Varisco



Gerardo Pressman-. Ir contra el sensacionalismo no parece tarea fácil. Pero es imprescindible en democracia.

El intendente de Paraná, Sergio Varisco, se encuentra complicado políticamente por decisiones discutibles del juez Leandro Ríos, cuya espectacularidad para dañar al intendente lo hace parecer a una especie de Bonadío local, aunque sin prisiones preventivas (de políticos, con los pobres rige otro Código Penal en argentina, como todos saben).
Será la Justicia Federal la que tenga que decidir, tras ser llamado a indagatoria, si hay elementos para investigarlo como miebro de una supuesta banda de narcotraficantes, esto es, si es procesado. Pero la causa lleva más de tres años y desde algunos sectores del peronismo, particularmente los ligados a la exintendenta Blanca Osuna, lo dan ya como culpable y solicitan su renuncia. Exactamente lo que hacían los sectores más gorilas con Cristina Kirchner. Y entre esos sectores mas gorilas no estaba Sergio Varisco ni su agrupación.

Reaccionar de manera histérica, dar veredictos sin que haya aún ningún fallo, fijar la lógica fascista del escrache y tener una actitud destituyente, es lo que ha sufrido históricamente el peronismo. Comportarse en espejo, genera ruido interno.
Por otra parte, tiene razón el vicegobernador Adán Bahl -también candidato a intendente- cuando dice que si el intendente fuera peronista, los medios nacionales favorables al oficialismo habrían montado un circo igual que el que han montado en Entre Ríos los medios sensacionalistas ligados al gobierno que integra. Bahl lo dijo en tono de queja, no hacia una mirada republicana y respetuosa del estado de derecho, sino como recurso de queja de que no haya un Lanata peronista. O sea que el problema, siguiendo esa lógica, no sería que Lanata haya dicho un montón de mentiras sobre cuentas en el exterior del gobierno kirchnerista sino que no las diga contra los adversarios del peronismo. Una lógica rara.

Mientras tanto, el debate político en serio, profundo y democrático, retrocede ante este espectáculo de la antipolítica histérica. No es un fenómeno que pase solo en Paraná, pasa en todo el país, en Paraná pasa a su debida escala.
Dejar actuar a la Justicia, bajar los decibeles delirantes, hablar con respeto y altura y proponer medidas contra las personas de bajos recursos afectadas por el consumo de drogas (las personas de altos recursos tienen sus medios para hacerle frente) es un camino mas inteligente para que el peronismo recupere la ciudad de Paraná.
Esto dicho sin quitar ninguna responsabilidad política al Intendente de Paraná por tener entre sus filas esta runfla, muchos de los cuales ya están presos. Pero de ahí a considerarlo el jefe de una banda de narcotraficantes, hay un trecho larguísimo y será la Justicia federal la que deberá probarlo.
Mientras tanto, aunque no genere mucho rating, dejar de lado el sensacionalismo me parece lo mejor. Y lo mejor para la política. Incluida la oposición.