¿Se puede hacer arte en tiempos de crisis?



Joakito-. Las expresiones artísticas suelen ser -o deberían serlo- fieles testigos de la época en la que se desarrollan, y si bien toda expresión artística es algo intangible, no puede ser separada de los condicionantes sociales, políticos y económicos.

En épocas de crisis el arte cumple un papel central, porque nos sirve a todos para desintoxicarnos, yendo más allá del mercado -lo cual no significa que no se nutra y viva gracias a él- sino porque el arte  muestra una visión de largo alcance, una actitud que se encuadra en la manera con que los artistas informan de lo que está más allá a partir de su obra que se encuentra en el aquí y ahora. Pensemos sino en la literatura actual, o en los fenómenos musicales que no solo se han adaptado a la crisis sino también a los movimientos sociales que priman hoy en día como por ejemplo el que enarbola el reclamo de participación y visibilidad de las mujeres.
El arte en tiempos de crisis es una opción mas que nos sirve para poder liberarnos de las pesadas cargas de la cotidianidad. 



 Lo que trato de decir es que el arte en tiempos de crisis se convierte en una herramienta para navegar por la tormenta y no renunciar a un oficio, a una vocación. Tengamos en cuenta que cualquier artista está -o debería estarlo- acostumbrado a producir cualquier obra por encima de los obstáculos, ya sean estos materiales o anímicos. Y lo mismo ocurre con quienes son consumidores de arte. ¿A quién no lo saca de la depresión o del bajón anímico escuchar un disco, leer poesía o contemplar un cuadro de Quinquela Martín?

En épocas de crisis la creación artística se puede convertir en una voz, en un desahogo -incluso en una catarsis- para pensar que al final del túnel existe la esperanza.
El arte sirve para documentar, pero también para liberar y aportar a la sociedad los diferentes ángulos en los que vive una sociedad en tiempos de crisis -la violencia y la marginalidad por ejemplo- y sus  repercusiones en la vida de quienes la padecen.

Se trata, entonces, de pensar seriamente en la no existencia de un "arte feliz". Es decir que hacer arte significa confrontar la crisis ya que cualquier sociedad sin arte -por mas crisis que tenga- es una sociedad sin alma. El arte nos permite que la sociedades sigan viviendo. A su vez si tenemos en cuenta que suele pensarse que la creación artística no es colectiva sino que nace de la profunda soledad del artista, entonces una crisis -para quien se dedica al arte- no es más que un campo propicio para sembrar.


No se trata solamente de tener una mirada crítica ante la crisis, ya que una cosa es que los artistas intenten ser reivindicativos con su obras y otra es que eso se consiga. Esto siempre va a depender de que la obra artística en sí consiga invitar a la reflexión y de cómo la obra sea percibida por el público.

Haciendo una recorrida por los espacios y grupos que se dedican a la creación artística en Paraná, nos vamos a encontrar que en estos tiempos de supuestas crisis, no merma ni la cantidad ni la calidad de la producciones sino, por el contrario, son muchos los que eligen mostrar sus producciones en espacios no habituales como lo son las casas de familia o los restoranes de la ciudad.

Volviendo a la cuestión económica, pensemos por ejemplo lo que pasa con el arte en términos de mercado. En este sentido hay que subrayar que todas las exposiciones que están en pie -en términos de ventas-  coinciden con las peores crisis del país, como la de 2001. El público argentino a pesar de las crisis es ávido de consumo cultural. Por ejemplo, ARTEBA, la principal exposición de artes plásticas del país tuvo un promedio de visitas de 80.000 personas, conviertiéndose junto a la Feria Internacional del Libro en una de las ferias de arte más visitadas del mundo. También valen como ejemplo que se vuelvan a realizar Ferias de Libros en casi todas las capitales y ciudades importantes del país.