A la selección no le pasa nada raro


Osvaldo Quinteros-. En Noticias Entre Ríos no hay deportes. No tocamos el fútbol, salvo excepciones, como cuando se aborda desde el psicoanálsis o desde la sexualidad y la identidad tabú o las invalorables crónicas de Manuel Langsam como ésta.
A la memoria me viene otra nota, de esas difíciles de encasillar. 
Tras esta breve introducción, voy al punto: ¿Qué le pasa a la Selección de Fútbol? ¿Le pasa algo raro?

Tal vez no, no le pasa nada raro. Sencillamente, vive los tiempos que le tocan. Que son tiempos, en cierto modo, de transición. Los mejores jugadores tienen arriba de los treinta años. Por lo tanto, se criaron en un contexto sociológico distinto al que impera hoy.
Abordemos desde la sociología todo el debate en torno al malestar de la Selección.
En primer lugar, una pregunta contrafáctica: si Messi no erraba el penal contra Islandia ni el entrerriano Caballero se equivocaba en el primer gol de Croacia, la sombra de la tragedia no aplastaría a la Selección y los insumos periodísticos tendrían otra significación.
A diferencia de mi amigo Lucas Carrasco, yo no creo que vivamos en la posmodernidad, sino en la hipermodernidad o modernidad líquida. Es una diferencia sutil y propia del ámbito científico, pero ambas definiciones de nuestra cultura actual incluyen dos elementos centrales que a mi juicio implican lo que está sucediendo:

Por un lado, hay un debilitamiento de la noción de verdad.
Por otro lado, hay una inversión caótica de las jerarquías, lo que incluye la desjerarquización de las noticias que conforman lo que pensamos como realidad.


Y es que  hoy en día, a diferencia de lo que ocurría cuando los principales jugadores eran niños y soñaban con ésto, hay multitud de medios de comunicación online, lo cual incluye al periodismo profesional y a una multitud de personas buscando sacarse una foto, hacer un video viral, tener una mirada propia.
Solo pensemos lo siguiente: alguien viaja desde Argentina hasta Rusia para ver el Mundial y en el momento cumbre de un partido, saca el teléfono y se pone a filmar: ¡es que acaso no prefiere mirar lo que está sucediendo que ponerse a "trabajar", es decir, a filmar! ¿No conviene mirar el partido y después, cuando uno quiera una foto para recordar el momento, buscar una foto de las abundantes que habrá en Google, lo cual incluye las fotografías de los mejores fotógrafos del mundo?
No, porque cada uno cree tener y quiere tener su propia mirada. Importa más decir "yo estuve aquí" que "yo estoy aquí". Se busca prolongar el tiempo presente, sea éste de euforia o de humillación, pero tiene que ser una emoción profunda. Se busca que ese presente "dure para siempre".



Esto implica que tengamos abundante material "probatorio" de cualquier cosa que querramos narrar. Si Messi tiene cara de amargado en algún momento del día, como cualquier persona normal y más si viene de perder un partido clave, se elabora un "relato" en torno al malestar de Messi y se sacan conclusiones de psicología barata sobre cómo eso afecta el juego o más audaz aún, cómo eso se cura, cuàles son las causas, por qué repercute y contagia a todos ese supuesto malestar que, recordemos, nació de la simple invención de un aficionado que justo captó una mueca de disgusto.
Si el resultado deportivo era otro, ¿en ningún momento del día los jugadores se van a sentir mal por algo, poner una mueca de disgusto, mostrar signos de presión? Claro que sí, pero simplemente no se le daría importancia al hecho.

Seguramente la Selección del 78 o la del 86 también se peleaban, se amigaban, cantaban, se hacían bromas pesadas, se armaban camarillas, etc. Lo usual entre 25 jóvenes que van con un cuerpo técnico curtido a pasar un mes solos y alejados de su gente. La diferencia es que hoy cada uno de esos gestos será sobreanalizado. Mas cuando, como sucede en Argentina, los resultados deportivos ocupan la primera plana de los medios "serios". Los mismos jugadores que pasan horas frente a un peluquero porque saben que se exhiben ante el mundo entero y multitud de cámaras, en Europa solo encuentran en la prensa de nicho, o sea la prensa especializada en fútbol y pensada para niños (esto es un dato de la realidad: la prensa deportiva en Europa está pensada para niños, es la manera más fácil de captar un público amplio que va de niños inteligentes a adultos con poca educación, ese es el nicho de esa prensa, por lo general amarillista) en Argentina es noticia de portada. No solo cuando hay un Mundial, sino por lo menos tres veces por semana y con la liga nacional. Además de que las pantallas se llenan de opinadores que van desde tipos que saben a chantas de psicólogos "deportivos" o tonterías por el estilo, pensadas para engañar a niños o adultos con pobre educación, como es la mayoría del público que captan. La lucha por el rating es descarnada y además hacer televisión barata (porque hay mucha competencia, como nunca antes la hubo) implica correr "riesgos" o más bien decir cualquier cosa, sea cierta o no, que capte las mas bajas emociones oscuras de la audiencia.
Si a esto le sumamos la crisis estructurales de los medios de comunicación y su necesidad de vender algo más emocionante de lo que ocurre en las redes sociales, lo cual incluye robar material a lo loco de esas tan denostadas redes sociales (leer este gran artículo sobre los memes) tenemos como resultado que se crea una narrativa, un relato básico y aunque no soy experto en literatura, como ha descrito Lucas varias veces, las "noticias" se construyen con las mismas técnicas narrativas de la dramaturgia de antaño, desde hace siglos. Pueden cambiar los soportes, hoy son mayormente digitales y online, pero el grueso de la estructura sigue siendo igual para distintos relatos: las grandes religiones, los análisis políticos de la prensa militante, la historia de los revisionistas, los eventos deportivos. Hay un malo, un bueno, alguien dudoso y un público inocente o víctima. Cristo, Satanás, Poncio Pilatos, el pueblo cristiano. El malo es muy malo, así sea por un rato y el bueno es muy bueno, para luego quizás intercambiar roles y olvidarse de lo que se contaba hasta ayer, toda la verdad es líquida: eso es la hipermodernidad.
Esta hipermodernidad líquida, es lo que nos hace sobresaltar con nuevos datos supuestamente importantes para "entender" un partido de fútbol. Si el resultado es malo, ya no se puede explicar desde la mera mala suerte, hay que crear toda una novela.
El problema que surge es que nadie sabe si esa novela es cierta. O peor aún, si es relevante.
Y en el fondo, a nadie le importa. Si Argentina sale campeón mundial, se cambia la novela o se adapta el guión y listo.