Cuando la noche se inventaba



Lucas Carrasco-. Perdón a la demagogia punitivista de los actuales progresistas pero citaré algo que quizás moleste mucho (como molestó en su momento) por su frenética apología criminal:



Voici le soir charmant, ami du criminel;

Il vient comme un complice, à pas de loup; le ciel

Se ferme lentement comme une grande alcôve,

Et l'homme impatient se change en bête fauve.


Encantadora amiga del criminal, la noche

arriba como un cómplice con el paso de un lobo;

el cielo lentamente se cierra como alcoba,

y el hombre se transforma en una cruenta bestia.



Si quieren denunciarlo en los juzgados competentes, escracharlo en la redes antisociales por apología del crimen y llorar con el periodismo patrullero, el autor se llama  Charles Baudelaire.
He aquí la cara del criminal, para ser esposado y analizado, a lo Lombroso por panelistas de los programas de gritos y farándula.
De nada.


La literatura moderna (es decir, la producción escrita desde el nacimiento de la modernidad, no la contemporánea; o sea, no la posmoderna) hizo de la noche el refugio de la bohemia, el romanticismo, la aventura y los momentos de mayor escape espiritual. Y es que celebraban la existencia de algo novedoso: la noche.

No, la noche no existió siempre. Ni sigue existiendo, en realidad.



Me explico.

Hace relativamente poco que sabemos que si es de noche donde estoy o donde estás vos que estás leyendo este artículo, en otro lugar del planeta -al que podemos llegar en pocas horas en avión- es de día. Y vistas las cosas desde la perspectiva global de la historia de la especie humana, la noche como la entendía la literatura moderna es propia de la modernidad, aunque ya en el crepúsculo del medioevo algunas ciudades europeas habían comenzado, incipientemente, a iluminar, de manera deficiente y con olores desagradables, ciertos espacios que hoy podríamos denominar "públicos" (aunque la propiedad privada recién se originaba tal y como siglos después la conoceríamos en la primer versión del capitalismo, que fue el capitalismo mercantil).

La iluminación artificial, a través del fuego, era escasa porque el fuego -probablemente, su descubrimiento por parte de ciertos monos hace millones de años, fue la más sorprendente revolución que haya ocurrido sobre la tierra, probablemente, imposible de superar hasta el día de hoy: produjo tamaño salto evolutivo (en síntesis, posibilitó la cocción de los alimentos, lo que posibilitó la dieta proteica, lo que posibilitó agrandar el cerebro - somos los mamíferos con cerebros mas grandes en relación a su tamaño total y fuerza- dado que cambió la proteína PTBP1 presente en todos los mamíferos, para dotarla del carácter de principal responsable de que las neuronas, nuestras neuronas, creen otras neuronas, más neuronas).
Si comparamos la magnitud de este cambio proteico -entre otros- que trajo el dominio del fuego, la actual revolución digital nos parece apenas un telégrafo multimedial. Los cambios que produce en la epistemología cotidiana aún no tienen traducción en la biología y la evolución de la especie. Puede que en mil años sí, pero hoy por hoy, la ciencia no encuentra nada nuevo en la composición biológica a pesar de los impresionantes avances en el conocimiento genético.

Buena parte de los seres mitológicos construidos -o reconstruidos- en la Edad Media provienen de esta difuminación compleja de las identidades, en cierto sentido una subversión del orden social imperante, que se producía por las noches. Noches que nos cuestan imaginar por su duración: en invierno, desde las 5 de la tarde -una hora antes de que caiga la luz, terminaban las labores para poder llegar a sus casas aisladas los siervos de la gleba y otras clases sociales subalternas- hasta las 8 de la mañana.
Por lo tanto, tenían lo que en la España castellana se llamaba "dos sueños" (en otros idiomas de la época hay variantes parecidas, que no vienen al caso), lo cual puede ser un antecedente evolutivo de las siestas. Ya el doctor Favaloro aconsejaba dormir una siesta para mejorar la salud cardiovascular. Claro que nuestras actuales siestas, en provincias como Entre Ríos con un esquema horario regido por el empleo estatal, vienen luego de copiosas comidas de almuerzo, imposibles no solo en la Edad Media sino en cualquier persona que luego tenga que trabajar por la tarde. Más allá de que, si pudiéramos inventar la Máquina del Tiempo e ir de turistas un día a la Edad Media, no podríamos almorzar: nuestra flora intestinal no soportaría comer los alimentos podridos (eso es fermentar) de la época y no existirían remedios de nuestra actual medicina para paliar los efectos.
La cuestión de los dos sueños en la época medieval implica algunas hipótesis sobre la cosmovisión que reinaba: si las personas dormían apenas oscurecía -se cenaba como los yanquis, por la tarde- y se despertaban cerca de medianoche, se quedaban sin hacer nada durante algunas horas para volverse a dormir hasta el amanecer (cumpliendo así el ciclo hormonal predestinado) pero vivían en constante tensión a sabiendas que "el afuera" de la casa era un imperio de la subversión del orden diurno y extremadamente violento; entonces es posible imaginar que esas horas de vigilia traían delirios, más bien márgenes confusos entre qué es sueño y qué es imaginación (materia prima de los sueños).


Las hordas nocturnas y los animales de rapiña se confundían con la mitología y el ya más famoso "miedo al bosque". El fuego, lejos de ser una fuente de iluminación que proteja a los aldeanos, era la principal amenaza: encender las casillas, hechas de materiales altamente inflamables, era el método de saqueo más habitual porque obligaba a los aldeanos a huir de la vivienda tratando de recuperar las pertenencias que puedan, mientras las hordas se robaban las cosechas, ganado, y utensilios para la agricultura, muy valorados en la época.


 “…cumplió don Quijote con la naturaleza durmiendo el primer sueño, sin dar lugar al segundo, bien al revés de Sancho, que nunca tuvo segundo, porque le duraba el sueño desde la noche hasta la mañana, en que se mostraba su buena complexión y pocos cuidados“.

La caricatura de Cervantes relata en tono de sátira la pintura de un holgazán que duerme de corrido, Sancho. Este delinear del personaje con los elementos de la época es aún hoy un recurso estratégico de la literatura, la dramaturgia, los guiones de cines y series. Estos recursos literarios tienen su historicidad y revelan detalles que la historiografía formal completa, pero no acaba de totalizar, si es que tal cosa es posible.