de “confusión y disgregación”.