Cuando la noche existía




“A veces miro mis manos y me doy cuenta de que podría haber sido un gran pianista o algo así. Pero, ¿qué han hecho mis manos? Rascarme las pelotas, firmar cheques, atar zapatos, tirar de la cadena de los inodoros, etc. He desaprovechado mis manos. Y mi mente.” Charles Bukowski 


Durante mucho tiempo se creyó que esta pintura de  Rembrandt representaba fielmente las patrullas perdidas y aisladas que en algunos feudos medievales europeos hacían limitados patrullajes contra las fieras (reales o mitológicas) que acechaban en la noche.

Lucas Carrasco-.Un bebé de dos meses -aunque lleva muerto un mes- está en el rincón de la casilla de ramas y barro, el rincón opuesto adonde se enciende el fuego. Le quedan partes de la cabeza y de los huesos de las piernitas.
 Lo demás se lo comió el chancho, que le ganó en la pelea al perro porque esas noches hubo muchas ratas, así que junto a los dos gatos estuvieron de cacería, porque saben que si no cazan ratas (que matan a los humanos mientras duermen, además de comerse el alimento) sino dormirían afuera del rancho, en la furiosa intemperie. La vaca, a medio metro, no come carne. Y la oveja no come de noche, además de que sobre la oveja tumbada duerme el jefe de la familia, bajo la vaca sus dos ayudantes para las labores campesinas: ambos, hijos suyos, de 4 y 9 años, mientras que el mayor, de 14 años, tiene viruela así que probablemente muera en los próximos días. Por lo tanto, no duerme dentro del rancho. La madre, a punto de entrar en la menopausia pues tiene casi 25 años (en realidad, desconoce su edad, pero hace cinco años perdió el último de los dientes, o sea, entró en la vejez, por lo que solo puede comer brebajes y carnes blandas masticadas antes por su marido). Ninguno de los presentes llegó a conocer a su abuelo y no tienen una palabra equivalente a bisabuelo. Estamos en un hogar común, un hogar igual al 90% de la población en una aldea feudal de la Edad Media, cuando la noche no existía.

Esta nota la escribo en mi notebook sobre el escritorio viejo de la computadora de mesa, que ahora lo utilizo porque en el estante superior -destinado a apoyar cosas de oficina- apoyo la notebook porque desde hace un tiempo decidí escribir parado. Para no pasar tanto tiempo sentado. Le echo hielos en la ginebra, tengo la luz ambiental en mi casa y una lámpara para que la luz azul modificada de la notebook (de paso, recomiendo este pequeño detalle: azular la pantalla a medida que cae la noche: es, sencillamente, un modo de poder activar las hormonas del sueño y no trasnochar, porque ahora trabajo también de mañana en la radio) me recree, artificialmente, algo que la posmodernidad ha liquidado: la noche ya no existe. Pero como todo lo que dejó de existir, en algún momento existió. Y su existencia ha ocupado la mayoría de mi formación literaria, política, económica, histórica, antropológica y semiótica. Las disciplinas científicas y artísticas que me interesan. Las mismas disciplinas que me hicieron saber que la existencia de la noche -y sus significaciones culturales más acabadas en occidente- es en realidad, un brevísimo corte publicitario en el gran programa de la especie humana. La noche,. tal y como la idealizamos, es un invento moderno. Una especie en extinción, que como tal, ocupa su lugar en los museos, los suplementos culturales, los seminarios académicos, los bares chetos y caros: la maquinaria del sistema que ante las especies en extinción trata de salvarlas pasándolas a especies protegidas. Un estatuto mas elevado en la sociedad del presente constante que deja huecos para la nostalgia de lo que nunca existió. De lo que nunca fue así. Como la noche de los poetas, los pintores, la bohemia, los conspiradores revolucionarios.



Aardappeleters en neerlandés se puede traducir como campesinos. Y este cuadro está en el Museo Van Gogh de Ámsterdam, museo que lleva el nombre del autor del cuadro. Hay una versión preliminar también en los Países Bajos. El cuadro es conocido como "Los comedores de patatas".
Fue pintado cuando la noche existía y estaba en su apogeo: cerca de fines del siglo diecinueve.
La versión de arriba está "intervenida" contemporáneamente y es una de las más difundidas en internet, la versión de abajo, es más parecida a la real. Cualquier análisis semiótico sobre estas diferencias explicaría mucho de la actual sociedad posmoderna, sin necesidad de recurrir a la sociología.
Cuando la noche alcanzaba su esplendor, Van Gogh quiso burlarse de esa noche burguesa, de esa noche idealizada, de esa noche esculpida en salones exquisitos de refinada hipocresía.
Mostró otra noche. Una noche de mayorías campesinas: una sencilla familia de trabajo (de ahí los gruesos dedos: un detalle, Van Gogh no alcanzó a conocer las zapatillas Nike para corredores, que deforman, como casi todas las zapatillas y zapatos actuales, la anatomía de un 25% de los huesos humanos, que se encuentran en los pies. Nuestros pies, comparados por antropólogos con tribus africanas y amazónicas que usan calzado artesanal -que protege la suela del pie, pero no su amortiguación en los talones ni compactan los dedos- son muy diferentes a lo que eran hasta hace pocos cientos de años. Tampoco Van Gogh alcanzó a saber que Window 8 fracasaría porque quiso parecerse a una tablets o un ebook o un teléfono inteligente: las manos tienen demasiadas maravillas al teclear, demasiados músculos en juego, cuya correlación con el pensamiento está debidamente documentada por la pedagogía y las ciencias de la educación).


Se ha hecho largo este artículo. Lo voy a seguir escribiendo, para una segunda parte (y quizás una tercera, sobre la extinción posmoderna de la noche tal y como la conocimos en la modernidad) de cuando la noche aún no se había inventado.